La experiencia del Centenario

    0
    465

    Ítalo Sifuentes Alemán / Periodista

    A menos de once años de conmemorarse el Bicentenario del Perú ¿estamos preparándonos para celebrar ese acontecimiento histórico o todavía falta mucho tiempo y no hay que abordar ese tema si aún estamos en el año 2010?.

    La experiencia de la conmemoración del Primer Centenario de la Independencia, que se cumplió el 28 de julio de 1921, tal vez nos de alguna pista.

    El presidente Augusto Bernardino Leguía fue el protagonista principal de las suntuosas celebraciones oficiales y grandes regalos que las colonias extranjeras hicieron en Lima en el año 1921 para festejar el Primer Centenario de la Independencia del Perú.

    Su gobierno organizó todo un nutrido programa de celebraciones, ceremonias, fiestas e inauguraciones de monumentos y nuevos palacios y edificios públicos. La ciudad de Lima fue modernizada y se tomaron medidas para recibir a las delegaciones diplomáticas de los países invitados.

    En esa fecha podría decirse que la prosperidad se respiraba en las calles limeñas.
    Casi todos disfrutaban de esa bonanza, por ello algunas colonias extranjeras, con o sin ayuda de sus gobiernos, tomaron la decisión de regalarle a Lima un presente que perennizara el Centenario y se tradujera en la forma de un monumento que adornara la por entonces muy progresista y afrancesada ciudad capital, en agradecimiento por la acogida generosa que recibían del Perú.

    Transcurría julio de 1921, Leguía estaba a tres años de haber iniciado su segundo mandato, todo era optimismo y el pueblo le sonreía.

    Homenajes

    Así, durante los homenajes que se iniciaron en 1921, llegaron a Lima delegaciones de 34 países para presentar su saludo al presidente Leguía y a las autoridades nacionales, entre ellas las de los países americanos como Argentina, Colombia, México, Santo Domingo, Haití, Nicaragua, Panamá, Estados Unidos, Brasil, El Salvador, Honduras, Guatemala y Bolivia.

    La delegación argentina estuvo presidida por su Embajador Monseñor Duprat, quien llegó con un regimiento de Granaderos a caballo a bordo del Crucero “San Martín”.

    Del mismo modo, llegaron representantes de países europeos como Gran Bretaña, España, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Portugal, Vaticano, Alemania, Italia, Francia, y países asiáticos como Japón y China, entre otros.

    En aquel año, por no contarse con un puerto adecuado, los buques se quedaban en altamar para evitar encallar y las delegaciones eran traídas en botes y barcos menores.
    Como Lima no contaba con hospedajes adecuados, el presidente Leguía promovió y facilitó la construcción de este tipo de edificaciones como los hoteles Bolívar y Country Club en los cuales fueron alojadas dichas delegaciones.

    Hasta la misma casa de Leguía, de la calle Pando, se convirtió en un centro de hospedaje para albergar a varios de los dignatarios visitantes.

    Lima fue engalanada para la ocasión con luces eléctricas que decoraban, entre otros edificios importantes, el Congreso de la República, el Palacio de Gobierno, la Plaza Mayor y la Torre del Parque Universitario, obsequio de la colonia alemana.

    También fueron adornados unos arcos o pórticos que ostentaban los escudos de las naciones con las que compartíamos nuestra emancipación; Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia y Panamá, los cuales fueron colocados en las avenidas más visitadas por los vecinos y los turistas llegados para la ocasión.

    Los pórticos, edificios y plazas fueron iluminados por la empresa Todo Eléctrico, propiedad del ingeniero Fernando Reusche Justo.

    La celebración fue larga, la Independencia había sido un logro que tomó mucho tiempo y muchas vidas.

    Inauguración de la Plaza San Martín

    Con la inauguración de la Plaza San Martín, el 27 de julio de 1921, se dio inicio a las celebraciones del Centenario.

    El gobierno peruano la mandó a construir con un bello monumento ecuestre del Libertador José de San Martín, realizado por el escultor español Mariano Benluire.

    El monumento descansa sobre un imponente pedestal y está rodeado de una plaza que se diseñó para ser la más hermosa del Perú y de América.

    En el día de la inauguración rostros tensos y emocionados miraban fijamente la silueta del monumento al generalísimo San Martín, cubierto con una lona negra.

    Ocupaban el estrado oficial el presidente Leguía, sus ministros, congresistas, magistrados, jefes militares, diplomáticos y representantes de todo el mundo. Era una gran fiesta.

    Todos querían ver el monumento de bronce, piedra y mármoles españoles, creado por el escultor catalán Benluire. La obra, en su parte superior, representaba el paso ecuestre del Libertador por las alturas andinas. Esta figura se apoyaba sobre un pedestal de granito en forma de pirámide truncada, con un basamento escalonado.

    Cuando el presidente Leguía se acercó a develar la imagen la lona no cayó, el nudo corredizo se había atascado.

    Por unos segundos hubo estupor general. De pronto, el joven Artidoro Cossío se abrió paso entre la multitud y ascendió rápidamente sobre el monumento, jaló la lona y lo puso al descubierto.

    Los concurrentes quedaron impresionados por la osadía y el valor del joven Cossío. “Esa acción realizada sin más interés que el que se pone en los actos patrióticos, despertó gran simpatía”, reseñó la revista Variedades.

    Después de develar el monumento, Cossío se dio con la sorpresa que, al caer la lona, se había quedado sin soga para poder bajar. Estaba a una altura de casi 16 metros.
    Tras unos segundos de meditación el joven, con sus brazos y piernas se cogió fuertemente al caballo de bronce del Libertador.

    Minutos después aparecieron los efectivos de la Compañía de Bomberos Lima quienes, con la ayuda de una escalera telescópica, lograron que el muchacho descendiera. Estruendosos aplausos agradecieron su gesto patriótico.

    La Municipalidad de Lima no se quedó atrás, para la ocasión obsequió el bello monumento del almirante Bergasse du Petit Thouars ubicado frente a la sede de Radio Nacional y la Plaza Washington.

    El gobierno argentino, luego de la ceremonia del 28 de julio, dispuso que se quedaran en Lima los caballos tucumanos, sus arreos y las lanzas con las que desfilaron los soldados que la patria de San Martín había enviado para recordar la epopeya libertadora. Esos potros, de gran alzada, sirvieron para mejorar la caballería militar peruana.

    Otras actividades centrales

    Al día siguiente, 28 de julio de 1921, se celebró una Misa y Te Deum en la Catedral de Lima, luego una sesión Solemne en el Congreso de la República, grandes cenas y bailes, colocación de primeras piedras, entrega de nuevos edificios y obras públicas, carreras de caballos en el Hipódromo de Santa Beatriz (construido por el Presidente Leguía) y proyecciones cinematográficas, entre otras actividades.

    De esta manera las celebraciones del Centenario estuvieron predominantemente dirigidas a mostrar el país en el concierto internacional, por lo que se puso énfasis en la presencia de delegaciones internacionales y en modificar la ciudad capital incorporando nuevos monumentos y edificios conmemorativos.

    Levantamiento en Iquitos

    Posteriormente, el 5 de agosto de 1921, el capitán del Ejército Guillermo Cervantes encabezó en Iquitos un levantamiento armado en protesta por los malos manejos de las autoridades políticas y militares de la región.

    El Comité Revolucionario insurgente destituyó al Prefecto, Luis F. Escudero, y emitió una suerte de “cheques billete”, conocidos como “cervanteros” (por la fusión de los nombres de los dos firmantes: el Capitán Cervantes y Octavio de los Heros). Fue la única revolución que emitió billetes en nuestro país.

    Asumió, además, el manejo del presupuesto público, que se consideraba dispendioso, y decretó la reorganización de los Centros Escolares Elementales

    Las mismas medidas fueron dictadas para Yurimaguas, Tarapoto y Moyobamba, a donde ya se había extendido la rebelión, con un notable apoyo popular.

    El gobierno de Leguía reaccionó llamando a los revolucionarios “ladrones y usurpadores” y envió tropas desde Lima para poner fin al movimiento encabezado por el capitán Guillermo Cervantes.

    Los rebeldes ganaron algunas batallas en la zona, pero poco a poco se hizo evidente su inferioridad militar y la población se desmoralizó por la falta de alimentos.

    El 13 de enero de 1922, el capitán Genaro Matos, de las fuerzas leales a Leguía, ocupó Iquitos, mientras Cervantes optó por refugiarse en el Ecuador.

    - Anuncio -

    Dejar comentario

    Please enter your comment!
    Please enter your name here