martes, septiembre 21, 2021
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El rector al que no dejaban renunciar, Rodríguez de Mendoza y la educación de los aristócratas

Toribio Rodríguez de Mendoza, hijo predilecto de Chachapoyas, su tierra natal. Gran precursor de la independencia.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN 

PERÚ BICENTENARIO 

Una carta suya que aquí se presenta por primera vez reivindica la integridad del ideólogo independentista Toribio Rodríguez de Mendoza.  A través de ella, se puede conocer que tuvieron que pasar 27 meses para que su renuncia al cargo de rector del Real Convictorio Colegio de San Carlos fuera aceptada por una alta autoridad que el imperio español tenía administrando el Perú.

Decimos reivindica porque gran parte de sus biógrafos han dejado un velo de duda al señalar que este gran personaje de nuestra historia tuvo que dejar el cargo solo después que dicho centro de altos estudios entrara en crisis institucional, cuando este  merecía ya ser reformado y justo cuando estaba por ser cerrado.

El sacerdote y educador Rodríguez de Mendoza le había hecho saber en su oportunidad a los virreyes José Fernando de Abascal y a Joaquín de la Pezuela que no estaba en condiciones de seguir conduciendo dicho convictorio. Al primero se lo dijo el 11 de febrero de 1815, y al segundo el 12 de mayo de 1817. La carta que aquí publicamos da cuenta de ello y de otros importantes pormenores.

No obstante, Abascal partió el 13 de noviembre de 1816 para su país sin resolver el pedido luego que a principios de ese año recibiera el oficio imperial con su cese de funciones y el mandato de que regresara a España, donde moriría el 30 de junio de 1821, justo un mes antes de que en Lima los patriotas proclamaran la independencia del Perú. El también conocido como el primer marqués de la Concordia Española del Perú, había sido el más alto gobernante del virreinato peruano de 1806 a 1816.

47 años funcionando

El virrey Pezuela absolvió la solicitud el 30 de mayo de 1817 y nombró en reemplazo de Rodríguez de Mendoza al doctor Carlos Pedemonte, quien también era parte administrativa de dicho convictorio, el cual cerró sus puertas en octubre de 1817 tras 47 años en funcionamiento, más de 30 de los cuales bajo el rectorado de este precursor ideológico de la patria peruana.  El centro había empezado su funcionamiento como tal el 15 de junio de 1770 a partir del decreto que diera el virrey Manuel Amat y Junient. Antes de esa fecha, sirvió de residencia a los estudiantes de la Universidad Mayor de San Marcos.

En 1822 las autoridades republicanas dispusieron su reapertura dejando atrás la disposición elitista que solo debía servir para los hijos de las familias aristocráticas, tal como lo había sido durante la época colonial.

En dicha carta, dirigida a Pezuela, Rodríguez de Mendoza le dice a este virrey: “Me descarguen de un peso tan insostenible, y que me hacía perder tanto de mi reputación. No tuvo por entonces éxito mi solicitud, sucesivamente se han ido aumentando más las urgencias, porque los recursos sugeridos por mí en aquel día fueron precarios y débiles… Por mi avanzada edad, y los progresos de mi quebrantada salud, siempre débil y enfermiza, renové de palabra ante vuestra excelencia mi anterior solicitud y pedí se sirviera relevarme del cargo que hace treinta y un año que lo sirvo”.

Rodríguez de Mendoza murió en Lima el 12 de junio de 1825, y pudo ver el fin del imperio español en el Perú tras ser vencidos los realistas por los patriotas en la batalla de Ayacucho en 1824.

Había nacido en Chachapoyas (Amazonas) el 17 de abril de 1750. Durante sus 75 años de vida, vivió la transición entre el virreinato y el inicio de la república, pasando por la guerra de la independencia encabezada por los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar junto a miles de peruanos patriotas que lucharon por la libertad.

El aporte de Rodríguez de Mendoza fue en el campo del pensamiento, en la lucha ideológica, a partir de la cual se configuraron parte de los ideales libertarios que influyeron en la emancipación del Perú y de América.

A continuación la carta de Rodríguez de Mendoza al virrey Pezuela, y la respuesta que este dio aceptando la renuncia al cargo de rector:

“Señor Joaquín de la Pezuela: El embargo de tres setecientos sesenta y cinco pesos de sus resultas situadas en esta reales cajas, y en la Real Aduana en el año de 1814 a pesar de la equidad y justicia, dejaron al colegio en la imposibilidad de satisfacer a los vicerrectores y maestros sus respectivas asignaciones y alimentar decente, y frugalmente a los colegiales de aquí la deserción de los individuos más útiles para el gobierno de la enseñanza de aquí, en fin, la relación de la disciplina, esto es la poca subordinación y la suma dificultad de contener el desorden, los pocos estudiantes que ingresasen, y la multitud de los que salían.

Estas causas tan tristes y funestas, como eficaces, me obligaron a pedir el día 11 de febrero de 1815, al Excelentísimo Señor Marqués de la Concordia me descarguen de un peso tan insostenible, y que me hacía perder tanto de mi reputación. No tuvo por entonces éxito mi solicitud, sucesivamente se han ido aumentando más las urgencias, porque los recursos sugeridos por mí en aquel día fueron precarios y débiles.

Por escrito y de viva voz he informado a vuestra excelencia de tan lamentable situación de este colegio tan floreciente antes de esta época.

Y aunque de la misma imposibilidad de ordenar y mantener el colegio ha resultado el no poder mantenerme cómodamente en las presentes circunstancias, según la exposición verbal que tuve el honor de hacer a vuestra excelencia, con todo importando más bien el público que el mío, por mi avanzada edad, y los progresos de mi quebrantada salud, siempre débil y enfermiza, renové de palabra ante vuestra excelencia mi anterior solicitud y pedí se sirviera relevarme del cargo que hace treinta y un año que lo sirvo.

Estrechando de este mismo deseo, lo hago por medio de este reverente escrito esperando como debo de la notoria bondad, y justificación de vuestra excelencia me otorgue gustoso su aceptación.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años, y bendiga su gobierno para felicidad de este reino.

Lima, mayo 12 de 1817. Excelentísimo señor doctor don Toribio Rodríguez de Mendoza”.

Esta es la carta en la que Pezuela le anuncia a Rodríguez de Mendoza sobre su decreto aceptando su renuncia:

“Don Toribio Rodríguez de Mendoza. En fuerza de las justas causas que alega el señor canónigo recurrente se le admite la renuncia del rectorado del Convictorio de San Carlos y se nombra al doctor don Carlos Pedemonte prepósito de la congregación del oratorio, para sucederle a que se pasará al efecto el correspondiente oficio, así como se verificará con el primero, contestándole a la presente consulta el tenor de esta providencia, e insertándose copias de ambos, agréguese todo el expediente de la reforma del referido colegio. En fuerza de las justas causas que así de palabra como por escrito me tiene vuestra señoría representada para que  le admita su formal y espontánea renuncia del rectorado de este convictorio de San Carlos, que por más de 30 años ha servido para satisfacción del público, he venido y deseando vivamente la reforma, restablecimiento y prosperidad del convictorio, y el acierto en la elección de nuevo rector.

He tenido también presente cuanto vuestra señoría me ha informado acerca de las excelentes cualidades del padre don Carlos Pedemonte, prepósito actual de la congregación del oratorio y le tenga nombrado de rector de ese colegio lo que pongo en noticia de vuestra señoría para su satisfacción, y los efectos así de su renuncia como de mi citado decreto.

Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Joaquín de la Pezuela. Lima 30 de mayo de 1817”.

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34 Comentarios

  1. Gilberto Miranda

    La verdad desconocida y que hace justicia a Rodríguez de Mendoza. Felicitaciones Italo por enriquecer la nueva imagen del CPP.

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