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“Perú se levantó solito, nadie nos prestó un dólar o una esterlina después de la guerra”

Esta entrevista a José de la Puente Candamo fue realizada en junio de 2011 para ser publicada con vistas al 2021, el año del Bicentenario. El irremplazable historiador peruano partió a la eternidad el 5 de febrero de este año, por lo que corresponde adelantarla. Se realizó en su casa de Pueblo Libre, conocida como Hacienda Orbea

Entrevista ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 10/06/2020

Al Perú le ‘concedieron’ su Independencia, es una afirmación recurrente de varios historiadores nacionales y extranjeros

La Independencia no fue del Perú, o de Chile o de Guatemala solamente, fue la independencia de hispanoamérica en su conjunto. Si bien en el 21 ganamos la Independencia, desde antes de 1810 fue un proceso que ya se vivía. No nos podemos olvidar que la Independencia fue una guerra civil, no fue una guerra entre Perú y España, fue una guerra entre nosotros mismos. Unos querían la independencia, otros estaban en duda, otros eran adversarios y, ese fenómeno, se vivió desde muchos años antes de su proclamación. Es un error muy grande pensar que la independencia tuvo el 28 de julio del 21 como único día central, como si todo fuera eso, el 28 de julio del 21 es el efecto de una historia muy rica, de mucho tiempo. Si bien la guerra no la ganamos en el tiempo de los precursores, desde finales del siglo XVIII hasta la época de José de San Martín, se preparó el terreno para lo que después él y Bolívar ganarían. No olvidemos, a veces los peruanos omitimos, que cuando San Martín vino aquí, con un ejército relativamente pequeño, comparado con el ejército que tenía el virrey, él dijo: yo no vengo a un país enemigo. Él sabía que iba a tener el apoyo de mucha gente que quería la Independencia. La revolución de Zela en junio del 11, que este mes se celebran 200 años, es un tema esencial en la independencia del Perú, y es un signo de cómo el problema se vivía. Tampoco se puede olvidar que el hecho de la presencia de Abascal como virrey del Perú en esos años es fundamental. Era el hombre más importante que tenía la colonia en Latinoamérica, y él impide toda conversación, todo diálogo, toda actitud externa a favor de la Independencia, no es el ejército, tanto cuanto la persona de él, la fuerza que él tenía como gobernante.  

Aparte de Zela, ¿qué otras figuras?

Hay muchos peruanos que sirvieron a la libertad americana, es el caso del arequipeño Ignacio Álvarez Thomas, de mucha participación en las Provincias Unidas del Río de la Plata desde antes de 1810. El caso del limeño Melchor de Talamantes, fraile mercedario que estuvo en México cuando llegó la noticia de los sucesos de Bayona, y de la llegada del hermano de Bonaparte a la corona española, y cómo a este siempre se le entendió como un usurpador, y de cómo en América se formaron las Juntas, igual que en España. Se le dijo al virrey Iturrigaray en México: si no hay rey no hay virrey, sino hay virrey no hay Audiencia y el poder regresa al pueblo.

Un peruano promotor de la disidencia en el virreinato mexicano

Es un tema muy interesante que tiene gran belleza histórica, como cuando la corona quedó vacante, el pueblo recuperó la autoridad y se crearon Juntas en defensa del rey cautivo. Después de esas Juntas, por las luchas contra las autoridades, se convirtieron en Juntas separatistas, pero inicialmente fueron Juntas defensoras de los derechos de Fernando VII. El pueblo como soberano recupera la autoridad cuando el mandatario no es el legítimo, o cuando no realiza el bien común.

¿Qué otros peruanos apoyaron la emancipación?

Toribio Luzuriaga, él participo mucho en la independencia del sur de América, en general, y entre nosotros no tiene la resonancia o la significación que debe tener. También está Vidal, muy muchacho, no me acuerdo la edad, 12 o 14 años, que se incorporó en Supe al crucero de Cochrane y de ahí ya siguió unido a la causa de la Independencia y llegó a ser presidente del Perú. Es interesante ver como hay casos humanamente distintos, pero que confluyeron en lo mismo, formas distintas de llegar a la Independencia.

Y de empezar hacer del Perú un Estado

La independencia absoluta, en la historia, no se da porque hay una interdependencia humana y social. ¿Cuál fue un poco la meta de la Independencia? Que el poder pase a manos de los peruanos, de los nacidos aquí, eso se consiguió, que comenzó con una vida muy difícil, no nos olvidemos de un tema que ahora se me viene a la mente: la Independencia no solo fue romper con el rey de España, sino fue crear la autoridad que reemplazara al rey, quién iba a gobernar cuando el rey no fuera autoridad nuestra, y ese tema fue muy difícil, y ahí entramos al mundo, digamos. El Perú ya entra en primera persona a la historia del mundo y comenzaron los problemas de arraigo de la nueva autoridad. Un poco lo que podríamos explicar como la creación del Estado, una lucha difícil entre monárquicos y republicanos primero, después entre autoritarios y liberales. Fue el gran problema del siglo XIX: afirmar la autoridad del Estado.

¿Este Estado está en construcción todavía?

Es difícil la respuesta, yo le diría que sí, en muchos aspectos, pero en otros no. Se ha ganado mucho en profesionalización de aspectos diversos del país, por ejemplo, las fuerzas armadas tienen hoy en día una categoría profesional muy importante que ya no es el ejército de otros tiempos que participaba más en la vida política en función de un caudillo o de otro. Eso se ha superado, los servicios del Estado, al país, también han mejorado, pero falta mucho, pero en vivienda, en salud, en comunicaciones, se ha avanzado mucho. Muchas veces los peruanos vemos los defectos o las limitaciones de algo, pero hay que ver que hace cien años esos servicios eran menores y hoy día han ganado bastante nivel. El  problema de fondo es ganar la confianza en el Estado y advertir que el Estado es un servidor de nosotros. La nación es anterior y superior al Estado, que es el gerente del bien común temporal, como se decía antes. En esa materia todavía nos falta ganar confianza en el Estado, no defendernos del Estado, sino servir para que el Estado, en su caso, nos sirva a nosotros, en eso todavía nos falta esa conciencia de que el Estado no es un adversario, sino es un servidor nuestro.

A través de la libertad del Perú, los vecinos y otros países americanos pudieron consolidar su independencia

La historia es un ingrediente del presente, el pasado no muere y la historia de los siglos ha puesto al Perú en Sudamérica en una posición rectora, no por engreimiento, ni por vanidad nacional, sino como un hecho, y ese mandato, digamos, de conducción o de autoridad general lo tiene el país, y eso viene no de una persona, ni de una clase social, sino de la historia. Lo que muchas veces, ahora lo recuerdo con afecto al gran historiador peruano Guillermo Lohmann, él defendía mucho la idea de que nosotros en el tiempo del virreinato no fuimos colonia o factoría económica, sino que fuimos un reino, y esa posición de reino conductor está en el alma de lo nuestro, de lo peruano. Es difícil el tema porque entra mucho el aspecto afectivo y entra mucho el deseo, pero es objetivamente cierto. Yo diría que debemos reafirmar nuestra creencia, afecto y voluntad de servicio al país. Yo diría que esos tres elementos son fundamentales: el afecto, el conocimiento y el servicio, y entender la tarea del Perú como una tarea solidaria, no como la tarea del señor o de un predestinado, sino una tarea de todos. Si usted o yo nos portamos mejor y trabajamos mejor, el país mejora, eso puede parecer un comentario pintoresco, pero es cierto.

¿Cómo seguir descubriendo y potenciando los aspectos positivos de la peruanidad?  

Es difícil que uno mismo descubra sus virtudes. Yo creo que hay una actitud de generosidad, de voluntad para el trabajo, de capacidad para el trabajo. No es que sean virtudes típicas nuestras, son virtudes humanas generales, pero más bien habría que pensar en los defectos, nos falta solidaridad. Tal vez un pecado peruano podría ser una suerte de egoísmo. Hay un germen de egoísmo en algunos aspectos de la vida nuestra. Ahora, como virtudes, yo diría que está la virtud esencial del servicio al país, la capacidad para el trabajo. Hay un ejemplo que es interesante, que se puso de manifiesto nuevamente, históricamente hablando, cuando la derrota en la guerra con Chile, en la Guerra del Pacífico ¿Qué hizo que nos pudiéramos reconstruir en pocos años, relativamente? El trabajo de nuestra gente. Los abuelos de ese tiempo sirvieron al Perú, ¿por qué? Porque querían seguir siendo peruanos. Una autoridad dijo en esos años, la victoria es la ley suprema de las naciones, o sea el vencido no tenía ningún argumento y nos levantamos solitos, el Perú se levantó solo, nadie nos prestó un dólar o una esterlina, nadie. Hay un espíritu nacional, no obstante, que a veces lo dejamos escondido en lo más recóndito, pero hay un espíritu nacional de salir adelante contra toda adversidad.

En el 2021, cuando se cumpla el Bicentenario, ¿cómo ve al Perú?

Bueno, actuar de profeta en historia es muy difícil porque es salirse de la historia, ¿no?, pero yo, por naturaleza, por temperamento, soy optimista y creo que hay muchos datos favorables en la sociedad peruana de nuestro tiempo. Se ha ganado mucho en fijarse en instituciones, se ha ganado en el mayor conocimiento de nosotros mismos. La comunicación entre peruanos ha avanzado, viajamos mucho dentro del país, en avión, en auto, en mil formas distintas. Nos falta ganar más sentido solidario del deber de servicio al país, por ahí creo que nos queda mucho por recorrer, entender que el servicio al país no es un engreimiento, ni una búsqueda de beneficio personal, sino es una obligación de todos y de cada uno. Es importante que las cifras de la pobreza sean, por ejemplo, menor o que ya no existan. Es el objetivo que los políticos manejan mucho. Desde el punto de vista histórico, es un objetivo cierto. La derrota de la pobreza está pendiente, y el analfabetismo está prácticamente derrotado.

La educación siempre es una tarea pendiente

El objetivo central del país es la educación, la mejor ley del mundo en manos de un mal sujeto se convierte en una desgracia, nada reemplaza a la cabeza, a los valores, al criterio de la persona, y en eso tenemos que trabajar mucho. La educación no es una suma de formaciones, sino la creencia en valores determinados, una jerarquía de valores, un orden en la vida. Recuerdo, siempre se decía en los cursos de historia de América, que Argentina, por ejemplo, comenzó su gran desarrollo a fines del siglo XIX con el lema “Gobernar es poblar”; yo diría que en el Perú el lema debería ser “Gobernar es educar”, no instruir. Uno puede tener cien computadoras en contorno y ser un desastre como persona. Lo interesante no es acumular información, sino tener criterio para asimilar y para manejar esa información.

Usted es nieto de Manuel Candamo, dos veces presidente del Perú en el siglo XIX

Bueno, yo a él no lo conocí personalmente, pero sí conocí a mi abuela, la viuda. Él es un hombre que tuvo – muchas veces el nieto puede exagerar los valores del abuelo-  creo yo, una virtud, la virtud de servicio al país. Él fue un político que toda su vida se esforzó por servir al país y por el respeto a la norma legal. Él, después de la guerra, fue un poco el que más trabajó por la reconstrucción del Partido Civil, y no tuvo mentalidad de capillita, sino mentalidad abierta para colaborar con el adversario.

Tras décadas usted en la investigación histórica, ¿qué decir de la actividad política?

Mi afición, mi cariño, es por la historia, y es distinta la visión de la historia que de la política. La historia busca más la integración, la política es más el esfuerzo, la lucha por llegar al poder. La historia no tiene ese ingrediente y el poder es uno de los elementos más fuertes en la vida, la gente muere por el poder. La historia lleva una mayor serenidad, a un mayor equilibrio, a una mayor comprensión de las cosas. El concepto mismo de partido, en política, refleja lo que es. La política muchas veces es enfrentamiento, visión parcial de las cosas o quiebre de ambos elementos. La historia es integradora, la política puede serlo.

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