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Tapadas limeñas sufrieron censura y abuso en 1552 por el virrey Mendoza, quien lo confesó en su memoria de gobierno

“Para corregir la libertad de algunas quiso el señor Virrey don Luis fundar un recogimiento donde las distraídas pudiesen estar detenidas y encerradas”

“Son como en Madrid, menos las ropas, porque andan en cuerpo por las calles: los celadores que es oficio en las Indias compatible con todos oficios, han murmurado que no se les quiten los rebozos…”

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 21/01/2020

Archivo Courret.

Esta historia llega hasta nuestros días luego de haber sido vivida hace 468 años, y la encontramos en un documento oficial de la administración virreinal puesto a salvaguarda a inicios de la república peruana, es decir a inicios del siglo XIX; si no fuera por ello, hoy no conoceríamos los abusos que pasaron las tapadas limeñas por su forma de vestir. 

Es una historia de más de cuatro siglos de antigüedad, y se refiere a los primeros intentos desde la época colonial por sojuzgar a las mujeres por el tipo de ropa que vestían bajo el argumento que a las autoridades ni a los maridos les parecía lo más apropiado.

Este documento presenta nada menos que el testimonio del virrey que  condujo el virreinato del Perú de 1551 a 1552, año en que ya enfermo murió en Lima dejando no solo el cargo a su sucesor sino, también, el manuscrito con la memoria de su gestión de gobierno, la cual transcrita se encuentra en varias bibliotecas del Perú y del mundo. 

Este virrey, que murió el 21 de julio de 1552, teniendo unos 60 años de edad, fue Antonio de Mendoza y Pacheco. Las memorias de sus 10 meses de gobierno fueron recibidas por su sucesor, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón. Este documento permite conocer el trato que recibieron las mujeres en territorio peruano de esa época, territorio que estaba bajo la influencia del imperio español, es decir de los reyes católicos. 

Leamos qué dejó por escrito el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco para la posteridad lo ocurrido en aquellos años coloniales. 

“Yo me rendí a la dificultad y por menos animoso lo dejé correr, encargando a estos predicadores persuadan los maridos a que no las consientan andar tapadas, y como he visto que cada uno no puede con la suya, he desconfiado de poder con tantas: para corregir la libertad de algunas quiso el señor Virrey don Luis fundar un recogimiento donde las distraídas pudiesen estar detenidas y encerradas, ayudó al intento una buena mujer dando casa pagada al Hospital de San Diego”.

Confiesa entonces el virrey Antonio de Mendoza en su informe oficial que ni él ni los maridos de las respectivas mujeres podían impedir que las damas en esa época colonial, prácticamente hace 500 años, usaran los rebozos para cubrirse el cuerpo y el rostro.

En sus memorias, Antonio de Mendoza menciona al “Virrey don Luis”, es decir a su sucesor, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón. 

Leer este escrito de dicho virrey, permite advertir que a estas mujeres hasta las quisieron detener y encerrar. También obtener un panorama de la pobreza que vivieron algunas familias. La prohibición de utilizar esta prenda femenina de forma rectangular no dio resultado con el paso de los años. Las mujeres querían andar tapadas, ya sea por seguridad, moda, coquetería, timidez… La tapada limeña se convirtió en un ícono de la sociedad limeña a pesar de la censura de las autoridades virreinales. 

Conozcamos el documento completo. Aquí la transcripción:

“De las mujeres no hemos hablado: sepa V. E. que son como en Madrid, menos las ropas, porque andan en cuerpo por las calles: los celadores que es oficio en las Indias compatible con todos oficios, han murmurado que no se les quiten los rebozos: alguno de mis antecesores quiso intentarlo, mostró su diligencia la imposibilidad de conseguirlo sin algún efecto. Yo me rendí a la dificultad y por menos animoso lo dejé correr, encargando a estos predicadores persuadan los maridos a que no las consientan andar tapadas, y como he visto que cada uno no puede con la suya, he desconfiado de poder con tantas: para corregir la libertad de algunas quiso el señor Virrey don Luis fundar un recogimiento donde las distraídas pudiesen estar detenidas y encerradas, ayudó al intento una buena mujer dando casa pagada al Hospital de San Diego: fue muy a los fines del Gobierno del señor don Luis, y así no pudo más que comenzar la obra y encargarla al señor Conde Monterrey cuya corta vida no dio lugar a este cuidado.

La Audiencia que sucedió en el Gobierno se embarazó en el conocimiento de una demanda que pusieron los hermanos de aquel hospital pretendiendo era suya la casa. Vine yo al fin a ser quien pobló el palomar, hele sustentado hasta ahora con socorros y limosnas de tributos vacos; por este motivo de la dirección de costumbres.

El mismo Sr. Virrey mandó hacer en Lima lista y padrón de los muchachos hijos de gente cuya pobreza imposibilitaba su crianza y doctrina, y que se repartiesen por maestros de escuelas a quien dio salario porque los enseñasen, y encargó la Superintendencia al Dr. Juan de la Bota, Cura de esta Iglesia, persona de mucha virtud y satisfacción: esta buena obra cesó hasta que yo tomé el Gobierno y la volví a entablar, y la he conservado; muy justo es que V. E. lo haga, con advertencia que para ella y la del capítulo precedente no hay más caudal que su favor”. 

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