miércoles, agosto 4, 2021
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“Viaje a la historia de la libertad” Por Ítalo Sifuentes Alemán

Viajar en el tiempo es más fácil con ayuda digital. El siglo XIX guarda muchos secretos. Foto: Freepik.

Por ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN *

Escritor y periodista

Un viaje diario al siglo XIX puede realizarse hoy en día en cualquier momento. Solo basta con tomar alguna de las tantas máquinas del tiempo que, en forma de bibliotecas físicas o virtuales, están a disposición de los viajeros ávidos de conocer de primera mano las incidencias surgidas en la pre y post guerra de la independencia nacional, y desde luego, en la guerra misma, aquella que se libró en franco intercambio de municiones e ideas absolutistas y libertarias.

Viajar en el tiempo para constatar que pese a las nuevas o reiteradas dificultades, el destino del Perú fue siempre volver a ser libre, que con sus pros y sus contras atrás quedaron los hechos de 3 siglos de colonización, y que en adelante ya declarado en 1821 el nacimiento de la república, en memoria de los caídos en la gesta patriótica es un deber crecer, disfrutar y cautelar la libertad, el mayor de los patrimonios que hemos heredado los peruanos.

En el 2021, ya cumplidos los primeros 200 años de emancipación respecto al imperio español, el siglo en que vivimos seguramente permitirá a las nuevas generaciones seguir viajando en otras plataformas y velocidades, pero siempre teniendo como horizonte común el acercamiento a la verdad de nuestra historia. Gracias a la tecnología, el Bicentenario de la Independencia del Perú nos encuentra en buenas condiciones para del pasado obtener y difundir conocimiento que en el presente y en el futuro robustezca la identidad nacional.

Es a través de las bibliotecas físicas y virtuales que se puede tener acceso a valiosa información de primera mano, como son los testimonios, oficios, cartas, recibos, mapas, testamentos, pagarés, expedientes judiciales, partidas de bautizo, matrimonio, defunción, recetarios, himnos, canciones y otros documentos hechos de puño y letra en el siglo XIX cuyas transcripciones se encuentran en diversos archivos y colecciones tanto de propiedad pública como privada y que muchos son de libre acceso.

Se trata de fuentes primarias de información a disposición del público y que los periodistas las pueden utilizar para comunicarla a sus lectores y audiencias, para así contribuir a difundir con amplitud las distintas versiones que siempre surgen en torno a los hechos, y más aún si son de trascendencia histórica como la independencia nacional, la cual recoge y hasta acoge muchas versiones oficiales de países como Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela, en tanto redactaron su historia oficial antes que lo hiciera el Perú.

Son versiones con mucho de cierto, pero erigidas soslayando varios fragmentos y capítulos peruanos que merecen ser dados a conocer para que el público cultive sus conclusiones. Es por ello que existen documentos del siglo XIX que todavía contienen noticias, es decir información que resulta reveladora al contrastarla con otras datas o que valen por sí mismas en tanto nunca vieron la luz y, con el natural enfoque del periodismo, tienen vigente la atractiva patente de inédita. Una revisión a estos documentos permite certificar una vez más que las historias se cuentan solas.

Todos los días viajo algunas horas al siglo XIX. El retorno implica traer información que pueda resultar relevante para el mayor número de personas, que amplíe el conocimiento de nuestra historia. Viajo desde el 2009, año en que México y los países centroamericanos y sudamericanos empezaron a conmemorar los bicentenarios de sus respectivas independencias de manera pública y masiva. Diez años en este ir y venir, ha permitido  descubrir y difundir historias desconocidas de nuestro país.

A veces la intensidad es tal que la visita al pasado se va hasta tiempos prehispánicos y, de pronto, por la interconexión histórica que tienen los hechos, se puede aparecer consultando archivos digitales del siglo XX y hasta documentos del siglo XXI en que por la vorágine y el tráfago de las comunicaciones están colocados en segunda fila catalogados de irrelevantes y pasados al anonimato sin ningún remordimiento. Tal vez las futuras generaciones de periodistas se encarguen de ponerlos en valor si se convencen que lo merecen. La divulgación de la historia está en permanente evolución.

Las fuentes primarias de información casi siempre han sido de uso exclusivo de los historiadores profesionales, quienes con ellas han realizado interpretaciones de los hechos colocándolos en diversos contextos, y ante la carencia de documentación muchos recurrieron a los ensayos y algunas veces a la ficción, a los mitos y leyendas para sustentar sus hipótesis de trabajo. En el caso del periodismo informativo, hacer eso es un despropósito. Los periodistas damos a conocer los hechos tales como ocurrieron, y mostramos las evidencias documentarias para que el público la comprenda en su verdadera dimensión. Cualquier viso de fantasía desacredita la investigación.

Es cierto que la historia del Perú la conocemos por el trabajo de generaciones de historiadores, y son estos profesionales en base a la moderna historiografía los llamados a seguir el registro histórico del país. Sin embargo, para sus trabajos los historiadores no solo han utilizado las fuentes primarias sino también los archivos periodísticos; de hecho, en la hemerografía de cientos de libros de historia del Perú aparecen citados también cientos de diarios y revistas cuyas informaciones son utilizadas para entender y dar a conocer el país. Los periodistas registran la historia en tiempo real y utilizando varias plataformas, los historiadores son los grandes procesadores de la información ya registrada. En esto último se parecen a quienes ejercen el periodismo interpretativo. Se puede decir que hay una nutrición informativa de ida y vuelta.

Con ocasión del Bicentenario y para conocimiento de las nuevas generaciones, es preciso viajar cada vez más al siglo XIX para seguir revisando los fragmentos, los cabos sueltos, los capítulos de nuestra transición de colonia a república para continuar aportando evidencias respecto a que: los países vecinos necesitaban que el Perú fuera libre para así poder garantizar la independencia de sus poblaciones. Que el devenir histórico del Perú era recuperar su libertad y que lo consiguió luchando junto a patriotas no solo de Sudamérica sino de todo el continente y de otras geografías.

Que en términos económicos lograr la libertad nacional supuso una inversión en armamento, barcos y caballos, así como préstamos e intereses acumulados que el Perú pagó durante y después de la guerra independentista. A esto hay que indicar que la mayoría de los soldados extranjeros cobró por pelear contra el ejército realista. Que los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar, así como su plana mayor, fueron recompensados materialmente por la naciente república peruana con los fondos del erario nacional.

Igualmente, que una vez consolidada la independencia del Perú en la batalla de Ayacucho en 1824, Chile y Colombia pidieron ayuda económica a los peruanos para poder reducir los remanentes y los ataques de los realistas en sus respectivos territorios. Es decir, Perú y sus patriotas fueron solicitados para ayudar a los países vecinos. Sudamérica era una sola patria, tenía el mismo adversario, y todos necesitaban estar unidos. El viaje al pasado incluye conocer tristemente las divergencias entre las autoridades y entre las mismas poblaciones dominadas, pero también con mucha alegría conocer cómo estas se fueron superando teniendo como objetivo la libertad del país. Los grandes objetivos siempre han unido a los peruanos, siempre emprendedores y solidarios ante las nobles causas que los convocan.

*Autor de los libros “Los espías del Pacífico, tres casos que vinculan a Chile”, y “Áncash: tierra de patriotas de la Independencia”.

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