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En 1820 sin un pase oficial se prohibió viajar a provincia para cuidar la independencia nacional

Aquí los escandalosos casos de curas y otros religiosos que no acataron la orden de control de tránsito interprovincial

Foto: Freepik.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 18/05/2020

Para un país milenario como el Perú, estas pueden ser solo dos historias del siglo XIX signadas por la fugacidad, pero igual vale retratarlas porque permiten descubrir acontecimientos poco conocidos de los albores de nuestra independencia nacional.

Son casos de curas que quedaron registrados en aquella movediza etapa de los inicios republicanos, en esos días de 1820 en que cada quien buscaba responder las continuas falsas acusaciones, de evitar caer en confusiones porque un ultra patriota o un alfa realista podía sin contemplaciones acabar con la vida de otro sin más argumentos que haber cumplido con la sagrada misión de terminar con la resistencia vestida de patria o de monarquía.

Son historias que aquí damos a conocer por primera vez tras la revisión de algunos archivos.

El primer caso está referido al subdiácono Juan Bautista Gomes, quien en estado de ebriedad y en medio de escándalos solicitó a los patriotas le expidieran un pasaporte para poder trasladarse de Cusco a la lejana Palca, ubicada en la región Tacna.

En esta jurisdicción a fines de 1820 todavía ejercían poder los realistas aun cuando el libertador José de San Martín ya había empezado paulatinamente a independizar el Perú del imperio español. Necesitaba un pase para poder transitar. 

Como le negaban el pasaporte, el cura Juan Bautista Gomes armó alboroto, dijo palabras ofensivas contra las altas autoridades eclesiales y trepó las paredes de la Casa Episcopal. Embriagado, ultrajó al secretario y, estando arrestado en el cuartel, buscó escapar para dar rienda a las diversiones más reprensibles, según los testimonios. Incluso intentó llevarse sus pertenencias de manera violenta, lo que por los patriotas fue tomado como un intento de fuga y de pasarse al bando de los realistas.

El hecho fue comunicado en un oficio al Obispo Administrador Apostólico de Cusco, fray José Calixto de Orejuela, fechado en Tarma el 15 de diciembre de 1820.

El 28 de noviembre de ese año Tarma había declarado su independencia por acción de 35 fieles tarmeños por orden del general San Martín, quien después hizo lo propio en Lima el 28 de julio del año siguiente.

Autoridades patriotas

El control militar y administrativo de Tarma y alrededores estaba a cargo del general argentino Juan Antonio Álvarez de Arenales, enviado por San Martín a liberar esa estratégica provincia desde el 25 de noviembre de 1820. El comerciante argentino Francisco Paula Otero fue elegido por los vecinos como gobernador de Tarma. Desde esa fecha se nombraron autoridades patriotas en los pueblos cercanos para mantener el control en la zona.

Esta situación hizo que curas como Juan Bautista Gomes y otros personajes y autoridades que habían servido al virreinato buscaran regresar a las zonas donde los realistas tuvieran el control, como en Palca. No obstante, para trasladarse de Cusco a Palca o a cualquier otra localidad ere necesario contar con un pasaporte expedido por las autoridades patriotas. Y este cura rebelde no lo había conseguido.

El pecado del cura

Otro caso relacionado a un cura que figura en un histórico oficio es el de Pablo Marticorena, de la jurisdicción de Chavín de Pariarca, quien por esas confusiones propias de la guerra fue confinado en la cárcel de Huarmey por orden de las autoridades del partido de Huaylas.

El pecado de este cura fue haberse presentado sin el pasaporte de rigor para poder pasar por los controles que tenían los patriotas en diversos poblados camino a Lima, la resguardada capital imperial.

El oficio con el caso de este inocente religioso fue firmado en Lima por el gobernador de Tarma, Francisco de Paula Otero. Aquello fue el 2 de enero de 1821.

El cura Pablo Marticorena era un gran patriota y así fue consignado en el oficio en el que, incluso, por sus méritos se le designó cura provisional de Chongos, zona clave para la independencia en tanto era merodeada por los soldados de Mariano Ricafort, militar español al servicio del virrey José de la Serna en su intento por recuperar la sierra para el virreinato del Perú.

El caso del cura Marticorena está signado también por la falta del necesario pasaporte para que pueda trasladarse de una región a otra sin tener que ser detenido por los realistas o por los patriotas. Confusiones que muchas veces costaban la vida o la prisión. Situaciones no necesariamente fugaces en la existencia de un hombre, en la vida de los que se la jugaban por la libertad.

Estos dos casos están registrados en dos oficios distintos que figuran en la biblioteca de la Universidad de Indiana, Estados Unidos, y cuyas copias fueron entregadas a la Biblioteca Nacional del Perú (BNP). Aquí los damos a conocer en exclusiva.

A continuación el oficio con el caso del cura Juan Bautista Gomes, el cual dice lo siguiente:

“Ilustrísimo señor doctor don fray José Calixto de Orejuela, digno Obispo Administrador Apostólico de Cusco: El clérigo sub diacono don Juan Bautista Gomes hizo en días pasados de la Casa Episcopal con dirección al pueblo de Palca, distante 4 leguas, dio mérito a la orden que libré para su restitución, instruido de aquel suceso por el Secretario de Vuestra Señoría Ilustrísima señor don Francisco Esteves. A los dos días, se me presentó de noche, ebrio, pidiéndome pasaporte para irse al Cusco, cuya solicitud repelí con desagrado, por la falta del debido permiso de Vuestra Señoría Ilustrísima. En seguida fui informado de los escandolosos alborotos que causó en casa de Vuestra Señoría Ilustrísima produciéndose en expresiones ofensivas de su sagrado respeto, y de ultraje al Secretario y familiares. Esta punible conducta, y los anteriores excesos de haber escalado repetidas veces en alta noche, la casa de Vuestra Señoría Ilustrísima para salir, a diversiones reprensibles, ajenas de sus carácter dado margen al justo arresto que de mi orden y con aprehensión de Vuestra Señoría Ilustrísima sufre en el Cuartel para su corrección y escarmiento. Queriendo sacar sus trastes violentamente, lo que dio margen al auxilio que Vuestra Señoría Ilustrísima mandó pedir al Comandante de Armas para contenerlo y por cuyo hecho está arrestado en este cuartel de mi orden, y con aprobación de Vuestra Señoría Ilustrísima. También he oído decir que dicho familiar se salía de noche, por las ventanas a la calle. Es cuanto sé en el asunto. Dios guarde a Vuestra Señoría Ilustrísima muchos años en Tarma. 15 de diciembre de 1820”.

Este es el oficio referido al caso del cura Pablo Marticorena, en el cual se lee lo siguiente:

“Excelentísimo señor. El doctor don Pablo Marticorena, cura de Chavín de Pariarca, se halla confinado en Huarmey por remisión que hizo del presidente de Huaylas sin tener conocimiento de su patriotismo por solo haberse presentado sin los correspondientes pasaportes: el expresado curas es uno de los más decididos patriotas que he conocido antes de la venida del Ejército Libertador y si durante el tiempo que se ha retirado del Departamento no ha desistido por algunos hechos que contienen lo que expongo de merecer de Vuestra Excelencia ordene se le ponga en libertad y se le dé el pase a su doctrina. Por haber estado cierto de su patriotismo lo propuse a Vuestra Excelencia para cura provisional de Chongos lo que se aprobó y no pudo posesionarse del destino por las continuas ocupaciones del enemigo lo que motivó a trasladarse a su curato sin los correspondientes pasaportes cuando ingresó al Cerro el comandante Ricafort. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Lima, 2 de enero de 1821. Francisco de Paula Otero”.

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