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El cacique Pumacahua y el esclavismo de negros en el Cusco, vendieron en 650 pesos a una madre y sus dos hijos de su ‘propiedad’

María del Carmen (40) y sus hijos Isabel (9) y Rudecindo (4) pasaron por un peritaje y fueron rematados por 650 pesos. La Real Audiencia de Cusco y el Cuartel General del Ejército en 1815 estuvieron a cargo de su cotización y venta en su condición de “tres piezas de esclavos”. Estas personas habían sido ‘propiedad’ del cacique de Chinchero, en el Valle Sagrado de los Incas. Pasaron a formar parte de los ‘bienes’ de la administración virreinal

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 19 / 03/ 2020

En Chinchero nació Pumacahua en 1740.

Con la siempre protocolar y, tal vez, sentida expresión “Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años”, se cerró por documento una de las transacciones comerciales de humanos hasta ahora desconocida de la historia peruana de principios del siglo XIX: la de tres esclavos a favor del fisco virreinal en junio de 1815, es decir durante la administración del más fiel y creyente servidor a la monarquía católica, el virrey José de Abascal.

Los tres esclavos habían ‘pertenecido’ nada menos que al cacique Mateo Pumacahua, los cuales pasaron por un peritaje del especialista y, accediendo al mejor postor, fueron rematados por un total de 650 pesos. Su ‘dueño’, el cacique de Chinchero, es decir el cusqueño Pumacahua, tres meses antes había muerto decapitado por orden de dicho virrey.

Dicho cacique había sido capturado en Sicuani por liderar en 1814 la revolución en Cusco contra la monarquía y mostrarse a favor de la soberanía del Perú a través de una reveladora carta. El hasta entonces ungido en defensor de lo que había sido el imperio inca, de sus tierras y otras propiedades, fue ejecutado el 17 de marzo de 1815.

Pumacahua, que también había sido cacique de Huayllabamba, Maras, Sequecancha y Umasbamba, en 1815 tenía 74 años de edad; unas tres décadas antes, exactamente en 1781, había sido reconocido por la monarquía por haberla ayudado a capturar al rebelde cacique de Tinta, Túpac Amaru II, a su esposa Micaela Bastidas, hijos y demás peruanos que llevaban sublevados desde 1780 en Cusco, remeciendo el imperio desde el llamado ombligo del mundo.

El cacique Pumacahua es recordado por estos dos eventos históricos, y es por ello que tiene seguidores y detractores a más de dos siglos de transcurridos los hechos.

Lo que se desconocía, y aquí por primera vez mostramos el documento probatorio, es que había sido ‘propietario’ de tres esclavos, y que tras su muerte el ejército español procedió a la venta de estas personas tal como se informa aquí, por su número y condición, en calidad de “tres piezas de esclavos”, que desde la muerte de su llamado dueño “andaban vagantes en esta ciudad” del Cusco.

Aquí la transcripción de este documento que obra en los archivos nacionales:

“Cuartel General del Cusco, junio 8 de 1815. Obtense en la Tesorería Militar los seiscientos cincuenta pesos por el señor regente don Manuel Pardo sacando la correspondiente certificación que sirva suficiente documento de propiedad de los esclavos que se citan. Tres piezas de esclavos, la primera María del Carmen y dos hijos de esta, Isabel y Rudecindo, de nueve y cuatro años de edad, que andaban vagantes en esta ciudad, y las recogí como pertenecientes al finado insurgente Mateo García Pumacahua mandé tasar con el comerciante y perito don Gregorio Ponce, que las ha evaluado en seiscientos pesos, se informará V.S. de la misma diligencia que original incluyo.

Siendo indispensable que se proceda a la venta de dichas piezas como pertenecientes al Fisco de Su Majestad, pongo en noticia de V.S. que el señor don Manuel Pardo, regente de la Real Audiencia de Cusco, es el mejor postor que se ha hallado pues ofrece cincuenta pesos más sobre el precio de la tasación. Y para que se proceda a las respectivas diligencias espero que V.S. me avise en contestación lo que deba hacer sobre el particular, para que el caso de hacerse a la venta quede asegurado el comprador con la aprobación de V.S.

Dios guarde a V.S. muchos años. Cuartel General del Cusco, y Tesorería del Ejército, junio 7 de 1815. Francisco de Noriega (firma)”.

Y en este documento de venta de los tres esclavos se lee también:

“Don Gregorio Ponce, del comercio de esta ciudad, pasará a casa del señor don Manuel Pardo, regente de esta Real Audiencia, a tasar tres esclavos pertenecientes al insurgente Mateo Pumacahua y practicada a continuación bajo el juramento me devolverá a la mayor brevedad por convenir al servicio de Su Majestad. Cusco 6 de junio de 1815. Firma: Francisco de Noriega”.

El perito Gregorio Ponce, en su escrito sobre esta venta, refirió:

“Inmediatamente que recibí la orden que antecede, pasé a casa del señor regente de esta Real Audiencia, don Manuel Pardo, de cuya orden se me pusieron de manifiesto tres esclavos que dijo haber sido del insurgente Pumacahua, a saber una esclava llamada María del Carmen al parecer mayor de 40 años, una hija suya llamada Isabel de edad, como de nueve, y el otro también hijo suyo llamado Rudecindo, al parecer de cuatro años de edad, y reconocidos todos con la prolijidad que exige el desempeño de este encargo, concibo que a mi leal saber y entender la madre no vale más que trescientos pesos, la hija Isabel ciento cincuenta y el hijo Rudecindo, ciento; los que por todo importan seiscientos por el bien entendido de que ninguno de los dos muchachos ha tenido viruela, lo que ratifico bajo la religión del juramento como se me previene en la citada orden. Cusco, 6 de junio de 1815. Gregorio Ponce”.

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