martes, septiembre 21, 2021
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Arzobispado de Lima ordenó proclamar la independencia en Huánuco. Estuvo a cargo de párroco libertario

En Huánuco se realizó la gran rebelión en 1812 y en 1822 se proclamó la independencia en sus iglesias. Foto: Andina.

Investigación Ítalo Sifuentes Alemán

La proclamación de la independencia en el Perú no solo estuvo a cargo de autoridades militares y civiles, también fue realizada por autoridades eclesiásticas. Y la orden para que los párrocos hicieran las proclamas de libertad nacional en las iglesias de cada rincón de la naciente república provino nada menos que del gobernador del Arzobispado de Lima, Francisco Xavier de Echague, ello por encargo del libertador José de San Martín, quien proclamó la independencia en Lima el 28 de julio de 1821.

Uno de los párrocos que dejó constancia documentada de haber acatado la orden de proclamar la libertad ante los feligreses de su jurisdicción religiosa fue Manuel Herrera, vicario y juez eclesiástico de la provincia de Huánuco. Así lo informa en un oficio que le envió a Francisco Xavier de Echague con fecha 27 de marzo de 1822. El texto de la proclama se imprimía y se repartía entre los feligreses. El párroco Herrera fue el responsable que la proclama llegará a los curas de otros templos para que, a su vez, hicieran la declaración correspondiente ante los fieles.

Esta es la transcripción de la carta enviada:

“Ilustrísimo señor gobernador eclesiástico, doctor Francisco Xavier de Echague: En cumplimiento de la respetable orden de vuestra señoría ilustrísima de 8 de febrero último que recién ayer la he circulado a los curas de esta provincia, para los objetos que allí se enuncian, sobre cuya observancia estaré muy a la mira. En el ínterin tengo el honor de acompañar a vuestra señoría ilustrísima la proclama con la que exhorto a mis feligreses el sostén de nuestra causa, poniendo en su consideración que al mismo tiempo prevengo a mi apoderado costee su impresión. Dios guarde a vuestra señoría ilustrísima. Huánuco y marzo 27 de 1822. Doctor Manuel Herrera”.

El párroco aprovechó la fecha para a través de su carta celebrar los primeros 10 años de la rebelión de Huánuco, la cual se realizó entre febrero y marzo de 1812 en esta estratégica región entonces todavía bajo administración del virreinato del Perú. Esta rebelión unió a mestizos e indígenas a luchar por la libertad enfrentándose con armas a los realistas. Participaron también diversos religiosos a cargo de los templos católicos ubicados en los pueblos huanuqueños. Este intento independentista fue sofocado por los soldados españoles.

A continuación la carta completa para disfrute del lector:

“Huanuqueños: Ha diez años que a la faz del mundo, manifestasteis vuestro voto por la libertad: siendo los primeros en proclamarla desde el centro de la tiranía, cedisteis al imperio de la fuerza, pero todavía lloráis la sangre de vuestros hermanos que aún humea. Esperabas un solo impulso para recobrar vuestra energía, lo lograste en la protección del inmortal San Martín, y apenas se asomaron las tropas del intrépido Arenales al lugar de la victoria, cuando se tremoló en vuestro territorio el pendón de la independencia. Desde entonces os habéis hecho hijos dignos de la Madre Patria, y en poco seréis en todo libres, y ocupareis en el universo el rango debido a vuestras virtudes. Son pequeños entretanto los sacrificios que se os exigen para objetos tan sublimes. Respeto y subordinación a las autoridades constituidas, exactitud en vuestras moderadas contribuciones, y ardor con empuñar las armas contra nuestros opresores, son las bases en que está cifrada vuestra irrevocable felicidad.

Huanuqueños. Haced algo más. Para ser constantes en sostener vuestra santa causa y exaltaros a la dignidad del hombre, conservad en la memoria los 300 años de la más degradante humillación en que habéis vivido. Para desprenderos de vuestros bienes a fin de abreviar el término de la guerra, recordad que naciendo en la tierra de la abundancia y de las riquezas, formabais con vuestra ruina y envilecimiento la fortuna de nuestros tiranos. Y para haceros invisibles y respetables, contrapesad la vergonzosa esclavitud de vuestra antigua condición, con la gloriosa suerte que os espera. Sí hermanos y amados hijos míos: estos son los ardientes deseos de un párroco que habiendo visto brillar el sol por la primera vez en este suelo, participa hoy con vosotros la dulce satisfacción de conformar en sentimientos. Doctor Manuel de Herrera”.

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