lunes, octubre 18, 2021
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Rivadeneyra, el peruano apresado en Cádiz que volvió para liberar el Perú

Nacido en Lambayeque, se unió en España a los patriotas sudamericanos para expulsar a los monárquicos

Estuvo casi 6 años preso, y a su regreso gobernó en Huaylas y en el Callao, respaldado por San Martín y Bolívar

Frontis del Arsenal de la Carraca, en Cádiz, que en el siglo XIX funcionó como prisión. Ahí murió el patriota venezolano Miranda, Rivadeyneira sobrevivió.

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PERÚ BICENTENARIO

Estuvo preso en Cádiz y fue despojado de su dinero hasta quedar casi en la ruina, pero igual regresó a Lima vía Buenos Aires y Chile para integrarse a la guerra por la independencia del Perú. Se reencontró en Huaura con el general José de San Martín, con quien frecuentaba en la Sociedad de Americanos que en 1810 había establecido en dicha ciudad española. Corría el año 1821 y este peruano llamado José Rivadeneyra Tejada-Núñez pudo continuar con su objetivo de unirse a los patriotas sudamericanos para expulsar a la monarquía europea.

De hecho, estando en el Viejo Continente ya había colaborado en 1809 para que cayera uno de los principales escollos de la libertad sudamericana: Santiago Liniers, el penúltimo virrey en Buenos Aires, reacio a compartir los ideales de independencia que tenían los americanos “Castelli, Belgrano, Vieytes, Larrea, Moreno, Azcuenaga, Arias, Leyva, y otros”, según señala el historiador Alfonso Silva Negrón de la Fuente en un estudio referido a la trayectoria de este patriota nacido en Lambayeque el 19 de marzo de 1761.

Despojado de todo

En 1807 Rivadeneyra había viajado de Lima a España para extender sus negocios, encontrándose ahí con los americanos que conspiraban, al igual que en Inglaterra, contra el imperio español. Su cuantiosa fortuna y las relaciones que mantenía con la aristocracia de ambos países le permitieron transitar durante un buen tiempo entre la conspiración y el financiamiento de la empresa libertaria. Hasta que fue descubierto, encarcelado y despojado de sus bienes.

Rivadeneyra dejó constancia de ello en sus memorias: “No por imprudencia ni por otros vicios en que caen inexpertos o atolondrados, fui acusado del delito de infidencia ante el furibundo y cruel gobierno español. Lo primero de que se cuidó fue de secuestrar mis bienes que tuve la imprudencia de aplicar para los gastos de la guerra.

Mi fortuna notoria desapareció: mi brillante y costoso equipaje sirvió para malbaratarlo y tener con qué subsistir, porque aquel gobierno que fue testigo de mi situación opulenta en la Península creyó que conservaba ocultamente mucha parte de mi riqueza no me auxilió, o por odio, ni con una maravedí para mi mantención…

En poder de don Gaspar Amenábar, tenía 78 mil pesos, los que fueron embargados, y en Londres en casa de don Jorge Darbí, 95,621 pesos y 3 reales que se perdieron por mi prisión aplicándoles el almirantazgo a un concurso de Darbí en que mis intereses no debieron entrar por haber sido un depósito que puse en su poder con el objeto de que los emplease en los artículos aparentes y de consumo en Buenos Aires. Los 78,000 secuestrados en Casa Amenábar fueron aplicados por la sentencia para gastos de guerra”.

Es a partir de estas memorias, que figuran en el estudio del historiador Silva Negrón de la Fuente, que se conoce que Rivadeneyra por esas acusaciones de infidencia fue encerrado cuatro años, cuatro meses y 14 días en Cádiz, en la prisión del Arsenal de la Carraca, lugar en el que conoció al precursor venezolano Francisco de Miranda, quien ahí murió.

“Beso la tierra de los incas”

Posteriormente, Rivadeneyra fue traslado a la Torre de Barcelona, donde estuvo preso 17 meses, y fue liberado por los catalanes tras la firma de la Constitución el 10 de marzo de 1820, rechazando casi inmediatamente el título de Coronel de Milicias que le quisieron reponer.

Según sus memorias, respecto a ello respondió al ministro de Guerra de la siguiente manera: “Tomé la posta para Málaga, donde apenas estuve tres horas…los que hayan tenido igual suerte de huir con los conatos de servir a quien debe, y camina por entre sus enemigos, triunfando en cada instante de los peligros, saben el valor que tienen las determinaciones de este género.

Solo las circunstancias podían justificar este partido pero yo estaba convencido que en todos tiempos ha sido preciso saber arrostrar la muerte para merecer la vida. Me embarco en Gibraltar y saludo al fin después de tantos contrastes y sufrimientos las orillas del Río de la Plata, piso y beso la tierra de los incas”.

Junto a los Libertadores

Rivadeneyra cruza Chile, donde rechazó los cargos que le ofrecieron, y en enero de 1821 llega a Lima para, como ya dijimos, trasladarse al cuartel general de Huaura, donde es recibido por el libertador San Martín, quien el 4 de marzo lo nombra su ayudante de campo y el 22 de octubre lo asciende a general de Brigada. Presidió el departamento de Huaylas, desde donde aparte de administrar esta estratégica región para los libertarios apoyaba con hombres y recursos para la guerra de la independencia.

Murió el 20 de agosto de 1841, 20 años después de proclamada desde Lima la independencia del Perú el 28 de julio. Por sus méritos, San Martín le otorgó la Orden del Sol y Bolívar la Medalla del Ejército Libertador, este último lo nombró gobernador del Callao, que estaba en poder de los realistas, convirtiéndose en el primer gobernante patriota del puerto y la fortaleza del Callao.

Fue ministro de Guerra y Marina durante los gobiernos de los mariscales Gamarra  y La Fuente, así como durante el gobierno de Agustín Gamarra.  En 1835 asciende al General de División por el mariscal Andrés de Santa Cruz, protector de la Confederación Perú-Boliviana. Fue comandante del Regimiento de Infantería Unión Peruana, cumpliendo reconocida labor en el Estado Nor Peruano.

Su vida en el virreinato

Hay algo más respecto a la azarosa vida de este patriota lambayecano olvidado en las páginas  oficiales. El historiador Silva Negrón de la Fuente presenta una investigación de su colega Antolín Bedoya Villacorta, permite conocer que Rivadeneyra fue nombrado en tiempos virreinales en un expediente que se siguió ante el conde Villar de Fuente González, mayordomo, diputado y procurador del Hospital de San Lázaro.

De este documento se desprende que Rivadeneyra, que por entonces “había sido honrado por la Corona con el título de Coronel de Milicias, al igual que el marqués de Torre Tagle, Santa Cruz, Riva Agüero, Gamarra, etc., fue comisionado como miembro de esa humanitaria institución para que solucionase ciertas quejas de numerosos enfermos sometidos a un tratamiento para la lepra por el arrogante médico y director del Hospital de San Lázaro, don Baltasar Villalobos, y cuyos resultados eran ineficaces”.

Por la investigación de Bedoya Villacorta, se conoce que Ricadeneyra y dicho médico no llegaron a ningún acuerdo judicial, evidenciando así el carácter de ambas personas.

El lambayecano fue un hombre de armas tomar que nunca pidió le devolvieran el dinero que le confiscaron en España por su apoyo a la guerra de la independencia. 

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