miércoles, agosto 4, 2021
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Ataque de peste sospechosa solo contra peruanos rebeldes. Huánuco

Diversas pestes, entre ellas la negra, asolaron Europa. En Huánuco la peste de disentería atacó a los rebeldes de 1812. Imagen referencial.

Investigación Ítalo Sifuentes Alemán

PERÚ BICENTENARIO

Primero fueron temidos por revolucionarios y luego por las muertes que pudieran causar si contagiaban a la población y a los soldados realistas de disentería, enfermedad infecciosa que habían contraído en la cárcel los mestizos e indígenas participantes en la rebelión de Huánuco de 1812.

Los españoles habían logrado sofocar a fuerza de cañón, a fines de marzo de ese año, la sublevación en esa región liderada por José Crespo y Castillo, quien por ello fue ejecutado, pero no lograron aplacar las fiebres, calambres y dolores de la inflamación sangrienta a los intestinos que padecían  los rebeldes. Sin tratamiento, esta enfermedad en esos años era mortal.

Ante esta situación, José González de Prada, intendente de Tarma, a la cual pertenecía la jurisdicción de Huánuco, le escribió una carta al virrey José Abascal con fecha 22 de agosto de 1812 informándole de la gravedad de la situación y la decisión que había tomado para evitar contagios y muertes así como gastos a la caja fiscal teniéndose en cuenta que, en su forma de prever las cosas, la sentencia a las decenas de denunciados por sublevación tardaba en llegar desde Lima.

Habían transcurridos 5 meses desde el final de la rebelión y la carta enviada a la máxima autoridad virreinal, la cual se encuentra entre su correspondencia archivada.

Para González de Prada era mejor enviar a los enfermos a sus respectivas casas, ello porque dijo se rehusaban a ir al hospital porque este no tenía medicina para curarlos.

“… Una peste maligna de disentería de sangre con calenturas muy contagiosas ha dejado muertos algunos… Los pacientes rehúsan y no quieren pasar a él prefiriendo la muerte. En consecuencia, y simplificadas y reducidas las cárceles a menos número y advirtiendo el enorme gasto que se hace a la Real Hacienda sin saberse hasta cuando tirará la resolución de las causas…”, manifestó en su manuscrito.

Esta carta explica la gravedad de la situación que pasaron los independentistas:

“Excelentísimo señor. Habiéndome manifestado en la cárcel de esta ciudad donde tenía contenidos acerca de los 200 reos de la insurrección de estos partidos, y saqueo de esta ciudad muy arriesgadamente con la de los Huamalíes una peste maligna de disentería de sangre con calenturas muy contagiosas ha dejado muertos algunos, y no bastando a contener su maligno influjo la limpieza y riegos de vinagre me he visto en la precisión de dar soltura a casi todos los reos para que se curen en casas separadas y evitar un contagio en la población, pues el hospital que hay en ella no presta los auxilios precisos por falta de fondos dicen, y los pacientes rehúsan y no quieren pasar a él prefiriendo la muerte.

En consecuencia, y simplificadas y reducidas las cárceles a menos número y advirtiendo el enorme gasto que se hace a la Real Hacienda sin saberse hasta cuando tirará la resolución de las causas como la escasez de fondos que tenía para la conservación de los 300 hombres que conservo, he meditado quedarán a fines de este mes con solo 160 hombres sino advierto hasta entonces necesidad hasta la llegada de la sentencia, pues con los 50 más que existen de fronteras y en el cerro y un alistamiento que he hecho de vecinos honrados creo tener proporcionada la fuerza para ejecutar aquella, lo que pongo en la consideración de vuestra excelencia para su superior inteligencia, esperando se digne avisarme cuanto tenga por conveniente, cumplida que sea dicha sentencia cuando venga la reducción mayor que podré hacer de la fuerza tanto aquí, como en el referido cerro de Yauricocha. Dios guarde usted. Lima, 4 de setiembre de 1812”.

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