sábado, septiembre 25, 2021
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Los primeros mestizos en la selva peruana en el siglo XVI, los “barbudos” y sus conchas de afeitar

En 1560 los exploradores Pedro de Orsua y Diego Lópe de Aguirre, junto a 500 soldados españoles, buscaron El Dorado a través del Marañón y el Amazonas. Al año siguiente murieron asesinados. Más de 200 años después, unos misioneros encontraron una rara tribu de nativos “mayoruna” en cuyos rostros crecía vello de manera tupida. Los denominaron “los barbudos”, a quienes registraron afeitándose utilizando las conchas de río a manera de tenaza (o pinza). Corría el año 1790

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 03 / 03 / 2020

Mapa de 1587. Atlas de Joan Martines.

Desde tiempos prehispánicos para cruzar el río nadaban rápido entre caimanes, pues sin canoa no tenían otra salida. Construirse una nave suponía que con sus hachas de piedra derribaran un gran árbol, darle forma hasta que pueda flotar y todo ello podía tomarles un año de trabajo. A los aborígenes selváticos más organizados y pudientes la vida les iba mejor, pero tal como está documentado al menos hasta 1791 para el común de los naturales esta situación formaba parte de su cotidianidad.

“Componíase la referida comitiva de indios conivos que, comandados por su cacique, navegaban a Omaguas llevando algunas mantas y resinas con el fin de canjearlas, si les fuese posible, con herramientas de labranza”, informó el científico y médico Hipólito Unanue en un documento suyo de 1791 refiriéndose al comercio y trueque que realizaban estos emprendedores habitantes de la selva peruana.

Uno de los objetos de trueque era precisamente la canoa, disponible a cambio de una afilada y duradera hacha de hierro que, como las herramientas de labranza, les permitiera optimizar su tiempo y su calidad de vida. En su referido informe, el mismo Unanue dio cuenta de esta disponibilidad para el progreso que tenían los nativos, tal como dicho concepto se conocía y aceptaba en esos años del siglo XVIII.

La capital peruana estaba a miles de kilómetros, Lima y Cusco buscaban estabilizarse después de la gran rebelión de 1780 de Túpac Amaru II y la selva no había sido conquistada del todo. Había que retomar la conquista desde dentro del virreinato, cueste lo que cueste. La costa seguía demostrando su hegemonía.

A finales del siglo XVIII en el oriente del territorio peruano, la vida se abría paso con pequeñas y grandes embarcaciones fluviales, con las cuales también habían llegado los misioneros en busca de futuros conversos y, atravesando el Amazonas, salir al Atlántico. Son ellos los que dejaron variados testimonios que obran en documentos de la colonización española del Perú.

En el río Tapichi

Los “moyoruna”, también conocidos en 1791 como ‘los barbudos’, atravesaron estas y otras  dificultades según registró en sus escritos Unanue en dicho año en el periódico “El Mercurio Peruano”, información que permite conocer la cotidianidad de los habitantes de esta región donde corrían los ríos Marañón, Ucayali, Amazonas y sus grandes y misteriosos afluentes.

Hace más de dos siglos Unanue dejó la siguiente estampa para que el lector pueda transportarse a esa época: los omaguas “conducían entre sus esclavos varios de la nación “moyoruna”, que habita las cabeceras del río Tapichi. Llámanse por otro nombre, barbudos, por tener la barba cerrada como los españoles. Se cree descienden de los soldados que se derramaron por aquellas selvas, cuando el atentado de Diego Lópe de Aguirre con el capitán Pedro de Orsua. Es extrañísimo el modo con que se las quitan, y deberá ser también muy doloroso. Toman dos conchas de que se sirven como si fueran tenazas, y pasándolas con precipitación van arrancando pelo por pelo, y haciendo tales guiñadas y visajes con las narices, ojos y rostro, que mueven a risa al mismo tiempo que compasión. Parece que los antiguos moradores del Perú tenían igual costumbre para librarse de sus pocas barbas; pues en nuestro museo existen una tenacitas de sus descendientes, servían al destino mencionado”.

Este grupo humano llamado “los barbudos” o los “moyoruna” según se describe se trata de una facción del grupo aborigen los “mayoruna”, a los que actualmente se les identifica como parte de los nativos “matsé” o “matsi”, que habitan en los territorios de Perú y Brasil.

A finales del siglo XVIII, Unanue los consignó como los “moyoruna” porque antes (1790) así lo había realizado el explorador y padre franciscano, el español Manuel de Sobreviela, cuyos escritos y testimonios sirvieron a dicho científico y médico peruano para publicar sus trabajos de investigación en 1806, es decir 15 años antes que el virreinato español empezara a ver su final en los extensos territorios peruanos. Dicho religioso exploró la selva partiendo desde Ocopa, en Junín. Atravesó los andes a pie, cuadrúpedos y canoas.

En 1791, tal como anotó Unanue, se entendía que “los barbudos” eran descendientes del capitán Pedro de Orsua y de Diego Lópe de Aguirre, el primero un explorador de origen navarro que murió asesinado el 1 de enero de 1561 junto a su concubina Inés de Atienza, la mestiza que desde Lima había llevado para que lo acompañe en el viaje. La expedición había sido autorizada por el virrey Andrés Hurtado de Mendoza. Su muerte ocurrió mientras exploraba el río Marañón rumbo al Amazonas.

El capitán Pedro de Orsua encontró la muerte en manos de los leales a Diego Lópe de Aguirre, su compañero de aventuras, quien a su vez fue asesinado el 27 de octubre de ese mismo año en lo que actualmente es Venezuela (específicamente en Barquisimeto). Lópe de Aguirre viajaba acompañado de su hija mestiza llamada Elvira. Al grupo de expedicionarios se habían sumado unos 500 españoles, sirvientes indígenas y esclavos negros. En 1560 habían salido desde Lima a buscar las riquezas de El Dorado bajo los auspicios del virreinato peruano.

De acuerdo a la información del siglo XVIII, “los barbudos” estarían entre las primeras generaciones de mestizos en esta parte de la amazonía como consecuencia de las relaciones entre los exploradores y soldados españoles y las mujeres aborígenes a pesar de su voluntad. Las evidencias del mestizaje entre nativos costeños y andinos y españoles en lo que fue el imperio de los incas, que abarcaba parte de la amazonía, constan en los documentos de los cronistas. A ello, se agrega el mestizaje con los africanos esclavos y libertos que habitaron el Perú traídos por la monarquía española.

Tenacitas en el museo

Otro instrumento tal vez no vital como las canoas, pero de igual necesidad cotidiana fue la afeitadora de barba, y los integrantes de la nación “moyoruna” no encontraron mejor solución para hacerlo que utilizando las capas de las conchas de río a manera de tenazas, consiguiendo así sacarse los vellos de la cara pasando el doloroso trance de jalar uno por uno.

En 1791, también refirió Unanue que en esa época en un museo en el Perú ya se guardaba unas tenacitas que utilizaban los antiguos peruanos para rasurarse los pocos vellos que tenían como barba.

Los nativos omaguas (también llamados cocamas) habitan en las inmediaciones de los ríos Ucayali y Huallaga, y entonces, en el siglo XVIII, su territorio se extendía pasando la frontera con Colombia. Tal como informó el científico Unanue, trasladaban a los “moyoruna”, a quienes habían hecho sus esclavos, los cuales habitaban en las riberas del río Tapichi, en el Ucayali.

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