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Micaela Bastidas en 1780: “Que salgan los ladrones o paguen con sus vidas”

En dos reveladoras cartas de 1780 la esposa del líder rebelde Túpac Amaru II dejó prueba de sus radicales decisiones ante los abusos de la monarquía española contra los antiguos peruanos

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 07 / 02 / 2020

Se comete un error cuando se piensa que Micaela Bastidas solo fue una acompañante, un hombro, un apoyo doméstico para su esposo José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, en la revolución que los cusqueños realizaron contra el imperio español en 1780 desde la provincia de Tinta bajo el cacicazgo y gobernación de este legítimo descendiente del inca Túpac Amaru I.

La también cusqueña Micaela Bastidas Puyucahua fue mucho más que eso, fue la consejera de primera línea y a la vez partícipe en el campo de acción durante los días de rebelión de 1780 y 1781 contra el virreinato español junto a sus hijos Hipólito, Mariano y Fernando, otros familiares y vecinos de dicha región del sur peruano, otrora epicentro administrativo del Tahuantinsuyo.  

Una carta fechada el 15 de diciembre de 1780 en Tungasuca, en Tinta, enviada al gobernador José Torres, muestra a esta heroína de la independencia del Perú en la plenitud de sus convicciones patrióticas.

Mientras el líder de la rebelión luchaba y reunía refuerzos en las jurisdicciones a cargo de otros caciques de Cusco y cercanías, la quechuahablante Micaela se encargó de la parte administrativa y de las decisiones políticas que había que tomar.

En dicha carta, ella como patriota se expresó de la siguiente manera: “Tenemos a nuestro favor las provincias de Urubamba, Paucartambo, las ocho parroquias, la de Quispicanchi, Paruro, Tinta, Lampa, Azángaro, Paucarcoclla, Carabaya, la ciudad de Chucuito y otras con innumerable gente; y estando en este estado, es preciso que salgan los ladrones o paguen con sus vidas. De la legalidad de usted espero no dé lugar a nada, sino antes acudir a un tan buen fin, de que resulta un beneficio común a este Reino”.

Aquí, en esta carta, la rebelde Bastidas muestra su intención de llegar al extremo de solicitar la muerte para los monárquicos si estos no abandonaban los poblados bajo el control de los insurrectos.  

En otra carta, fechada el 27 de noviembre de ese año, dejó constancia de su resuelta personalidad al indicar que: “Todos los guardias españoles e indios, y espías puestos por orden de mi marido don José Gabriel Túpac Amaru, darán paso franco a los que con este pase fueren, sin hacerles el más perjuicio; pena al que contraviniere esta mi orden del castigo que corresponde, y del mismo modo cuando regresen de la ciudad del Cusco para sus lugares. Tungasuca, 27 de noviembre de 1780, doña Micaela Bastidas”.

Micaela Bastidas fue ejecutada por los españoles el 18 de mayo de 1781, luego de ser capturada junto a otros rebeldes. Ese mismo día fue ahorcado y decapitado Túpac Amaru II, y los hijos de ambos.

A ella le cortaron la lengua por no delatar a otros responsables, la ahorcaron y ultimaron a patadas en el cuerpo, según los documentos históricos de la Audiencia del Cusco que aquí por primera vez damos a conocer.

La carta de Micaela Bastidas dice así:

“Señor Gobernador, don José Torres.- Muy señor mío: No obstante de que estará usted muy enterado de las diligencias que mi marido va practicando, a fin de librar este Reino de tantos pechos, que se nos impusieron, y nos hostilizaban los ladrones de los Corregidores, dirijo a usted esta para que inmediatamente conduzca usted toda la gente de este pueblo, para hacer la entrada al Cusco, y arruinar de raíz tantos ladrones perjudiciales.

Tenemos a nuestro favor las provincias de Urubamba, Paucartambo, las ocho parroquias, la de Quispicanchi, Paruro, Tinta, Lampa, Azángaro, Paucarcoclla, Carabaya, la ciudad de Chucuito y otras con innumerable gente; y estando en este estado, es preciso que salgan los ladrones o paguen con sus vidas. De la legalidad de usted espero no dé lugar a nada, sino antes acudir a un tan buen fin, de que resulta un beneficio común a este Reino.

Dios guarde a usted muchos años. Tungasuca, diciembre 15 de 1780. De usted, su segura servidora, doña Micaela Bastidas”.

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