sábado, julio 31, 2021
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Por afectar a los enfermos ordenaron en 1822 menos campanadas para anunciar la muerte de los religiosos

Los peruanos cansados de la arbitrariedad de los párrocos al repicar las campanas de sus templos como parte del servicio funerario de la Iglesia, y el Gobierno velando por la tranquilidad de los enfermos y trabajadores que se afectaban por el ruido, en mayo de 1822 emitió un decreto en contra de lo que se consideró un abuso contra la sociedad

Esta ley dada hace dos siglos estipuló que en las vísperas de las fiestas, procesiones religiosas, y demás funciones particulares, no pueden repicarse las campanas por más de tres minutos. Aquí por primera vez aquí difundimos esta norma y sus otros mandatos

Así como los franciscanos tenían sus iglesias, otras congregaciones tenían las suyas y desde sus torres las campanas anunciaban a la ciudad la muerte de sus respectivos miembros. Foto: Andina.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 8/04/2020

El abuso en el pique y repique, y en el doble y redoble de campanadas en las iglesias por la muerte de un funcionario, fue tal que el Gobierno de turno se vio en la necesidad de emitir un decreto de alcance nacional para reformar el horario y la frecuencia con que los antiguos católicos del Perú debían tocar la campana de sus templos religiosos, ello porque cayeron en cuenta que sus persistentes tañidos perjudicaban más la salud de los enfermos, la concentración de los trabajadores y a los mismos sacerdotes que, en sus respectivas parroquias, oficiaban sus misas en el mismo horario.

El decreto fue dado en Lima en el Palacio de Gobierno Supremo, el 21 de mayo de 1822. Fue suscrito por el Supremo Delegado del Perú, José Bernardo de Tagle (conocido en los libros de historia como Torre Tagle), quien llegó a ser presidente de la república peruana.

Cabe recordar que las distintas órdenes religiosas en el Perú llevaban a cabo sus misas cada cual en sus respectivas iglesias y que, por ejemplo, solo en Lima había unas 20 iglesias y, en Ayacucho, casi 40, templos religiosos que casi competían por llamar la atención de sus feligreses anunciando que algún funcionario había partido a la eternidad. Por los servicios religiosos de las campanadas, cobraban diversas tarifas.

“El frecuente toque de campanas, y la arbitrariedad con que se dobla o repica, según el humor de los que emplean el tiempo en este ejercicio”, llevó a tomar la extrema medida de disponer vía decreto legal que “ningún repique general pasará de cinco minutos, a menos que sea en celebridad de algún grande acontecimiento favorable a la causa de la Independencia, que en tal caso durará diez minutos”.

Solo en los casos que se trataran de eventos favorables a la independencia, se podía repicar las campanas hasta por 10 minutos, en caso contrario la norma estipulaba que solo debía hacerse por cinco minutos, y que ya no debían sonar “antes de los dobles, por muerte de las dignidades, canónigos, racioneros, párrocos, prelados, etc.”.

A continuación la transcripción de esta norma, a través de la cual se dispuso que el gobernador eclesiástico local debía comisionar a una persona que vele por el cumplimiento de la norma, ello en aras de “la dignidad del culto y el buen orden”.

Aquí por primera vez difundimos esta norma que cumplirá 200 años de antigüedad:

“Entre los abusos propios del régimen antiguo, y que aún subsisten, porque no es posible corregirlos todos a un mismo tiempo, uno de los más perjudiciales a los ministros del culto, a los funcionarios civiles, a los enfermos que demasiado sufren con sus propias dolencias, y en fin, a todo el que necesita de tranquilidad para cumplir sus deberes, es el frecuente toque de campanas, y la arbitrariedad con que se dobla o repica, según el humor de los que emplean el tiempo en este ejercicio.

En vano se publicaban en la anterior administración, pragmáticas, bandos y edictos para moderar este abuso: como el objeto era el bien público, las órdenes quedaban siempre eludidas, porque los españoles no tenían energía ni sistemas para hacerlas obedecer, cuando no se trataba de oprimir a los americanos, único punto en que eran consecuentes e inexorables.

La dignidad del culto y el buen orden, claman por la reforma, y el público debe esperar que el gobierne Independiente después de haber resuelto hacerla, no dejará de llevarla al cabo, porque la perseverancia en sostener lo que es justo y lo que es útil, es el carácter más propio para distinguir a un gobierno nacional del que no lo es.

El Supremo Delegado

He acordado y decreto:

Ningún repique general pasará de cinco minutos, a menos que sea en celebridad de algún grande acontecimiento favorable a la causa de la Independencia, que en tal caso durará diez minutos.

En las vísperas de fiestas, procesiones religiosas, y demás funciones particulares, no podrán repicarse por más de tres minutos.

Los dobles generales en los casos que deben haberlos, solo durarán el espacio de cinco minutos: los demás se reducirán a tres, quedan también abolidos los clamores y campanadas que se acostumbraban antes de los dobles, por muerte de las dignidades, canónigos, racioneros, párrocos, prelados, etc.

El gobernador eclesiástico comisionará la persona que sea más a propósito para celar el cumplimiento de este decreto, y publicará además un edicto que según el espíritu de los artículos anteriores, arregle los demás toques de campanas, conforme a los usos establecidos de la iglesia y necesidades de los fieles.

Imprímase y circúlese a los presidentes de todos los departamentos.

Dado en el Palacio de Gobierno Supremo, en Lima a 21 de mayo de 1822

Torre Tagle”

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