miércoles, septiembre 22, 2021
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Arguedas habla de los dioses Inkarrí, Wiracocha y Jesús. Confesiones de 1966, segunda parte

El escritor, antropólogo y etnólogo José María Arguedas, ante un grupo de jóvenes, participó el 24 de setiembre de 1966 en un ciclo de conferencias en la Universidad Federico Villareal, las cuales estuvieron relacionadas a las motivaciones que los escritores tienen en la creación de sus respectivas obras. Ese día se manifestó sobre diversos temas, entre ellos la religiosidad y la cosmovisión andina que, en esta segunda parte, presentamos. Estas fueron sus expresiones, literales, de ese día de hace 54 años

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 12/06/2020

“Puquio era una gran población de indios en la que había solo unos cuantos señores, y en Puquio los indios eran propietarios de tierras y vivían con una seguridad en sí mismos muy grande. Después descubrimos que los indios de Puquio no creían en la religión católica, que para ellos el creador del mundo fue Incarrí, hijo del sol en una mujer salvaje, que a Incarrí le cortó la cabeza el rey español cuando llegó, pero que esa cabeza está en el Cusco, y que la cabeza hacia abajo se está reconstruyendo y cuando esté completamente reconstruida, saltará a la piedra y que él, Inkarrí, hará el juicio final. Ellos creían que era un dios particular y cuando le preguntamos si ése era el primer dios ¿quién era entonces Jesucristo? Entonces don Mariano Garriazo, que era quien nos contó la historia del dios Inkarrí, se quitó el sombrero y dijo, muy respetuosamente, y con algún temor: nuestro Señor Jesucristo es el más grande de los dioses, pero él no se mete con nosotros”.

Los mistis y los indios

“El señor Jesucristo hizo la humanidad actual y la dividió en dos: en misti o sea señores que no debían trabajar y en indios que debían trabajar para los señores y ese Dios no va a morir nunca porque todos los años muere un día viernes y resucita un día sábado, pero Él al mismo tiempo  creó el cielo y el cielo es exactamente lo mismo que la tierra con la única diferencia de que los que fueron indios son señores en el cielo y hacen trabajar a patada limpia a los que en este mundo fueron señores. Entonces hay en la convicción de los señores la creencia de que la división entre indios y señores es una división hecha por Dios, es de origen sagrado. Entonces hay una convicción que ahora, felizmente se está rompiendo”.

Qara es el pelado, el que no tiene nada

“Yo tuve la fortuna de sentir todo el poder que la población indígena creía tener y tiene porque los indios llaman a los señores wiraquchas, pero también les llaman qaras y qara es el pelado, la palabra calato viene de qara, qara es el que no tiene nada; entonces hay un nombre, hay dos nombres enteramente contradictorios que los indios dan a los señores, cuando hablan con ellos les dicen wiraquchas con un sentimiento completamente simulado, pero cuando hablan entre ellos no hablan de los wiraqochas, sino de los qaras, de los pajio, de los que no tienen nada dentro porque son pura ambición, pura maldad y puro abuso. Pero aquí en esta zona yo pude sentir las dos puestas en donde la cosa fue peor, fue cuando llegué a las haciendas de Apurímac, allí también tuve la desventura de ir a caer en manos de un pariente mío que era tan malo como el otro. Era un sujeto que tenía cuatro haciendas en el distrito de Huanipaca, puedo decir su nombre: don Manuel María Guillén, que era famoso en el Cusco porque no podía pasar delante de una iglesia sin arrodillarse y persignarse; sin embargo, no he visto, que yo recuerde, otro sujeto más indigno de ser católico que éste”.

Una pistola a cambio de fiambre

“Yo fui a parar a sus haciendas porque mi padre estaba a quince días de camino y no teníamos noticia ninguna, y los padres nos echaban del internado, a mí y a mi hermano, y en dos días y medio de camino llegamos a la hacienda de este señor. Para el fiambre vendimos una pistola que habíamos conseguido de una manera muy rara, la cambiamos por chancaca, pan y una gaseosa. Llegamos y este señor nos recibió muy mal y nos mandó a los dos a una hacienda de caña que tenía, que era un verdadero infierno. Nosotros pretendimos criar un perro y no pudimos porque las pulgas se comían al perro, el perro se pasaba toda la noche aullando porque estaba lleno de pulgas y no había manera de quitar las pulgas”.

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