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Galina entre bombas y virus, tiene 80 años y ayuda a las ancianas y mujeres solitarias a sobrevivir

Todos los días la octogenaria, al volante de su minivan blanca, cruza la ciudad. Ha estado haciendo esto durante una década y no ha dejado que el Covid-19 la detenga. Vivió su infancia bajo las bombas nazis del asedio de Leningrado

  • “Aprendí a aprovechar al máximo los momentos de miedo”
  • “Nunca tiramos el pan ni nada. El desperdicio de alimentos es repulsivo”

Noticias Agencia Rai en Español

PERÚ BICENTENARIO 8/05/2020

Galina Yakovleva. Foto: Rai.

Galina Yakovleva era una niña durante la Segunda Guerra Mundial cuando llovieron las bombas nazis que asediaban Leningrado. De esa experiencia traumática aprendió a aprovechar al máximo los momentos de miedo. Incluso hoy, casi 80 años después, aprovecha esa lección de la vida temprana para llevar alimentos y necesidades básicas a las personas que lo necesitan en su hogar bloqueadas por la pandemia de coronavirus.

La forma más hermosa de celebrar el 75 aniversario de la victoria aliada sobre la Alemania nazi que se celebra en estos días.

La octogenaria todos los días, al volante de su minivan blanca, cruza la ciudad para ayudar a las mujeres mayores y solitarias y a las familias necesitadas con niños. Ha estado haciendo esto durante una década y no ha dejado que el virus la detenga.

“No le tengo miedo, conduzco mi camioneta sola”, explicó al periodista de Associated Press.

“No puedo abandonar a mi gente en momentos de necesidad. Tengo acuerdos con algunos supermercados y tiendas para ir a comprar los productos en ciertas fechas del mes. Entonces, si no tomo lo que tengo que llevar, esa comida se echará a perder y las personas que la necesiten no la tendrán”. 

El desperdicio de alimentos es repulsivo para alguien que experimentó las privaciones del asedio nazi de 1941-44, cuando se cortaron las líneas de suministro y murieron alrededor de 800,000 civiles.

“Nunca tiramos nada … ¿Cómo podemos tirar pan?”, dijo.

Su jardín de infantes fue bombardeado, obligándola a ella y a otros niños a esconderse en una tubería de hierro fundido. El shock fue tan severo que no hablé por un año después.

Cuando creció, Galina realizó los trabajos más variados, incluyendo conducir tractores, ambulancias e incluso un trolebús, una familiaridad con la conducción que ahora incluso a los 80 años es útil para cumplir su misión de caridad.

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