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¿Por qué recién en 1821 se proclamó la independencia? En 1822 los mismos patriotas lo explicaron así

En sesión de la Sociedad Patriótica de Lima, los libertarios se sinceraron y señalaron los errores cometidos así como las dificultades que atravesaron

Acta de la independencia del Perú proclamada el 28 de julio de 1821. Foto: Andina.

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PERÚ BICENTENARIO

El primer balance, casi en tiempo real, de lo que había sido conseguir la independencia del Perú y por qué recién en 1821 fue oficialmente proclamada desde Lima, se realizó el 22 de marzo de 1822, y nada menos que por los propios patriotas que habían colaborado en conseguirla, esto toda vez que en Argentina se había logrado en 1816 y en Chile en 1818.

Incluso, todo ello en la consideración que los primeros movimientos emancipadores en territorio peruano databan de 1811 y, para ir más lejos, de 1780, cuando en Cusco Túpac Amaru se rebela y da el primer grito de libertad en América y, hacia 1791, el arequipeño Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, a través de su “Carta a los españoles americanos”, logra promover su inspirador ideario libertario a escala e impacto continental.  

Este balance en dicha fecha fue realizado por Francisco Javier Mariátegui, Hipólito Unanue, Manuel Pérez de Tudela y Mariano Alejo Álvarez, cuando el primero era diputado y directivo del Primer Congreso Constituyente; el segundo, ministro de Hacienda.

El tercero también era diputado en el mencionado Congreso, y el cuarto era integrante de la Alta Cámara de Justicia y miembro de la comisión encargada de redactar la Constitución que debía aprobar el Primer Congreso Constituyente.

Los cuatro peruanos tenían en común pertenecer a la Sociedad Patriótica de Lima, institución creada en enero de 1822 por el libertador José de San Martín.

Los testimonios

El 22 de marzo de ese año, es decir 8 meses de proclamada la independencia el 28 de julio desde Lima, los miembros de la Sociedad Patriótica de Lima se encontraban debatiendo las causas que retrasaron la independencia del Perú. El día 15 de ese mes se había aprobado el acta que daba lugar a este debate en pleno albor republicano.

Mariátegui manifestó que se debía “a las medidas tomadas por Abascal para poner a la capital y provincias en la imposibilidad de sublevarse, y a la falta de un jefe revolucionario”.

Unanue lo explicó de esta manera: “el señor Abascal había tratado de dividir a los españoles y a los americanos y de que dominasen siempre los primeros a los segundos”.

Álvarez manifestó que “en Buenos Aires, sin embargo, de los preparativos militares contra los americanos, de los muchos españoles, y de tener estos los caudales, se verificó la revolución”.

Tudela arguyó que la independencia encaminada “es hijo pues del convencimiento, y la causa que ha retardado la revolución del Perú, comprobada por los hechos posteriores, no es otra cosa que la fuerza”.

Este documento con el debate en la Sociedad Patriótica de Lima, fue publicado en 1877 en la obra “Documentos literarios del Perú”.

A continuación, por primera vez aquí damos a conocer este documento en el que se puede conocer otras consideraciones expresadas en esa histórica sesión.

A saber:

“En la heroica y esforzada Ciudad de los Libres, a 22 de marzo de 1822, se abrió la sesión general para tratar de las causas que habían retardado la revolución del Perú, por la lectura del acta del 15 que rige.

Concluida, como el encargado de hablar sobre el particular, expuse, que careciendo de los datos necesarios no podía tratar la cuestión como hombre de Estado, y que solo señalaría las causas generales.

J.F. Mariátegui: “Opiné que estas se reducían principalmente: 1° A las medidas tomadas por Abascal para poner a la capital y provincias en la imposibilidad de sublevarse, y 2° a la falta de un jefe revolucionario”.

El primer punto Mariátegui lo explicó así: “Contrayéndome a las medidas tomadas por Abascal, hablé de los preparativos militares, de la construcción del Cuartel de Santa Catalina, de la división que se sembró entre los habitantes del país entre sí, y respecto a los españoles, de la violación de la libertad de imprenta, para que los filósofos no enseñen a los pueblos sus verdaderos intereses, de la creación del Regimiento de la Concordia para armar a los españoles contra los americanos, de la persecución de los sabios y personas que tenían el concepto público para que no pensasen en libertar a su país”.

Continuó diciendo que “apoyé todo lo referido con hechos y reflexiones que lo comprobaban, y me contraje después de manifestar que la voluntad del pueblo era por la independencia, refiriendo varios hechos que lo persuadían: omití otros muchos por no ser difuso”.

“Entre los señalados referí las reuniones de los paisanos para ensalzar a los soldados americanos del número y deprimir a los españoles de la Concordia, las elecciones hechas para regidores y diputados a Cortes, en los patriotas más perseguidos por el Gobierno, el entusiasmo que desplegó el pueblo, cuando Baquíjano fue nombrado Consejero de Estado, y el desprecio que le mostró en el instante que juzgó no seguía el partido de los independientes, la quietud del pueblo al tiempo de la aparición de la escuadra de Chile al desembarco de las tropas del Ejército Libertador y en todos los sucesos de la campaña, la cual comparada con el entusiasmo con que corrió a las armas, para defenderse contra los tiranos, demuestra hasta la evidencia su feliz disposición”.

“Concluí que la falta de un jefe revolucionario, que fuese muy popular, con dinero disponible y de mucho arrojo, fue otra cosa que ha retardado la revolución del Perú; que el pueblo había estado dispuesto, que solo las clases privilegiadas habían sido apáticas. Pedí, si se me permitiese guardar silencio sobre la falta del jefe revolucionario, y concluí que la posteridad haría justicia a los defensores de la Patria y a los egoístas”.

Por su parte, Unanue afirmó: “que el señor Abascal había tratado de dividir a los españoles y a los americanos y de que dominasen siempre los primeros a los segundos; que en el año nueve se había tratado de elegir un español para diputado de la Junta Central, y que en esa época había compuesto un papel defendiendo los derechos de los americanos, que aún los nobles estuvieron dispuestos a la revolución, y cito el ejemplo del Conde de la Vega, que de rodillas había firmado el papel”.

En tanto Álvarez manifestó que “en Buenos Aires, sin embargo, de los preparativos militares contra los americanos, de los muchos españoles, y de tener estos los caudales, se verificó la revolución”.

Unanue, retoma la palabra y señala “que los peruanos habríamos hecho otros tantos armados, como lo estuvieron los porteños, y engreídos con la victoria que habían ganado a los ingleses”.

Por su parte, Tudela defendió a la nobleza “haciendo presente que muchos nobles habían sido decididos y prestado auxilios, para lo que citó varios hechos. Por lo respectivo a la forma de Gobierno, dijo que convendría se imprimiese en lengua vulgar las constituciones inglesas y angloamericana, para que el pueblo los comparase y se decidiese por la que le pareciese más conveniente… Por lo respectivo a la cuestión que se discutía dijo que el entusiasmo es una pasión violenta, la que dura muy poco como todo lo que es natural”.

“El patriotismo que ha de desplegar, pues, el Perú no puede atribuirse al entusiasmo, porque no se pudo haber sostenido por tanto tiempo. Tampoco proviene de la administración pública, porque concediéndole a esta toda la regularidad posible, no podía inspirarlo en tan corto tiempo. Es hijo pues del convencimiento, y la causa que ha retardado la revolución del Perú, comprobada por los hechos posteriores, no es otra cosa que la fuerza… Es muy cierto que los ingleses no tenían Constitución, pero que la había redactado La Croix, y sería conveniente verter este tratado y darlo a luz”.

Se suspendió la discusión. El señor Morales queda encargado de continuarla. Se mandaron pasar a las sesiones respectivas las memorias presentadas por el señor maestro don Pedro Rojas, y se levantó la sesión.

Mariátegui, Secretario”.  

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