miércoles, agosto 4, 2021
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Quemados por patriotas, tres pueblos de Junín víctimas de una barbarie imperdonable

Santa Rosa de Sacco, Chacapata y San Jerónimo de la Oroya fueron incendiados y sus pobladores anduvieron errantes mientras los libertarios buscaban independencia total

Santa Rosa de Sacco, pueblo histórico de Yauli, Junín, que busca reverdecer. Foto: Provincia de Yauli.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO

Durante la guerra por la independencia del Perú, varios pueblos fueron vilmente quemados por los defensores de la monarquía española provocando que sus habitantes se convirtieran en los primeros peruanos errantes por luchar contra el imperio, en los patriotas sin nombres ni apellidos que pagaron caro por apoyar la causa de los libertarios. Por eso perdieron sus casas, sus animales, sus cosechas, todas sus propiedades… Pasaron algunos años para ver sus lugares natales otra vez en pie, para reunirse con sus familias y disfrutar de saberse otra vez en el terruño.

Tres de estos pueblos son Santa Rosa de Sacco, Chacapata y San Jerónimo de la Oroya. Sus descendientes actualmente poco saben de la historia de sus antepasados, y cómo es que nuevamente se levantaron para formar parte de la geografía peruana. Ubicados en la región Junín, formaban parte de la estratégica zona minera y comercial de los andes centrales, zona cuya historia se remonta a tiempos preincaicos.

Estos pueblos de población indígena empezaron a ser reconstruidos en 1826, ello a raíz de un decreto que el 21 de julio de ese año dio  Andrés Santa Cruz, presidente del Supremo Consejo de Gobierno de la República Peruana así  como gran mariscal de los ejércitos nacionales. Habían pasado dos años de la batalla de Junín, y el naciente gobierno republicano consideró que era tiempo de hacerle justicia a los errantes hijos de estas tierras.

La reconstrucción de estos pueblos de la sierra central se financió con el cobro a los pasajeros por cruzar el puente de la Oroya, pero teniendo como base los 452 pesos que el gobernador de Tarma, Bernardo Alvariño, ya tenía en su poder como parte de la recaudación que el uso de este puente había generado. Desde ese 21 de julio de 1826 el cobro por el cruce de ese puente sirvió para volver a la vida a esos poblados.

El pontazgo, o pago de derecho para cruzar un puente, empezó a dar sus frutos, y los encargados de reedificar estos pueblos fueron Manuel Gómez, Francisco Cifuentes, y Francisco Zurita, comisionados presidenciales que semanalmente debían rendir cuenta de las entradas y gastos que generaba la construcción de las casas para los errantes y antiguos propietarios de viviendas sacrificadas por el Ejército realista en castigo por querer la libertad del Perú.

A continuación, presentamos el decreto que resucitó a estos pueblos, decreto que como dijimos dio el general Santa Cruz, hijo de ayacuchano que presidió el Supremo Consejo de Gobierno de la República Peruana en el breve período del 29 de junio de 1826 a 1827 (el libertador Simón Bolívar abandonó el Perú el 3 de setiembre de 1826).

Aquí el decreto:

“Teniendo en consideración que los pueblos patriotas nombrados Santa Rosa de Saco, y Chacapata San Jerónimo de la Oroya fueron incendiados por los enemigos, y que muchos de sus antiguos moradores andan errantes por falta de domicilio en que acogerse, sin embargo de haberse expedido varios decretos para su restablecimiento.

He venido a decretar y decreto:

Se procederá sin demora a reedificar alternativamente los tres pueblos referidos, empezando por el de la Oroya.

Se aplican para los costos de estas obras el pontazgo que se cobra de costumbre a los pasajeros sobre el puente de la Oroya, con exclusión de las llamas que quedan libres, y cuatrocientos cincuenta y dos pesos tres reales, provenientes del mismo ramo que existen depositados en poder del gobernador de Tarma don Bernardo Alvariño, y todo lo que se colectaren hasta concluirlas.

Se comisiona para percibir estos derechos, y los que se tienen depositados el gobernador de Tarma, a Manuel Gómez, Francisco Cifuentes, y Francisco Zurita, quienes se encargarán de reedificar aquellos pueblos.

Los encargados empezarán la reedificación en el momento, y no suspenderán el trabajo de las casas después que hubiesen consumido los cuatrocientos y dos pesos tres reales; pues quedan obligados a no interrumpirlos siempre que tuvieren colectada una cantidad que exceda de diez pesos.

Los comisionados quedan sujetos bajo la más estricta responsabilidad a rendir semanalmente cuenta de las entradas y gastos al que se nombrare por el Prefecto de este Departamento para inspeccionarla.

El Prefecto de este Departamento queda encargado de la ejecución de este decreto. Dado en Jauja a 21 de julio de 1826. Andrés Santa Cruz.- Por orden de S.E. – Manuel del Río”.

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