Sacsayhuamán, 1921: embajadores del Vaticano se tomaron fotos en el «trono del diablo, el trono del inca»

Diez años después de que Hiram Bingham descubriera científicamente Machu Picchu para el mundo, en 1921 el Cusco fue visitado por personalidades como monseñor Carlos Pietropaoli y monseñor Giovanni Panico, enviados por el Papa Benedicto XV.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN 03/06/2022

Sacsayhuamán es una ciudadela construida con más de cinco mil piedras, varias tan colosales que pesan más de 100 toneladas y miden más de cuatro metros de altura. En una de sus calles, encima de algunos túneles, está el llamado “trono del diablo”, que data del siglo XV, es decir del gobierno de Pachacútec, uno de los más poderosos monarcas incas, el mismo que gobernó el Perú y amplios territorios que, actualmente, ocupan Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina. Dicho asiento es una silla de piedra tallada, de más de cinco siglos de antigüedad, que se conoce como el “trono del inca”.

En 1921, es decir diez años después de que Hiram Bingham descubriera científicamente Machu Picchu para el mundo, el Cusco fue visitado por diversas personalidades, muchos de ellos atravesando medio planeta solo para conocer la otrora capital del imperio incaico, el mismo que desde el siglo XVI era comparado con el que fuera el imperio romano tanto por su similitud en la gran administración del estado como por la proeza que supuso la construcción de su extensa red de caminos para comunicar el Tahuantinsuyo (al Qhapac ñam los conquistadores europeos, durante el virreinato, lo rebautizaron como Caminos reales).

En 1921, una de las ilustres personalidades que visitó Cusco fue monseñor Carlos Pietropaoli, embajador del Vaticano, quien viajó desde Lima acompañado por el secretario de dicha embajada, monseñor Giovanni Panico. Dichos religiosos habían sido designados por el Papa Benedicto XV para participar en las celebraciones del Centenario de la Independencia.  Gobernaba el Perú, Augusto B. Leguía.  

Ambos fueron recibidos en la otrora capital incaica por monseñor Pedro Pascual Farfán de los Godos, obispo de la diócesis de Cusco. Juntos, los tres, realizaron varios recorridos por los sitios arqueológicos cusqueños. Los miembros del clero cusqueño, así como las autoridades civiles y militares, realizaron una gran recepción a los visitantes.  En julio de ese año, en el Cusco, se realizó el concurrido Congreso Interdiocesano de Acción Social.

De esa visita, hay varias fotografías difundidas tanto por la embajada del Vaticano como por las autoridades peruanas. Los religiosos católicos no pudieron evitar la tentación de tomarse diversas fotos en lugares considerados paganos, como el llamado “trono del diablo”, lugar en el que, unos 400 años antes, había estado sentado el inca Pachacútec y, posteriormente, sus sucesores pertenecientes a diversas dinastías que tenían en común adorar al Sol y otros dioses, así como realizar diversos sacrificios.

En la foto que acá se presenta aparece monseñor Carlos Pietropaoli sentado en el “trono del diablo”, a su derecha está monseñor Pedro Pascual Farfán y, a su izquierda, monseñor Giovanni Panico, secretario de la embajada de El Vaticano en el Perú.  

En 1923, monseñor Giovanni Panico (1895-1962) fue nombrado Agregado de la Nunciatura Apostólica en Colombia, y en 1926 secretario de la Nunciatura Apostólica en Argentina, Paraguay y Uruguay. En 1948, fue nombrado Nuncio Apostólico en Perú.

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