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Las cartas de la traición. Timotea Carlos y Gregorio Rivera, los esposos indígenas a favor del virreinato español

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 08/01/2020

“Hice presente que mi marido era un fiel vasallo al rey”, argumentó Timotea Carlos para así intentar convencer a los militares españoles que Gregorio Rivera no era un desertor ni independentista y que, por tanto, no merecía estar preso por traidor. Su esposo estaba a favor del virreinato. 

“Es un indio contribuyente del pueblo de San Cristóbal de Huañec, de la jurisdicción del partido de Yauyos”, agregó la señora, lo que finalmente propició que incorporen a Gregorio Rivera a las tropas monárquicas para que luche contra los soldados patriotas que buscaban independizar al Perú del colonialismo dirigido desde España por el rey Fernando VII.

Timotea Carlos, la esposa, dejó dos cartas como testimonio de su lucha legal por convencer de la lealtad de Gregorio Rivera al imperio español en momentos en que, procedentes de los pueblos de Yauyos, ingresaban a Lima diversos comerciantes para ofrecer sus productos.

Las cartas de la esposa están fechadas el 8 y el 21 de mayo de 1821,  misivas que ella presentó al Subinspector del Ejército Español, Antonio Paz, y al comandante del Batallón Cantabria, Agustín James, batallón al que había sido incorporado Gregorio Rivera para que sirva a los ejércitos del virrey José de la Serna.

Asiduo contribuyente

Gregorio Rivera era un comerciante de ganado que abastecía a los habitantes de la ciudad de Lima. Según su esposa si se consultaba a la Contaduría General de Contribución, se podía confirmar que la acusación de traidor al reino de España era un error, un malentendido, pues su esposo era un asiduo contribuyente a las arcas imperiales, las cuales permitían sostener el virreinato y enviar fondos al rey español. 

¿Podía Gregorio Rivera ser un contribuyente realista y a la vez servir a los patriotas? Es decir, ¿podía trabajar para los dos bandos? El propio general José de la Mar denegó y rubricó el pedido de la esposa señalando que “por lo que resulta del anterior informe, no ha lugar a la exclusión del servicio del marido de la suplicante Gregorio Rivera”.

¿A qué informe se refirió la Mar? Se refirió al informe respecto a este mismo caso (el de Gregorio Rivera) que le fue presentado por los ya mencionados Antonio Paz y Agustín James.

El informe es del 19 de mayo de 1821,  fecha en que la Mar aún servía militarmente a las tropas realistas, siendo una de sus máximas autoridades después del virrey la Serna.

La Mar recién se pasó al bando de los patriotas el 19 de setiembre de ese año, fecha en que tuvo que firmar la capitulación del Callao, con lo que la fortaleza de Real Felipe pasó a dominio del ejército del libertador de José de San Martín, integrado por cientos de soldados peruanos y extranjeros. 

Timotea Carlos presentó una segunda carta, dos días después de la decisión de la Mar, es decir el 21 de mayo de ese año. En ella señaló que: “Por una falsa impostura de los émulos de mi marido se les fulminó ser adicto a la patria, insurgente fue aprehendido por las tropas nacionales y traído al Batallón de Cantabria. No es así excelentísimo Señor, jamás ha pensado el expresado mi marido en tan errados procedimientos, sino antes al contrario siempre ha sido fiel al Rey”.

El caso de Timotea Carlos y Gregorio Rivera se cerró el 25 de ese mes de 1821 cuando volvieron a escribir, de puño y letra, sobre el papel en que se había redactado dicha carta: “Por lo que resulta de los antecedentes, no ha lugar la solicitud interpuesta. (Firma) Acebal”.

¿Dónde queda San Cristóbal de Huañec? Es uno de los distritos de Yauyos, provincia que fue creada por San Martín el 4 de agosto de 1821 como parte del departamento de Lima. No obstante, es una población cuyo origen es de tiempos prehispánicos. En quechua, huañec significa muerto. Se ubica a 3,200 metros sobre el nivel del mar.

A continuación, la primera carta de Timotea Carlos, en la que señaló que:

“Excelentísimo señor: Timotea Carlos, mujer legítima de Gregorio Rivera indio contribuyente del pueblo de San Cristóbal de Huañec de la jurisdicción del partido de Yauyos en la mejor forma de derecho digo: Que le expresado mi marido se hallaba en esta ciudad trayendo ganados para el abasto público, y teniendo noticia que en los pueblos de aquella provincia andaban los insurgentes y que podrían tal vez llevarse las reses que tenía en su pueblo, trató de recogerlas y traerlas a las inmediaciones de esta ciudad y para ello se presentó a V.E. pidiendo el respectivo pasaporte para aquella traslación que se le libró ahora dos meses más o menos, y con este documento de resguardo se puso en camino, sin que nadie se lo impidiese.

Llegado a un pueblo lo hallo tranquilo, de que dio gracias a Dios, y como en dicho pueblo los que gobiernan son los alcaldes y se sirven de los indios para cualesquiera ocurrencia, habiéndolo mando al pueblo de Yauyos las tropas del rey lo aprehendieron, e hizo ver que su venida a Yauyos no era cosa de infidencia pero no faltó quien lo conociese y dijese que era vecino de esta ciudad y como tal lo detuvieron y trajeron en estos días al cuartel de Cantabria suponiendo ser desertor.

Luego que supe su traída y motivo de aprehensión, hice presente que mi marido era un fiel vasallo al rey, y que sin embargo de tener certificación de la contaduría de contribución de indios, donde constaba ser actual contribuyente hizo algunas fatigas de fagineros que como era servicio del rey, no se excusaba, y cuando los comisionados de reclutar gente para tropas, lo encontraban luego que presentaba dicha certificación, lo dejaban libre y de esto no ha sacado ningún fruto, y las esperanzas que me dan es de que ocurra a V.E. que indagado el hecho de la verdad decretaría la soltura de mi marido inteligencia a usted pido y suplico se sirva mandar que informe al Comandante que ha venido de Yauyos y que trajo en calidad de desertor al indicado mi marido sobre el hecho de la verdad y oyendo a la Contaduría General de Contribución sobre la calidad de ser contribuyente se sirva mandar se le ponga en libertad en el día, libre y son costas por ser de justicia. Timotea Carlos. Lima, 8 de mayo de 1821”.

A continuación, la segunda carta de Timotea Carlos, en la que señaló que:

“Excelentísimo señor: Timotea Carlos, mujer legítima de Gregorio Rivera, indio contribuyente del pueblo de San Cristóbal de Huañec en el partido de Yauyos ante V.E. con mi más profundo respecto parezco y digo: Que por una falsa impostura de los émulos de mi marido se les fulminó ser adicto a la patria, insurgente fue aprehendido por las tropas nacionales y traído al Batallón de Cantabria.

No es así excelentísimo Señor, jamás ha pensado el expresado mi marido en tan errados procedimientos, sino antes al contrario siempre ha sido fiel al Rey, pero detengamos un momento el discurso, y demos caso que por la fuerza de los insurgentes se le hubiese encontrado por donde ellos andaban, no estaba en el caso de hacer ninguna fuerza contra nuestras tropas.

Cualquier sospecha que se le atribuya se puede tener por involuntaria, y aquí es llegado el caso el que tenga efecto el perdón que V.E. le franquee libertad para que pueda trabajar para mantenerme a mí y a mi hijo por lo que viéndome joven y cobijada de necesidades que son consiguientes podré quebrantar la fidelidad para con los indios no ha de permitir llegue este caso, y un individuo como mi marido no hace falta en el ejército y si hace falta a las obligaciones a que está constituido para mantener a su mujer e hijos en cuya consideración a V.E. pido y suplico tenga piedad de mi súplica providenciando la libertad de mi marido por los fundamentos expuestos como son de justicia, etc.

Otro sí digo: Que sobre esta mi libertad ha informado el Señor Sub Inspector General y espero que uniendo este recurso a él provea como llevo solicitado ut supra.  Timotea Carlos. Lima, 21 de mayo de 1821”.

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