En 1833 EE.UU. intentó invadir Islas de Lobos para apropiarse del guano del Perú

En 1852, Estados Unidos ordenó que sus fuerzas navales protejan a las embarcaciones civiles estadounidenses que llegaran a extraer guano a las Islas de Lobos, ello con el argumento que estas carecían de país propietario.

Investigación: Ítalo Sifuentes Alemán 13/03/2022

El contenido de este documento, de 1815, permitió en 1852 esclarecer al mundo que el mar y todas las islas frente a las costas peruanas eran propiedad del Perú desde los años del virreinato español y, por tanto, dejar con ello desarmada, ese año, toda posibilidad de conflicto bélico naval con Estados Unidos, país cuyos ciudadanos pretendían apropiarse de las Islas de Lobos, territorio rico en recursos guaneros. 

En 1852, Estados Unidos ordenó que sus fuerzas navales protejan a las embarcaciones civiles estadounidenses que llegaran a extraer guano a las Islas de Lobos, ello con el argumento que estas carecían de país propietario, de modo que consideraban que sus ciudadanos estaban aptos para,
libremente, extraer dicho fertilizante de alta demanda para la agricultura de los estados sureños del lado Atlántico, territorios pobres en nutrientes por la sobreexplotación local. 

El revelador documento en mención fue escrito y firmado en Madrid el 15 de julio de ese año, es decir en 1815, por el científico y médico Hipólito Unanue, quien se encontraba en España, desde donde lo remitió a Lima, al virrey José de Abascal, informando respecto a los reportes de la pesca ballenera realizada por extranjeros, el lucro que esta generaba y cómo con esta actividad se podía crear fuentes de trabajo e ingresos a las arcas fiscales si era realizada en los mares del Perú.

Desde 1790 comerciantes de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se dedicaban a la pesca de ballenas por su aceite y esperma, y de lobos marinos por su piel, tanto para la venta en sus territorios y para la exportación a Asia. Esta actividad, cada año, generaba una exportación valorizada en «nueve millones de pesos fuertes, que es el duplo de lo que producen las minas de oro y plata del virreinato del Perú», se lee en dicho documento de Unanue.

El documento de Unanue esclarece lo que estaba en juego para la economía peruana: “Madrid 15 de julio de 1815, al Virrey del Perú: «Desgraciadamente, se concedió a los ingleses en el año de 1790 el permiso de ejecutarlo, y desde aquella época no han cesado de sacar incalculables riquezas, así de este ramo,
como del contrabando que les ha facilitado él, empleando anualmente un considerable número de buques en reconocer las costas del sur. Por cálculos fundados por comerciantes hábiles de Lima, se deduce que entre ingleses, europeos y americanos exportan anualmente de la pesca de ballena en nuestro Océano Pacífico el valor de nueve millones de pesos fuertes, que es el duplo de lo que producen las minas de oro y plata del virreinato del Perú, y en que cifra su riqueza”.

El comerciante de guano

En 1852, el Secretario de Estado de ese país al norte de América, Daniel Webster, había emitido una carta al neoyorquino Alfred Benson, ciudadano dedicado al comercio de guano, afirmando a nombre de los Estados Unidos la siguiente falacia: «El marino estadounidense Benjamin Morrell, que había visitado esas islas en setiembre de 1833, podría legalmente ser su descubridor”.

El funcionario Webster también afirmó: “Puede considerarse como deber de este gobierno proteger a los ciudadanos de Estados Unidos que visitarán las islas para obtener guano. El Departamento de Estado no tenía conocimiento de que tales islas hubieran sido descubiertas u ocupadas por España o por el Perú”.

El mismo embajador de ese país en Lima, John Randolph Clay, tuvo que encargarse de desmentir que las Islas Lobos eran tierra de nadie. Era público que todos los comerciantes extranjeros debían pasar por la Aduana del Callao antes de desembarcar en dichas islas y proceder a la extracción del guano. Los
fundamentos del Perú fueron reconocidos por Los Estados Unidos, país que terminó por declinar sus hostilidades y, con ello, se desvaneció la posibilidad de una guerra entre ambos países.

En 1852 el presidente del Perú era José Rufino Echenique y el de Estados Unidos Millard Fillmore, quien tuvo que suceder en el cargo a Zachary Taylor, presidente electo fallecido de causas naturales a unos meses de haber asumido el gobierno de su país. 

En la carta de Unanue también se lee lo siguiente: “Destinó el Ministerio Inglés en 1793 al capitán Colnet, a fin de que recorriendo el Océano Pacífico, costas del Perú, reconociese y fijase los mejores puestos tanto en las islas como en el continente para el beneficio de la pesca que se hace en aquellos lugares, y géneros comerciales que se conducen a ellos. Así velan los ingleses para aprovecharse de este tesoro, mientras duermen los españoles sus legítimos dueños… Para fomentar con fruto la pesca de la ballena necesita el Gobierno seguir los mismos pasos que han adoptado la Francia, la Dinamarca y otras
potencias marítimas cuando han querido aprovecharse de algún nuevo ramo de pesca».

Buena relación con los ingleses

Las relaciones de Perú e Inglaterra, tras la batalla de Ayacucho y la capitulación de los españoles, era bastante saludable. De hecho, en 1826, el 15 de enero, en una carta fechada en Lima en Palacio de Gobierno, Unanue escribió al representante de ese país en estos términos amistosos: “Al señor cónsul de
Su Majestad don C. Ricketts: Felicito a Vuestra Señoría por su llegada a los Chorrillos, y a solicitud del señor Willimott hace días que se expidieron las licencias correspondientes para que V.S. con su familia pasase libremente a esta capital. El día que guste podrá presentarse en este Palacio a las doce del
día y recibidas sus credenciales se le dará por el Gobierno el pase y las órdenes correspondientes para que V.S. sea reconocido Cónsul General de S.M. Británica. La carta que V.S. me anuncia transmitirme del muy honorable Jorge Canning no ha llegado a mis manos. Tengo el honor de ofrecer a V.S. mis
respetos y servicios con los que soy. Su afecto, servidor Hipólito Unanue”.

Por los pescadores peruanos recién en 1819

Pidiendo al virrey Abascal la promoción de la industria ballenera, en 1814 Unanue le manifestó: “Sería inútil exponer a la alta penetración de Vuestra Excelencia las ventajas que resultarán a la ocupación, tranquilidad y bienestar de las gentes del Perú, a la marina Real, y al Estado Entero, del establecimiento y fomento de la pesca de la ballena en la costa del Perú… Es también indispensable que por cierto espacio de año esté la pesca de la ballena, y la exportación de su aceite libre de toda gabela, a fin de que
vendiéndose a más bajo precio por nuestros pescadores, que por los ingleses. Dios guarde a usted, Madrid 15 de octubre de 1814. Hipólito Unanue”.

La respuesta se la dieron cinco años después, en 1819, a través de un documento del Ministerio Universal de Indias, el cual informó: “Y últimamente que así a la pesca de ballena, como a la exportación de sus aceites concede su majestad por ahora absoluta libertad de todo derecho y gabela. Lo comunico a
V.E. de la Real Orden, para su inteligencia y cumplimiento. Dios guarde a usted muchos años, Madrid 15 de julio de 1819, señor Virrey del Perú”.

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