miércoles, octubre 20, 2021
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Remigio Silva, el limeño que contribuyó a la libertad sudamericana desde 1819

Envió un manifiesto al libertador José de San Martín desde Lima el 20 de diciembre de 1819 solicitando que la Expedición Libertadora llegara lo más pronto posible, pues todas las condiciones estaban dadas para la caída del virreinato. En 1817 había colaborado con los patriotas en Maipú, es decir con la libertad de Chile y Argentina

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 23 / 03 / 2020

A la caída del virreinato español contribuyeron varios peruanos que, poniendo en riesgo su vida, elaboraron y entregaron informes clave para los preparativos de la esperada Expedición Libertadora, la cual llegó al Perú en setiembre de 1820 luego que un mes antes partiera de Valparaíso con el general José de San Martín y el vicealmirante Thomas Cochrane.

Ellos llegaron junto a otros cientos de patriotas de las fuerzas combinadas de argentinos, chilenos, ingleses y españoles con el objetivo de lograr la independencia peruana y, con ello, consolidar la emancipación de Buenos Aires y Chile, territorios que se habían proclamado libres en 1816 y 1818, respectivamente.  

Uno de estos peruanos fue Remigio Silva Castro, quien bajo la firma de “El ciudadano de Lima”, le hizo llegar a San Martín el 20 de diciembre de 1819 un manifiesto con información relevante para dicha Expedición Libertadora, pues Cochrane y su escuadra entre enero y setiembre de ese año al tomar las bases militares de los españoles desde Chancay a Paita ya había demostrado que el virreinato era posible de derrotar y que solo faltaba información para la logística del asalto final.

En dicho manifiesto el limeño Remigio Silva Castro (nació el 27 de octubre de 1782, en Lima), le manifestó a San Martín:

“¿Y cómo se consigue ejecutar esto? Haciendo el mayor esfuerzo de remitir al Perú en el mismo día y sin titubear, siete u ocho mil soldados, y otros tantos fusiles y la Escuadra con su respectiva fuerza, con lo que únicamente, en el acto, a los ocho días, quince, o un mes estaba esto concluido; y de este modo unidos los tres estados del Perú, Buenos Aires y Chile a los tres de esta América, que son Caracas, Santa Fe y Quito, formarían la gran liga o federación que decidiría de un golpe y para siempre de la independencia de la América, pues no había más que pensar, esto es, ni en esto, ni en el Alto Perú, ni en parte alguna de acá, sino que por el contrario, entre esto mismo, Chile y Buenos Aires, cada uno y entre todos juntos podrían poner una fuerza tan respetable por mar y por tierra que podrían resistir aun a todo el mundo y harían ver a la misma Península que ya Buenos Aires era capaz de expedicionar y aun también de conquistarla….”.

Sobre la cabeza de Remigio Silva pendía una orden de captura del virrey Joaquín de la Pezuela, enterado de las conexiones de este patriota con los libertarios del sur del continente y, naturalmente, con los de Lima.

En 1809, durante la administración del virrey José de Abascal, este precursor peruano había salido bien librado de un juicio que el virreinato realizó contra unos conspiradores, y años después, tras ser nuevamente detectados sus movimientos a favor de la independencia, tuvo que esconderse unos meses en el Convento de los Descalzos, en el Rímac.

Limeño americanista

La valentía de Remigio Silva no solo se mide por haber sido un gran colaborador de la independencia peruana sino también de la sudamericana, pues antes de 1817, para la batalla de Maipú, los militares chilenos y argentinos pudieron estar bien preparados al conocer un informe de este limeño advirtiéndoles de las fuerzas represivas que serían enviadas por el virrey. Su informe hizo que los patriotas del sur confiaran en sus servicios para futuros reportes de inteligencia.

Volviendo al tenor de su manifiesto de 1819, Remigio Silva refirió a San Martín en relación a los 7,000 efectivos que creía deberían llegar a Lima: “Tan cierto es que esta corta cantidad de tropa solo ha de conquistar el Perú, como si demora su remisión prontamente, está expuesta Lima a que jamás se conquiste. Nada debe contener la remisión, mi general, que es cuanto se puede decir, porque será un dolor no pueda venir nuestro adorado señor San Martín, pero cualquiera que se parezca en algo a este Señor, jamás imitable, será bueno…”.

En otro momento, advirtió en su carta que: “No debe haber la más pequeña duda que, mientras más se demore el poner de parte nuestra al Perú, más expuesto se halla a sucumbir de una vez, Buenos Aires y Chile… Sin vencer al Perú jamás habrá en Buenos Aires y Chile, ni tranquilidad en lo interior, ni sosiego por de fuera, respecto de los acontecimientos del enemigo común, ni menos serán reconocidos por independientes de las naciones que consideran a los Estados dichos haciendo un solo cuerpo con el Perú y a este como la parte más esencial de él”.

En su manifiesto, el peruano dijo que los peruanos confiaban que la Expedición Libertadora llegaría al Perú a finales de 1819, es decir luego que Cochrane hizo su último recorrido por las costas peruanas. Refirió que la escuadra de dicho vicealmirante pasaba provisionándose de víveres y dinero, y que los peruanos patriotas pensaban que todo eso era en balde si la expedición tardaba en llegar y, entre tanto, el virreinato se iba fortaleciendo.

“Se fue la Escuadra (de Cochrane) para abajo y han salido dos o tres millones de pesos en buques ingleses; por varias veces se la Escuadra para arriba; y remitieron pertrechos, pólvora y demás para reforzar a Guayaquil y por allí a Quito: se fue la Escuadra otra vez para abajo y se remite más plata para Panamá, otro buque para Valdivia, con sesenta mil pesos, pólvora y pertrechos…”, manifestó.

Remigio Silva salvó la vida varias veces, murió el 20 de noviembre de 1854, ya dedicado a atender sus negocios. En su documento, que aquí hemos dado a conocer, y que está fechado en Lima el 20 de diciembre de 1819, el limeño empezó señalando que:

“Tengo a bien escribir este manifiesto influido solo del vivo calor que me abraza de conseguir ver a mi patria cuanto antes libre, por probar en los puntos siguientes a la mayor evidencia los motivos que hacen fuerza para que se remita alguna tropa siquiera, sin pérdida de un momento… No es tiempo de remitir proclamas, papeles, sino secamente, tropas, cañones y balas”.

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