miércoles, septiembre 22, 2021
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El día 8 que no conoces, el día de las “mulatas armadas de cuchillos” para defender a Lima de los abusos

El Libertador José de San Martín fue informado que el 8 de setiembre de 1821 estas mujeres estaban en posición de defender la capital del Perú apenas los soldados de la monarquía española quisieran retomar el control de la nueva república. Tan solo 41 días antes, el 28 de julio, se había proclamado la independencia nacional

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 08 / 03 / 2020

Imagen referencial.

Aparte de representar lo infinito cuando está escrito al revés, el número 8 simboliza un nuevo comienzo, una nueva vida, y cuando en el calendario es en setiembre en que este día se da, no es casualidad que en dicha fecha los católicos celebren la Natividad de la Virgen María ni que en 1820 el Ejército Libertador con José de San Martín iniciara la independencia peruana desembarcando en Paracas, precisamente, un 8 de setiembre.  

Tampoco fue casualidad que el 8 de setiembre del año siguiente, es decir de 1821, esté fechada la carta que aquí por primera vez presentamos, la cual fue redactada por el científico, patriota y ya entonces ministro de Hacienda, Hipólito Unanue, quien la envió al Libertador San Martín informándole de los sucesos de aquel día en que se conmemoraba en Lima el primer aniversario del desembarco en Paracas de dicho ejército, el mismo que llegó para dar un nuevo comienzo al Perú, dejando atrás 300 años de abusos de la monarquía española a cambio de una república de iguales por los siglos de los siglos.

Ese 8 de setiembre en Lima, a solo 41 días de haberse proclamado por San Martín la independencia nacional, se celebró en la Catedral capitalina de la naciente república una misa en homenaje a un nuevo aniversario de la Natividad de la Virgen María, nacimiento que también era recordado en otras ciudades con multitudinaria procesión de los confesos católicos.

Ese 8 de setiembre de 1821, aun cuando contaba con más de siete mil hombres para su defensa, conmocionaba a la capital limeña el anuncio, para ese día, el retorno de los soldados españoles desde la cercana Cieneguilla, adonde habían llegado desde San Mateo y Lurín con el objetivo de retomar el control del virreinato y expulsar a San Martín, Unanue y a todos los soldados independentistas, incluso reforzando en el Callao su presencia en la fortaleza del Real Felipe (también llamado Castillo de la Independencia), pero siguieron su camino a la sierra donde dieron cerrada defensa hasta que en 1824 capitularon tras ser vencidos por Perú en las batallas de Junín y Ayacucho.

La conmoción ya una vez manejada, permitió que en dicha carta Unanue le escriba a San Martín en los siguientes términos y detalles:

“Lima, setiembre 8 de 1821

Don Hipólito Unanue, ministro de Hacienda

Al Supremo Protector San Martín:  

El entusiasmo de este Pueblo es extraordinario, y aunque todas las revoluciones se parecen unas a otras, la de Lima se distingue por la universalidad y docilidad, pues en medio del tumulto que causó ayer una falsa alarma, se vieron en esta plaza a una sola voz formarse en línea de Batallón las mulatas hacia el Cabildo armadas de cuchillos y los clérigos y Frayles al pie de las gradas de la Catedral con espada en mano. Todo esto anuncia un próspero fin que completaría la protección de la celestial Patrona, en cuyo día puso el pie en estas costas el Ejército Libertador. Lo hemos celebrado del modo posible asistiendo a la catedral y espero que en su octava sea con toda magnificencia”.

Así se tiene que ese 8 de setiembre de 1821, mientras se celebraba la Natividad de la Virgen, las mulatas de Lima, formadas en línea de batallón, se dirigieron a la sede de la municipalidad de Lima, “armadas de cuchillo” para alineadas dar batalla a los soldados españoles que se temía regresaran a la capital para hacerla suya otra vez. Sus nombres no aparecen en esta carta, por lo que como muchas otras mujeres patriotas han sido invisibilizadas por la historia oficial.

La información proporcionada por Unanue a San Martín, señalando que estaban “Los clérigos y Frayles al pie de las gradas de la Catedral con espada en mano”, también resulta admirable por cuanto fue la manera que muchos de estos religiosos encontraron para demostrar su apego a la causa de la independencia nacional. Muchos habían jurado la independencia aquel 28 de julio de 1821.

Esta misiva en su totalidad está guardada en “Cartas y documentos oficiales”, 1821-1822, del Archivo del historiador Mariano Felipe Paz Soldán, y una copia figura en la Biblioteca Nacional del Perú.

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