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Vida y pecado en el Perú del confesor andaluz Miguel Gutiérrez

Foto referencial.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 04/01/2020

El fraile andaluz Miguel Gutiérrez llegó a Lima en 1818 enviado por la cúpula de la iglesia católica, año en que los actuales territorios de Argentina y Chile buscaban consolidar su emancipación del imperio español y el Perú se alistaba para también proclamar su independencia, lo cual recién fue realizado el 28 de julio de 1821 por José de San Martín desde la entonces capital del virreinato junto a cientos de patriotas peruanos y extranjeros que así lo habían preparado.

Llegó el fraile Miguel Gutiérrez para ocupar el cargo de capellán del Batallón de Cantabria, es decir para dar ánimo y perdonar las acciones que los soldados realistas cometieran dentro y fuera del campo de batalla y así, liberados de culpa, pudieran seguir sirviendo al rey Fernando VII y a su imperio enfrentando a muerte a los patriotas nacionales y sudamericanos en la guerra por la independencia nacional.

Hasta enero de 1821 gobernó en territorio peruano el virrey Joaquín de la Pezuela, quien fue sucedido por José de la Serna, a la postre el último virrey del Perú luego que el imperio español fuera vencido en las batallas de Junín y Ayacucho, libradas en 1824 ya con el libertador Simón Bolívar gobernando en el país.

La Junta Eclesiástica de Purificación

Fray Miguel Gutiérrez estuvo haciendo su trabajo hasta que el nuevo gobierno dispuso que desde ese mes de julio de 1821 y hasta diciembre de 1822 todos los miembros del clero debían demostrar su apego a la causa patriótica, incluso con acciones que se remitieran a los últimos años del virreinato del Perú, pues libertarios (religiosos, militares, civiles) ya se habían dejado conocer en ese entonces pese a que con ello pusieron su vida en peligro.

Para el caso de los curas y otros religiosos, el naciente gobierno republicano creó la Junta Eclesiástica de Purificación, entidad cuyo gobernador eclesiástico, Francisco Javier Echague, había aceptado que los miembros del clero pasen por esta entidad presentando documentos y testigos que demuestren sus acciones a favor de la emancipación peruana al cabo de los tres siglos de colonialismo español.

Fueron decenas de presbíteros, curas y frailes los que lograron acreditar su entrega al patriotismo, y de ello hay documentos que lo prueban y que se protegen en los archivos de la iglesia católica peruana; sin embargo, otras personas pertenecientes al clero no lograron ese objetivo, entre ellos Miguel Gutiérrez.

Esfuerzos inútiles

Pese a sus esfuerzos, el fraile Gutiérrez no consiguió ser declarado patriota por la Junta Eclesiástica de Purificación que, como hemos dicho, estaba a cargo de su gobernador eclesiástico, Francisco Javier Echague, quien en un documento fechado en Lima el 7 de noviembre de 1821 dispuso que esa mala nueva sea comunicada oficialmente a Gutiérrez.

En el documento se lee: “visto este informe con el expediente de su referencia, dese al interesado copia certificada de él para los efectos que pueda convenirle y archívese en nuestra Secretaría. Echague”.

El gobernador Echague se refirió al informe que cinco días antes había recibido del comité de dicha junta eclesiástica, el cual estaba integrado por Toribio Rodríguez de Mendoza, José Antonio Hurtado y Carlos Orbea, y quienes fundamentaron de esta manera su negativa de otorgarle el título de patriota a fray Miguel Gutiérrez.

En este documento se lee:

“Ilustrísimo señor Gobernador Eclesiástico doctor don Francisco Javier de Echague: Las declaraciones e informes producidos por el expediente promovido por el padre fray Miguel Gutiérrez de la Orden Seráfica no están uniformes, solo la del gobernador de Huarochirí acredita su adhesión a la independencia, las otras únicamente manifiestan que no es opuesto al Sistema; por lo que la Junta, sin desatender el parecer fiscal, juzga que no se le puede colocar en la clase de patriota decidido, lo que comunica a su Ilustrísima, para que lo eleve a la Superioridad del Gobierno. Lima, y 2 noviembre de 1821. Toribio Rodríguez, José Antonio Hurtado, Carlos Orbea”.

Los testimonios aludidos eran de las tres personas que Gutiérrez había presentado, y que para el fiscal fueron declaraciones solventes para que se declare al fraile oficialmente patriota. El fiscal era Juan José Muñoz, quien luego de conocer la causa y analizar las declaraciones recomendó en su resolución: “de todo lo cual resulta que podrá declararlo Vuestra Señoría verdadero patriota. Lima, octubre 21 de 1821”.

Pero Toribio de Mendoza y los integrantes de dicho comité de la Junta Eclesiástica de Purificación consideraron que Miguel Gutiérrez no merecía ser considerado patriota, ello pese a la carta que en agosto de 1821 este fraile le había enviado al libertador San Martín solicitándole ese reconocimiento. La carta la publicamos aquí por primera vez:

 “Excelentísimo Señor Protector:

Fray Miguel Gutiérrez, de la Seráfica Orden de vuestro padre San Francisco, natural de Andalucía, y residente en este máximo convento de Jesús de Lima, con el más profundo respecto ante Vuestra Excelencia parezco y digo: que habiendo llegado a mí noticia el que a varios sacerdotes naturales de la Iberia se les ha privado de confesar porque han tomado el proyecto de alucinar a los penitentes con sugestiones contrarias a la justa opinión de la libertad e independencia, y no habiendo en mí tal espíritu sino el puramente ceñido al santo evangelio y al orden de mi instituto religioso, me veo en la necesidad de acreditar mi patriotismo, obediencia y sumisión a las leyes del Estado, mu reconocimiento y adhesión a la justa causa de la América, y por tanto me cuento hijo adoptivo de ella, y acreedor a la gracia de que se me mantenga en mi ejercicio pastoral, para ello interpongo este reverente recurso a la innata bondad de vuestra excelencia a efecto de que se digne mandar informe el señor gobernador de Huarochirí, don Ignacio Ninavilca sobre mi acrisolada conducta en el tiempo que me conoce y la opinión que tengo por carácter. Al mismo tiempo el adjunto documento que con la solemnidad debida presento acredita en bastante forma haberme presentado en tiempo al señor Caparrós, sargento mayor de esta plaza, en unión de mi sobrino don Francisco Franco, el cual está inserto en el ejército libertador de la patria a las órdenes del señor coronel don José Gamarra en el cuartel de Guadalupe.

Me persuado, señor excelentísimo, que son unos datos que acreditan mi honradez, y sobre la que la indulgente protección de vuestra excelencia siendo de su superior agrado podrá amparar en el modo propuesto. Por tanto, y haciendo el pedimento más conforme y reverente.

A vuestra excelencia suplico que habiendo por presentado el documento de que llevo fecha y mención, y en consideración a lo expuesto, se digne decretar el informe que dejo indicado, y resultando efectivo lo que llevo deducido se sirva determinar en lo que llevo pedido según fuere de hacerse en justicia que imploro con el juramento necesario de ser verdadero hijo de la patria, y reconocido a la grandeza de V.E. Fray Miguel Gutiérrez”.

A continuación los tres testimonios presentados a favor del patriotismo del fraile Gutiérrez:

José Caparrós atestiguó: “debo informar que es verdad que el reverendo fray Miguel Gutiérrez se me ha presentado con un individuo que dice era un sobrino el 10 pasado. Lima, agosto 4 de 1821”.

José de la Mar aseguró: “atendiendo a que el capellán destinado al Hospital Nacional de Bellavista no puede por si solo auxiliar espiritualmente al crecido número de enfermos que en él asisten, nombra para que le ayude en clase de capellán provisional al que lo es del Batallón de Castro, fray Miguel Gutiérrez, a quien se le abonarán los sueldos incluyéndolo en revista. Callao, 10 de julio de 1821”.

Pedro Pavón: “desde el año 1818 que vino a esta capital el reverendo padre fray Miguel Gutiérrez de capellán del Batallón de Cantabria, le he manejado con la mayor intimidad, sin haber advertido en su conducta política lo menor que desdiga al buen orden, y por tanto acreedor al aprecio común. Lima, 13 de octubre de 1821”.

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