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Dos años se retrasó Perú en lograr su libertad, ahora dos siglos que celebra ganar a su primera gran adversidad

“El mejor de los proyectos quedó sin efecto”, reconoció estando frente al Callao el almirante escocés Lord Thomas Cochrane luego que el 19 de marzo de 1819 se echaran por tierra los planes patriotas de bloquear dicho puerto y empezar desde Lima a terminar con el virreinato español

Ese año, en un documento, advirtió que de todos modos acabaría con la escuadra de la monarquía. En 1821, es decir dos años después, junto a miles de patriotas peruanos y extranjeros se cumplió el objetivo de proclamar la independencia nacional

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 30/ 03 / 2020

Los accidentes juegan a favor, o en contra, incluso en la guerra por la libertad. Esta es la evidencia y el testimonio documental de un hecho fortuito que, desarmadas las previsiones, jugó en contra de la independencia peruana y a favor de la monarquía que se negaba a dejar el Perú. Ocurrió el 19 de marzo de 1819, lo cual significó que el esperado objetivo de la emancipación nacional se retrase más de dos años, pues recién en 1821, el 28 de julio, los peruanos lograron proclamar su independencia del imperio español.

El 19 de marzo de 1819 todo estaba listo para que, avanzando desde la isla San Lorenzo, los buques de la escuadra del almirante Lord Thomas Cochrane lleguen al Callao, bombardeen los castillos (fortaleza) del Real Felipe y, con ello, asestaran un golpe fulminante a la mayor defensa militar que ofrecía la monarquía española ante la fuerza naval independentista que había llegado de Valparaíso, Chile, como parte del plan de liberación de dicho imperio europeo en esta parte de América. Estaba en juego la libertad peruana, y la de los demás países de la región.

La estrategia del virrey Joaquín de la Pezuela era no entrar en combate en altamar, sino repeler el ataque de las naves independentistas desde los castillos del Real Felipe a fuego de sus cañones. Cochrane, ante esta situación, junto a los patriotas en su búsqueda de bloquear el puerto del Callao, se preparó y dispuso que sus naves cañoneras arremetan contra este reducto español en las costas del Pacífico sudamericano. Durante 1819 ese había sido su objetivo, a la vez de recorrer toda la costa peruana buscando naves de la monarquía española para apresarlas o destruirlas.

Sin embargo, ese año la estrategia y el entusiasmo se diluyeron cuando en dicha fecha un hecho fortuito desencadenó en una tragedia para los planes de libertad del Perú, objetivo que el año anterior (1818) lo había conseguido Chile, y en 1816 las provincias rioplatenses, actualmente Argentina.

Al igual que el escocés Cochrane, otro protagonista de este hecho fue el inglés Guillermo Miller, capitán de artillería y destacado patriota en el Ejército Libertador de los Andes con el que se logró la independencia de Chile, país en el cual convertido en marino este militar pasó a integrar su armada, obteniendo el mando de la fragata “Lautaro”.

Ambos personajes tenían en común la experiencia de haber luchado a favor del Reino Unido, estar en contra del imperio español y ser cercanos colaboradores en la independencia del Perú del libertador José de San Martín, con quien pasado este lamentable accidente del 19 de marzo de 1819 regresaron el 8 de setiembre, del año siguiente, como parte de la Expedición Libertadora que desembarcó en Paracas junto a cientos de patriotas sudamericanos y de otros territorios.

Recién el 23 de marzo, es decir cuatro días después del suceso, Cochrane pudo reportar el incidente a Chile, puntualmente al Secretario de Estado y Marina, coronel José Ignacio Zenteno. Escribió su informe estando a bordo de la fragata O’Higgins, con la cual se encontraba frente a las costas del Callao esperando una oportunidad de atacar a la fortaleza del Real Felipe. Dicho informe lo estamos difundiendo por primera vez en estas páginas.

Ulteriormente, en esa misiva, Cochrane dio señales a los patriotas que, pese a la fatal circunstancia, no había perdido el optimismo, concluyendo y afirmando en las líneas finales de su escrito que: “En fuerza pues del agolpamiento de tantos embarazos el mejor de los proyectos quedó sin efecto. A las 3 de la mañana del día siguiente nuestros buques dieron fondo sobre la isla (de San Lorenzo). Mientras yo pueda hacer algo con probabilidad, no perdonaré la ocasión en el enemigo corra otro riesgo en la existencia de su marina. 23 de marzo de 1819”.

¿Cuál fue ese histórico accidente?

En su misiva a Zenteno, Secretario de Estado y de Marina de Chile, el almirante Cochrane informó y detalló el hecho calificado de descuido, mencionando incluso a Miller:  

“Desgraciadamente, el día 19 a la tarde, estando el expresado mayor Miller concluyendo su tarea en la Isla San Lorenzo, el descuido de un artillero al atacar un cañón de fusil ocasionó una explosión violenta que abrazó a siete artilleros y al mismo mayor que estaba inmediato, siendo en la mayor parte injuriados, no mortalmente, en la cara y en las manos. Este accidente funesto que nos privaba por entonces de la asistencia de tan recomendable e inteligente oficial y de los demás camaradas, no dejó de influir sobre el desconcierto posterior de la empresa, porque estando muy escasos de oficiales idóneos en todo respecto para la conducción de los buques de fuego, todo se haría más difícil si se separaba alguno importante para el manejo de morteros”.

Y líneas después prosiguió detallando:

“El embarazo también se aumentaba habiéndose observado que el enemigo se había apercibido del proyecto, primero por el sentimiento anticipado que inspira el temor, y luego por algunas relaciones unidas a la observación de nuestros trabajos y buques a su misma vista, con cuyo motivo se apresuró en formar una gran palizada en el mismo surgidero circundándola con cadenas y gruesos cables que resistiesen el embate de todo buque que marease sobre su línea.

A pesar de estos inconvenientes, el proyecto se hacía cada vez más necesario. Completados, pues, los trabajos, solo dependía el suceso de una brisa fuerte. Esta empezó a soplar la noche del 22, el capitán Caster, de la “Chacabuco”, debía conducir la “Barbara”; el teniente Armstrong del “San Martín” estaba encargado de la “Victoria” y el teniente Lonson del “Lautaro tenía el bergantín de la explosión.

El capitán Forster dirigía la bombardera, y la cañonera estaba bajo el cuidado del teniente V. Vinter. Los buques de la Escuadra deberán tomar las posiciones que asigné a cada uno para flamear al enemigo, proteger la aproximación de los de fuego, y apresar a los que pudiesen escapar del incendio”.

A la vez que Cochrane lamentó que los españoles se percataran de la explosión, y que a partir de ello los realistas para defenderse en el Callao armaron unas palizadas con cadenas y cables, buscando así impedir se aproximen los buques libertadores y desembarquen en las costas de la capital peruana, es aquí donde a la fatalidad suscitada por los errores humanos ya especificados, se sumó otra fatal incidencia, esta vez ocasionada por el clima, también reportada por este almirante escocés.

Informó este veterano marino que la medianoche del 22 de marzo el viento disminuyó su fuerza e impidió que la fragata ‘O’Higgins’, que él comandaba, no se pueda mover hacia el puerto del Callao, a lo que se agregó que las naves “San Martín” y “Lautauro” no pudieran aparecer y ejecutar la parte del trabajo que se había planificado, es decir bombardear el puerto de la capital del virreinato. La cadena de eventos contra la libertad peruana estaba echada.

El testigo Cochrane lo reportó de la siguiente manera:

“A las doce de la misma noche con una fresca brisa se elevó ancla, y empezaron a moverse los buques de fuego y bombardera hacia la línea enemiga. Por una fatalidad inexplicable solo la “O’Higgins” les seguía de cerca, sin que pudiera imaginarse la causa por que tardaban el “San Martín” y el “Lautaro” en tomar la situación que anticipadamente debían ocupar para que el plan tuviese un feliz resultado.

El viento mismo comenzó también a aflojar, y un centinela enemigo no tardó en hacer la señal de cohetes de luces, en consecuencia de la que rompieron el fuego los castillos y línea naval con toda la confusión de una sorpresa.

El desorden en el que estuvieron en aquellos momentos los enemigos, cuyos gritos y apuros eran perceptibles, hubiera ciertamente favorecido la empresa; pero la sensible tardanza del “San Martín” y el “Lautaro” tanto como el abatimiento de la brisa, no precisaron a hacer la señal de volver todos en vuelta de fuera; como lo efectuaron sin el menor daño, a excepción del bergantín de explosión, al que estando muy aterrado y próximo tuvo a bien pegar fuego el teniente Louson y lo echó a pique sobre la costa, enfrente de los castillos, y es más probable que el comandante de ellos sorprenda al virrey con la relación de las buenas punterías con que hizo hundir dicho buque”.

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