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María del Carmen Suárez, la patriota oculta dos siglos en una carta del clero peruano

La peruana expuso su vida al cobijar y proteger en 1822 en su casa a los patriotas que luchaban contra los españoles que querían reconquistar el virreinato del Perú. Encontramos documento del clero en Lima en el que figura parte de la obra de esta señora liberal en la naciente república peruana

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 01/01/2020

Invisible para los historiadores oficiales, tuvieron que pasar dos siglos para hoy recién conocer la existencia y el patriotismo de María del Carmen Suárez, “la matrona” que en Lima arriesgando su vida cobijó en su casa a los patriotas que, a siete meses de haberse proclamado desde la capital peruana la independencia del Perú, estaban listos para atacar la fortaleza del Real Felipe, en el Callao, quitársela a los militares al servicio de España y entregársela para su uso al ejército libertador.

Parte de la vida y obra de María del Carmen Suárez aparece apenas en un párrafo de una corta carta que data del 10 de febrero de 1822, la cual fechada en Lima envió el presbítero Narciso Figueroa a la Junta Eclesiástica de Purificación detallando cómo había financiado con dinero de su peculio la causa patriótica, lo cual incluyó solventar los gastos de refugio a los patriotas en la vivienda de María del Carmen Suárez.

En ese documento, el religioso Figueroa informó que entre las mujeres que apoyaron la independencia sin temor a ser descubierta por el ejército de la monarquía española, se encontraba la patriota María del Carmen Suárez, de quien en la misiva dijo “es una matrona que en la época de la hostilidad expuso su vida acogiendo en su casa muchos de los adictos que intentaron asaltar la fortaleza del presidio del Callao que no se verificó por la secreta denuncia siendo preciso tomar casas diferentes para liberarlos de las pesquisas, y en los apuros del costo de su subsistencia, yo erogué de mi peculio y de otros arbitrios de adquisición varias partidas de dinero que servían para su mantención y fomento”.

De este modo, el presbítero Figueroa dejó constancia de la existencia de María del Carmen Suárez, la señora que expuso su vida acogiendo a los patriotas que buscaban capturar el estratégico Real Felipe, desde donde se podía repeler a la armada española que se temía podía bombardear el Callao y la costa de Lima para recuperar la capital del virreinato peruano. Eso es lo que estaba en juego, por ello dicho religioso en su carta también informa que en ese tiempo financió otras viviendas de otras personas donde se guarecían otros patriotas.

Pena de muerte y reconocimiento

La independencia del Perú se había proclamado el 28 de julio de 1821 desde Lima, pero la ciudad no era un lugar seguro para los peruanos y peruanas libertarias. En esos años, la pena de muerte era moneda corriente, y a ese final se exponían los patriotas si eran capturados.

El presbítero Figueroa logró que en 1822 la Junta Eclesiástica de Purificación lo reconociera como un patriota a carta cabal. La entidad pro patriótica había funcionado desde julio de 1821 hasta ese año por acuerdo del gobierno del libertador José de San Martín con el Dean del Cabildo de Lima, Francisco Javier Echague.

El gobernador eclesiástico, es decir Francisco Javier Echague, se encargó de calificar las declaraciones juradas de Figueroa y de cada sacerdote y clérigo que fueron convocados para que demostrasen su apoyo incondicional a la libertad del Perú.  Gracias a los expedientes que se presentaron para ese propósito es que ahora se puede conocer a la valiente María del Carmen Suárez, la patriota que sale del anonimato para quedarse siempre en la historia peruana.

A continuación, la transcripción de la carta de Narciso Figueroa a la Junta Eclesiástica de Purificación. Está fechada el 10 de febrero de 1822.

“ilustrísimo señor gobernador: El presbítero don Narciso Figueroa, domiciliario de este arzobispado, con la debida atención parece ante Vuestra Señoría Ilustrísima y dice que hallándose el suplicante en necesidad de propender a los precisos adelantamientos, y prosperidad de su suerte, tiene también precisión de poner los medios conducentes para su consecución, haciendo ver su adhesión y patriotismo a la causa de la independencia, habiendo contribuido a ella, por todos aquellos medios que han estado a sus alcances.

Doña María del Carmen Suárez es una matrona que en la época de la hostilidad expuso su vida acogiendo en su casa muchos de los adictos que intentaron asaltar la fortaleza del presidio del Callao que no se verificó por la secreta denuncia siendo preciso tomar casas diferentes para liberarlos de las pesquisas, y en los apuros del costo de su subsistencia, yo erogué de mi peculio y de otros arbitrios de adquisición varias partidas de dinero que servían para su mantención y fomento.

Igualmente me sacrifiqué al riesgo de sufrir el último suplicio receptando en mi casa muchísimos de los que se pasaron al Ejército Libertador acompañándoles personalmente hasta ponerlos en salvo, todo por acopiar brazos que pudiesen facilitar el fin de la libertad deseada, como les consta al muy reverendo padre maestro rector del Colegio de San Ildefonso fray José de Salia; al administrador de almacenes de la renta de Tabacos don José Manuel García; y al comandante de Cívicos, don Miguel Riofrío, y otros varios de los que hicieron personería en la escena que se hallan en esta capital.

En los posterior he sido no menos leal presentándome de los primeros al juramento de la Independencia, y a todos aquellos actos que han podido acreditar más y más las miras que movieron mi espíritu para los últimos sacrificios. Mi conducta ha sido conforme y arreglada, reducida a una moderación ceñida al lleno de los deberes que me impone el Estado, sin haber dado lugar a la menor queja con otras cualidades que mi moderación había silenciado, y de que jamás hemos hecho alarde, por cuyo motivo había retardado esta diligencia hasta hoy que se me hace preciso ponerla en ejecución por lo que a Vuestra Señoría Ilustrísima suplico se sirva mandar para este recurso a la Junta de Purificación para los fines de su institución, como es de justicia que juro in verbo Sacerdotis tacto pectore, no proceder de malicia.

Narciso Figueroa

Lima, 10 de febrero de 1822″.

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