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Perú en 1827 ofrece a México todos los recursos para su independencia de España

En 1824 Perú venció a las tropas realistas en las batallas de Junín y Ayacucho, mientras que México tardaría unos años más enfrentando los ataques de la monarquía hasta finalmente derrotarla. En 1821 ambos países empezaron a liberarse del imperio español

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 25 / 02 / 2020

Logradas sus independencias la mayoría de los países americanos a principios del siglo XIX, España realizó en los años sucesivos varios intentos para reconquistarlos, encontrándose con el rechazo de las naciones libres no de manera aislada sino ya premunidas de un gran sentido de unidad y solidaridad continental ante a lo que había significado la monarquía durante tres siglos de explotación. Tuvo que recular el imperio español un año tras otro hasta que, lustros más tarde, asumió la derrota firmando tratados de paz con México y Perú, por ejemplo.

En 1821, México y Perú coincidieron en lograr su independencia ante el imperio dirigido por Fernando VII, y desde entonces ambos países empezaron a sentar las bases para vivir en paz y desarrollo en pro de sus habitantes, rechazando toda injerencia externa, tanto de fuera como de dentro del continente americano. Antes de ese año, en ambos territorios ya se habían realizado gritos y rebeliones que fueron abriendo el camino a la libertad.

En 1827, el 8 de enero, ante los continuos intentos españoles de reconquistar México, el Perú le ofreció oficialmente toda su ayuda para repeler la presencia imperial en ese inmenso territorio al norte de América. Al respecto, hay una carta histórica que aquí por primera vez publicamos, y que en esa fecha fue enviada al gobierno mexicano por uno de los grandes ministros de Relaciones Exteriores que ha tenido el Perú, José María de Pando. Desde entonces, el Perú dejó acreditada su vocación fraternal, y su rechazo al absolutismo y al abuso de poder.

En 1824 los peruanos se habían convertido en ejemplo de victoria para la causa americana al vencer y hacer capitular al ejército realista de España en las batallas de Junín y Ayacucho. Desde entonces, el Perú había quedado empoderado como potencia sudamericana al igual que sus países vecinos. No obstante, la reconstrucción del país posguerra de la Independencia, y los sucesivos caudillismos y corrupción, hizo que esta empresa tome más tiempo de lo racional.

Toda la ayuda posible

En 1825 todavía quedaban ejércitos españoles en territorio mexicano, estratégicamente ubicados en San Juan de Ulúa, cerca del litoral de Veracruz y de la isla de Cuba, adonde la monarquía española intentaba llegar con refuerzos navales para iniciar la desesperada reconquista. Ese año México retomó el control de dicha jurisdicción, pero a costa de perder fuerza naval, quedando casi a merced de cualquier contraataque desde la Iberia o de algún territorio cercano donde los monárquicos tramaban la desunión estimulando la traición.

En 1826 México temía lo peor, y los años siguientes necesitaría de toda la ayuda posible. La fuerza naval del Perú, combinada con la de Colombia, se podían constituir en cualquier momento con solo solicitarla. Por ello, es que el ministro Pando le ofrece en su carta de 1827 al General de División de los Estados Unidos de México, don Melchor Álvarez Thomas, toda la ayuda que pudiera requerir. Este personaje llegó a ser Presidente del Supremo Tribunal de Guerra y Marina de México.

“…Si, contra toda la probabilidad, el Gabinete de Madrid se obstinase en hacer atacar el territorio de los Estados Unidos Mexicanos, el Perú no trepidará en prestarle cuantos auxilios sean indispensables para defender una causa que es sagrada para todo buen americano, y para mostrar que se halla unido a los demás Estados del continente con lazos de la más tierna fraternidad…”, le refirió el ministro Pando a Melchor Álvarez Thomas (1775-1847).

A la par de este ofrecimiento, Pando comunicó a Melchor Álvarez, refiriéndose a la conquista de San Juan de Ulúa, que “el Perú y su Gobierno han celebrado cordialmente el triunfo glorioso obtenido sobre el ejército invasor por los bravos guerreros mexicanos, que se ha mandado en señal de este regocijo que haya iluminación, salva y repique de campanas”. Ese año de 1825 el Perú celebró la victoria de México.

En territorio peruano

Este patriota mexicano, Melchor Álvarez Thomas, por cierto era hermano mayor de José Ignacio Álvarez Thomas, nacido en Arequipa el 15 de enero de 1787, y muerto el 20 de julio de 1857 en Buenos Aires, donde este peruano ocupó el cargo de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Los padres de ambos patriotas eran españoles afincados en el virreinato del Perú, pero según los biógrafos de Melchor este nació en 1775 en altamar en un barco que ese año salió del Callao a Cádiz, donde luego recibió el bautizo, por lo que se le considera de nacimiento español. Los padres de ambos, y de otros cuatro hermanos, fueron el brigadier español Antonio Álvarez Jiménez y la española María Isabel Thomas.

Vale recordar que España, pese ya haber capitulado militarmente, recién reconoció la independencia de México el 28 de diciembre de 1836, y la del Perú el 14 de agosto de 1879 según el Tratado de París firmado en esa fecha en la capital francesa.  

A continuación la histórica carta de fraternidad de Perú hacia México fechada en 1827.

“Señor General de División de los Estados Unidos de México, don Melchor Álvarez:

8 de enero de 1827

He puesto en conocimiento de S.E. el Presidente, la nota que, con fecha de hoy, se ha servido V.S. dirigirme transcribiéndome la que ha escrito el señor Secretario de Estado y del despacho de Relaciones de los Estados Unidos Mexicanos.

S.E. se ha enterado de la justicia que en ella hace V.S. a los sentimientos de adhesión hacia aquella República que le animan, y al vivo interés que ha manifestado recientemente con ocasión de la noticia relativa a la agresión insensata de las tropas españolas.

Si V. S. lo tuviese por conveniente podrá añadir en ocasión oportuna: Que el Perú y su Gobierno han celebrado cordialmente el triunfo glorioso obtenido sobre el ejército invasor por los bravos guerreros mexicanos, que se ha mandado en señal de este regocijo que haya iluminación, salva y repique de campanas, y que si, contra toda la probabilidad, el Gabinete de Madrid se obstinase en hacer atacar el territorio de los Estados Unidos Mexicanos, el Perú no trepidará en prestarle cuantos auxilios sean indispensables para defender una causa que es sagrada para todo buen americano, y para mostrar que se halla unido a los demás Estados del continente con lazos de la más tierna fraternidad.

Al transmitir a V.S. la expresión sincera de los sentimientos de mi Gobierno, y los votos que forma por la prosperidad de la República a quien V.S. dignamente sirve, tengo la honra de ofrecerle por mi parte las protestas de mi distinguida consideración.

José María de Pando, ministro de Relaciones Exteriores del Perú”.

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