martes, septiembre 21, 2021
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La santa y la fragata: Rosa y el apoyo emocional y material a la Independencia de Perú y América

La misión de la fragata Santa Rosa fue explorar, prevenir y enfrentar a las naves antes de llegar a Paracas. Foto: Difusión.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN 

A Santa Rosa de Lima miles de devotos le piden cumpla con otorgarles diversos deseos individuales. Así ocurre todos los años y solo sus fieles saben cuántos se van materializando. Sin embargo, hay un pedido de carácter masivo manifestado por sus miles de creyentes que se hizo realidad el 28 de julio de 1821: el inicio de la libertad del Perú y el afianzamiento de la soberanía de Argentina y Chile, es decir la emancipación de Sudamérica respecto al dominio por siglos de parte de los españoles.

La confianza en la intervención divina de Santa Rosa en esta empresa libertadora se depositó el 14 de setiembre de 1816, fecha en que en el Congreso de Tucumán fue proclamada “Patrona de la Independencia de América” por iniciativa del diputado y sacerdote argentino Justo Santa María de Oro y Albarracín. A partir de entonces tuvieron que pasar 5 años de planificación y enfrentamientos para que los patriotas de estos tres países logren el objetivo de derrotar el virreinato con la fuerza combinada de la armada y el ejército.

El general José de San Martín, comandante en jefe de las fuerzas terrestres y navales y creyente de la Virgen del Carmen, también puso la misión libertadora bajo la protección de la santa limeña, al punto que una de las embarcaciones de cabecera llevaba su nombre. Se trata de la fragata Santa Rosa, un crucero ligero y artillado utilizado para transportar soldados y a la vez proteger a los buques de los ataques de los navíos realistas.

Junto a otras fragatas, la misión de la Santa Rosa fue explorar, prevenir y enfrentar a las naves enemigas apenas se cruzaran con la escuadra que por bandera llevaba los colores del actual pendón de Chile, pero en lugar de una llevaba tres estrellas para simbolizar la alianza libertaria de los tres países.

De esta fragata se da cuenta en el diario militar de la Expedición Libertadora en los pasajes referidos a las operaciones realizadas del 18 de agosto al 9 de octubre de 1820, es decir desde el primer día en que la escuadra hizo sus iniciales movimientos para salir del puerto de Valparaíso hasta un mes después del desembarco de San Martín en Paracas, que como se sabe ocurrió el 8 de setiembre de ese año.

En el diario militar también se indica que el 20 de agosto, a las 4:00 p.m., la escuadra libertadora recién comenzó a moverse, pero que ese día solo pudieron salir las fragatas Santa Rosa y Emprendedora, naves que transportaban soldados de artillería al igual que otras del convoy que acompañaba a los buques O’Higgins, Lautaro, Independencia, Galvarino, Araucano, Pueyrredon, Moctezuma y San Martín, nave en la que viajaba el libertador.

Según los detalles de la travesía, que figuran en el diario militar, a veces la niebla subía y no dejaba ver, por lo que el día 30 de agosto los buques de guerra tuvieron que marchar con faroles y cada cuarto de hora tirar un cañonazo para comunicar su ubicación. Las dificultades apremiaban. En total participaban 11 naves de guerra y 15 de transportes de soldados, material bélico y provisiones.

Cabe recordar que precisamente cada 30 de agosto miles de devotos realizan una serie de pedidos a Santa Rosa, quien fue canonizada el 12 de abril de 1671 por el papa Clemente X. Igualmente, ese día se decretó que el 30 de agosto sea su día en el santoral católico en tanto esa fecha ya era celebrada por sus fieles.

Santa Rosa murió el 24 de agosto de 1617. Su nombre era Isabel Flores de Oliva, y había nacido en Lima el 20 de abril de 1586. Con su canonización también fue proclamada patrona de América y las Filipinas. Sus padres fueron Gaspar Flores y María de Oliva y Herrera. Sobre su origen, vida, milagros y muerte han escrito sus diversos biógrafos e historiadores. Para los patriotas era natural hacerle invocaciones piadosas, pues se trataba de la primera santa nacida en América. Navegar el océano Pacífico, lleno de casos de naufragios, era de temer.

En el diario militar se describe el clima del Pacífico, donde los vientos iban de sur a norte, de este a oeste, o todo lo contrario, por lo que los marinos tenían que mover las velas para aprovecharlos y seguir la ruta. El día oscurecía o aclaraba, a veces garuaba. Superado cualquier impase en el mar, seguía el reto de no fracasar ante los españoles por razones militares y políticas. La libertad de Sudamérica estaba en juego.

Pero llegaron a tierra. “El 6 de setiembre a las 10:30 a.m. se vio el cabo de San Nicolás, conocido por el morro de Sama, y las 12 se acercó la Independencia y dijo que debíamos dirigir el rumbo a Pisco, que era el lugar donde habíamos de tomar puerto”, se anota en el parte de viaje. Al día siguiente avistaron Punta de Lobos.

Dos días después San Martín y el almirante Lord Thomas Cochrane desembarcaron en Pisco seguidos de 50 granaderos a caballo. Las demás embarcaciones empezaron a llegar. En el pueblo de Pisco había unos 300 realistas que se retiraron después de saquearlo. Los caballos, vacas, carneros y animales de granja fueron el botín. Aun cuando el día 9 se tuvo que suspender el desembarco porque el mar se puso picado, los soldados salieron a hacer un reconocimiento del terreno. No había tiempo que perder.

El 11 de setiembre vuelve aparecer en escena la fragata Santa Rosa, según el parte naval. Ese día merodeaban los buques españoles para repeler a los navíos patriotas y el barco El Araucano había salido del puerto de Pisco para buscarla, pues se tardaba en llegar. En el parte cronológico de la expedición se anota que recién el día 16 de setiembre, a las 11 a.m., se avistó la fragata Santa Rosa que faltaba en el convoy.

En la narración de sucesos también se detalla que el día 17 “las fragatas Argentina y Santa Rosa se armaron en guerra”, y que se puso una batería para resguardar el convoy dado que la escuadra debía salir. “Las compañías de artillería que venían en la Santa Rosa desembarcaron en el mismo lugar que lo habían verificado las demás tropas, y se les dio orden de permanecer allí”. La fragata con nombre de santa había cumplido su objetivo.

En un documento fechado el 13 de octubre de 1820, San Martín escribió: “el 12 (de setiembre) establecí mi cuartel general en Pisco y mandé que se avanzasen algunas partidas de caballería, sobre (la hacienda) Caucato y Chincha con el principal objeto de recolectar ganado y cabalgaduras para facilitar mis operaciones, a los pocos días tuve ya montados los dos regimientos de caballería a pesar de las anticipadas medidas del enemigo… La escuadra había salido días antes a practicar un reconocimiento entre la punta de Nasca y la altura del Callao”.

Nueve meses después declaró la ansiada independencia del Perú y con ello se alejó el peligro que Argentina y Chile fueran tomados otra vez por los españoles. La libertad se iría haciendo plena en los siguientes años a fuerza de fe en lo divino y en las acciones terrenales.

PERÚ BICENTENARIO

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