martes, septiembre 21, 2021
InicioHistóricoLa historia que no conocesLa invasión de los ingleses a Tumbes y el estupro a la...

La invasión de los ingleses a Tumbes y el estupro a la mestiza Josefa Mendoza en 1795

16 marineros ingleses en 1795 desembarcaron en este puerto norteño y cometieron diversas tropelías. Una comisión investigadora desde Lima viajó a recoger los testimonios, con los cuales el virrey del Perú elevó una queja ante el rey Carlos IV de España detallando los robos y abusos de estos balleneros

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 28/05/2020

En 1795 Josefa Mendoza vivía en Tumbes y tenía 20 años de edad, no sabía escribir pero sí jurar, y fue sobre la base de su juramento que las autoridades de esa región le creyeron cuando afirmó que era cierto que “estando sentada en la puerta de su casa con su madre se presentaron los capitanes ingleses y daban a entender la solicitud que querían estar con ella”, pero que era “falso que ninguno de ellos la hubiese pretendido con violencia”.

Con este testimonio Josefa Mendoza intentó desvirtuar parte de “las acusaciones de estupro”, robos y abusos que las autoridades, sus vecinos y familiares plantearon realizar contra los capitanes y tripulación inglesa que el 21 de julio de dicho año ingresaron no solo a su vivienda sino, también, a otras propiedades en Tumbes luego que cinco días antes, el 16 de julio, hicieron fondo frente a su puerto, a su paso hacia Guayaquil.

Los ingleses llegaron a las costas tumbesinas en sus balsas a través del río y, una vez en tierra, provocaron tal estropicio que tal fue informado a Lima, al virrey Francisco Gil de Taboada, quien a su vez, ya con los resultados de las investigaciones, en diciembre comunicó el caso al rey de España, Carlos IV, para que tome las medidas correspondientes. El informe lo envió dirigido a Manuel Godoy, primer ministro de la corte del rey Carlos IV de España.

Este caso también fue dilucidado con el testimonio del tío de Josefa, el agricultor Toribio Morán, quien a la vez era un miliciano de la Segunda Compañía del puerto de Tumbes. También él, bajo juramento, afirmó que a su sobrina “el capitán Ariguelsen la encontró en la puerta de su casa y la había asido a la muchacha con bastante empeño”, pero que finalmente “lo extrajo” de dicha vivienda.

Ariguelsen era uno de los 16 ingleses que ingresó, sorpresivamente, a Tumbes con sus compatriotas Guill Airis, Tomás Guech y Juan Estén, capitanes de las embarcaciones balleneras “La Salamandra”, “La Raspa”, “La Leibe” y “La Espeque” (los nombres figuran escritos así en el expediente, siendo obvio que es una rudimentaria castellanización del idioma inglés).  

Comisionado para la verdad

Toribio Morán, de cuarenta años de edad, fue convocado a declarar por el teniente de los Ejércitos Reales y auxiliar del Batallón de Pardos de Lima, Carlos Guareti, quien entonces ejercía el cargo de comandante militar de la costa de Piura, jurisdicción a la que pertenecía Tumbes, localidad a la que el 17 de octubre de ese año llegó para recibir todas las declaraciones pertinentes “en cumplimiento de la hoja precedente”, es decir de la orden llegada desde Lima.

Por la violenta incursión de los cuatro capitanes y 12 tripulantes, dieron ante Guareti también sus testimonios otras personas, entre ellos el sargento Narciso Coloma, quien afirmó que “con insultos y balas los balleneros le pidieron que les diese mujeres”, pero que estos lograron ser contenidos a fin de evitar algún funesto acontecimiento hasta que, después de negarles los cuatro hombres que solicitaron para que los lleven al puerto de Guayaquil, se logró que se embarquen y marchen en sus fragatas.

Amenazantes y temerarios

Antes de que se fueran de Tumbes, los invasores ingleses, amenazantes, jugaron con sus pistolas tiro al blanco, anunciaron que degollarían a los pobladores, y que quemarían y saquearían el pueblo. Mataron reses en la orilla del mar, ingresaron a las chacras a robarse choclos y hortalizas para cargarlos a sus embarcaciones. En el frenesí, a los pescadores nativos de Paita, les quitaron las velas de sus embarcaciones, tomaron un carnero y pagaron solo 1 peso al dueño, el campesino indígena Segundo Tamayo.

Guareti pudo reconstruir los hechos y confirmar los excesos de los balleneros ingleses gracias a otras declaraciones, como las de Manuel García, sargento primero de la Primera Compañía de Dragones, de 40 años de edad, y la Manuel del Valle, de 31 años de edad, “hombre blanco miliciano de la Primera Compañía de Dragones de este pueblo”.

En el expediente, se lee lo afirmado por Guareti: “En dicho pueblo hice comparecer a José Manuel Ruiz de Aranda, teniente de Dragones de Milicias disciplinadas de Tumbes y, a la vez, en el cargo de juez territorial, quien testificó el 21 de julio, lo siguiente:

“Como a las cinco de la tarde se presenciaron en este pueblo los expresados cuatro capitanes y desembarcados de dos botes en que se condujeron, pasaron a casa del que declara con toda su tripulación que componían estos al número de doce trayendo cuatro fusiles, unas hachas y un bolsón en que incluían pólvora y balas de un tamaño regular y que el capitán Juan Estén era el que hacía de veces de comandante, viniendo a su lado un marinero con una bandera toda encarnada y sin divisa alguna”.

El teniente Ruiz de Aranda agregó: “los capitanes ingleses querían que les entregase dos marineros que habían desertado y al interprete Juan Baptista Oñi”.

Finalmente, se fueron todos los ingleses, Guareti envió al virrey su informe de 12 páginas también firmado por, a falta de escribano de guerra, José Ildefondo Morales, Fausto Gómez Miró de Lara y José Manuel Ruiz de Aranda, quienes en su acta no escatimaron señales y colocaron información de raza, ocupación, cargo y nacionalidad de los involucrados. De la joven Josefa Mendoza atestiguaron que “era parda”, es decir mestiza, morocha, mulata.

Al final del documento, se lee:“Dios guarde a Vuestra Excelencia los muchos años que le desea el Rey. Tumbes 22 de octubre de 1795”, Carlos Guareti.

Oficio al rey Carlos IV de España

El virrey Gil de Taboada, por su parte, en su oficio al rey Carlos IV, enviado a través del primer ministro de la corte española, Manuel Godoy,  le adjuntó el informe de Guareti y le manifiestó:

“La sumaria que en copia incluyo, instruirá a Vuestra Excelencia los insultos y perjuicios que contra todo derecho de gentes hicieron en Tumbes los capitanes de cuatro fragatas inglesas balleneras que por arribada se hallaron a un tiempo en dicho puerto. Consta en ella los nombres de los buques y de sus capitanes, la violencia con que exigieron la solicitud y entrega de tres desertores, las amenazas y estrépito de armas con que aterraron y pusieron en sobresalto a todos aquellos vecinos y, por último, el exceso de matar a balazos algunas reses vacunas, destrozar las velas de una embarcación de indios pescadores, apoderarse de las sementeras de algunos labradores y conducir todo lo que quisieron a sus bordos contra la voluntad de sus dueños y sin la debida paga de las especies; tropelías todas de la mayor consideración para dejarlas de poner en noticia de Vuestra Excelencia, que dispondrá en el asunto como más sea de su superior agrado.

Lima, 23 de diciembre de 1795. Francisco de Gil”.  

RELATED ARTICLES

24 Comentarios

Dejar comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Advertisment -

Most Popular