sábado, septiembre 25, 2021
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Pedro Cimbrón, el cacique que en Lima fue “perseguido por odio y venganza” en 1781

Gobernó a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, en un poblado cerca de Chancay y de la capital del Perú. En 1781, el mismo año que por rebelión ejecutaron en Cusco a Túpac Amaru II, a él lo juzgaron en Lima tras acusarlo falsamente de promover en Checras la evasión de tributos y otros pagos a la Caja Real del remecido virreinato español. Se salvó de la cárcel, de la muerte, pero no del olvido…

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 05 / 03 / 2020

Pese a haber sido en 1781 el cacique del rico repartimiento de Checras, en las alturas de Chancay, a Pedro Cimbrón casi nadie lo recuerda, y eso que apenas han pasado unos 200 años desde que gobernó esas tierras ubicadas al norte de la ciudad de Lima, entonces la capital del todavía poderoso virreinato del Perú.

No obstante, aquí presentamos al cacique Cimbrón luego de encontrarlo mencionado en un documento de hace dos siglos redactado por el que fue, tal vez, uno de los abogados más respetados y queridos del Perú de finales del siglo XVIII, el doctor José Baquíjano y Carrillo, quien por sus años de lucha ideológica a favor de la independencia nacional es considerado uno de los grandes patriotas peruanos, ello pese a morir en 1817, es decir cuatro años antes de la proclamación de la libertad peruana (28 de julio de 1821).

Efectivamente, en un escrito del que también ejerció como Protector de Indios, miembro de la Real Audiencia de Lima y profesor de derecho, especializado en leyes mercantiles, ahora se puede conocer que José Baquíjano y Carrillo fue el abogado defensor de la causa que se abrió en contra de dicho y desamparado cacique, impulsada nada menos que por el corregidor José de Areche, visitador al Virreinato del Perú de 1777 a 1785.

Decisión arbitraria

El cacique Pedro Cimbrón fue acusado de generar alborotos y de difundir ideas promoviendo que los lugareños no paguen los tributos a la Caja Real de Lima que obligaba la administración de Agustín de Jáuregui, virrey del Perú de 1780 a 1784.

Este indígena, autoridad en el norte de Lima, fue contemporáneo a José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, quien fue ejecutado en Cusco por la gran rebelión anti imperial española que organizó en parte del sur andino peruano. La ejecución se realizó el 21 de mayo de 1781.

El 5 de octubre de 1781, Areche en Lima, con los argumentos de revoltoso esgrimidos en contra del indígena Pedro Cimbrón, decidió arbitrariamente privarlo de su cacicazgo y de su empleo como gobernador del estratégico repartimiento de Checras, en Chancay, ubicado a 3.743 metros sobre el nivel del mar. Era la manera de este corregidor de eliminar a los adversarios de la corte española.

En las tierras de Checras, que actualmente pertenecen a la provincia de Huaura, se criaba el ganado y crecían las papas y otros productos con que se alimentaba a los habitantes de Lima y sus cercanías. Su valle era cultivado desde tiempos prehispánicos y a partir del siglo XVI en las cercanías del pueblo se construyó una hermosa iglesia (el lugar había sido evangelizado casi apenas iniciada la invasión española). Sus habitantes trabajaban bajo el explotador sistema de la mita.  

Areche, que había llegado a Lima en 1776, había subido los impuestos y creado otros, generando que los caciques y los criollos muestren su disconformidad y rechazo.

Con equidad

En noviembre de 1781, la sentencia de Areche contra el cacique Cimbrón fue notificada al abogado Francisco Moreno, “fiscal de esta Real Audiencia y Protector General de los naturales” que, para entonces, ya había reemplazado en el cargo a Baquíjano y Carrillo, quien durante la defensa legal no solo libró de los cargos al nativo Cimbrón sino que consiguió que volvieran a reconocerle su cargo de cacique.

Fue una defensa legal limpia e histórica que ha pasado desapercibida. La copia de este documento del Archivo General de Indias figura en la Biblioteca Nacional del Perú.

El escrito con la defensa de Baquíjano y Carrillo al cacique Cimbrón está fechada en Lima el 15 de mayo de 1781, documento a través del cual este abogado pidió a la Superintendencia General tome el caso “con equidad que encargan las leyes y que exige la falta de dolo y malicia que se hace bien perceptible en el reo y que, al mismo tiempo, ordene se borren y testen las desacatadas expresiones que se vierten en el informe” legal.

Baquíjano y Carrillo, convencido de sus sólidos argumentos de defensa, en relación al comportamiento del calumnioso Areche, refirió: “el corregidor que ha sido el juez, manifiesta en sus mismos informes, que ha inclinado mucho el fiel de la balanza, que debía mantener en equilibrio, hacia la ruina del enunciado cacique, a la que propende con demasiado ardor como lo indican suficientemente sus mismas expresiones…”.

Para que no quedaran dudas de la maquinación que hubo para arruinar a Pedro Cimbrón, este abogado limeño que en esa fecha contaba con treinta años de edad (nació en marzo de 1751) refirió, casi a manera de remate, que: “Los motivos de encono que han tenido los sujetos que, por odio y venganza, promueven su persecución”. El injustamente acusado cacique quedó libre de cargos.

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