sábado, julio 31, 2021
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El primo de Túpac Amaru se rebeló en Huarochirí y también tuvo la peor de las muertes

Desconocido su sacrificio por la mayoría de peruanos, aquí damos a conocer cómo este cusqueño se organizó para enfrentar al imperio español en 1783

En Lima fue ahorcado, decapitado y sus cenizas echadas al río. Solo a su corazón le dieron sepultura 

El mundo andino puso tenaz resistencia a los abusos de la monarquía española, logrando mantener su cultura. Foto: Andina.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO

Imposible referirse al logro de la independencia peruana sin destacar el sacrificio que hicieron los peruanos muchos antes de 1821. Al difundido caso en Cusco de la rebelión de José Gabriel Túpac Amaru en 1780, se debe anotar el de Huarochirí en 1783 protagonizado por el cusqueño Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, quien también por rebelarse fue ahorcado y descuartizado junto a varios de sus seguidores.

En el pueblo de la Ascensión, en Huarochirí, este patriota nacido en Cusco convocó el 30 de mayo de 1783 a los habitantes a formar un ejército para dirigirse a Lima a liberar a su familia los Túpac Amaru, detenidos en la capital del virreinato a fin de impedir que promuevan nuevas insurgencias toda vez que eran considerados herederos de los emperadores incas.

Esta información consta en el Archivo General de Indias de Sevilla, en la sección referida a la Audiencia de Lima, información cuya copia guarda la Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú luego que la solicitara a dicha institución en España. A cargo de dar a conocer esta información estuvo en los años ochenta del siglo pasado, el teniente coronel Alejandro Seraylán Leiva.

El primo

Es así que se puede conocer que un español, Miguel García, residente en el pueblo de la Ascensión enterado del plan de Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, intenta capturarlo pero fracasa y antes de ser detenido por los partidarios de este logra huir al pueblo de Carampoma, pasando el valle de Santa Eulalia.

Al día siguiente, es decir el 31 de mayo, Felipe Velasco Túpac Inca Yupanqui, primo de José Gabriel Túpac Amaru, ordenó a través de una comunicación que se le unieran los caciques y alcaldes de los poblados cercanos para, juntos, ir a Lima. Acudieron los alcaldes de Laraos y Carampoma.

Al pueblo de San Pablo de Chauca llegó Ciriaco Flores, enviado por este descendiente de los incas para reclutar gente que se uniera  a la lucha contra los representantes de la monarquía española. También optaron por la rebelión los pobladores de Otao, San Pedro de Casta, Chauca, Jicamarca, Chacta y Collata.

El 2 de junio el español Miguel García llegó a Lima y avisa a los funcionarios virreinales, siendo el corregidor Felipe De la Carrera quien debe hacer frente a la rebelión de los peruanos, logrando capturar en Carampoma a este líder de los insurgentes y el día 6 entregarlo en Lima al virrey Agustín de Jáuregui, quien dispuso que el Alcalde del Crimen, José Rezabal y Ugarte, le abra juicio, así como a los demás comprometidos en la causa patriota.

En la puerta de Maravillas

Del 6 al 14 de junio duró el proceso a Felipe Velasco, Ciriaco Flores y demás insurgentes. El 28 la causa pasó al virrey Jauregui, quien el 4 de julio pronunció sentencia tal como consta en el Archivo General de Indias, a saber:

Que Felipe Velasco “sea sacado de la cárcel y prisión en que se había, atado de pies y manos, sea arrastrado por las calles públicas y luego sea puesto en la horca, y colgado por el pescuezo hasta que muera.

Verificada la sentencia sea descuartizado y puestos sus cuartos en los caminos y su cabeza en jaula de hierro sea puesto, para ejemplo, en la puerta de las Maravillas y lo que resta del cuerpo sea quemado en la hoguera y reducido a cenizas, se  arrojaron al río por manos del verdugo, sacándole antes el corazón para darle cristiana sepultura”.

Que Ciriaco muera en la horca, y luego sus extremidades sean puestos “en los lugares acostumbrados” así como confiscarle sus bienes y declarar infames a sus hijos y nietos.

Que Manuel Silvestre Rojas, Nicolás Almendras y Juan Tomás Palomino reciban 200 azotes “que les sean dados en la forma ordinaria, por las calles públicas y acostumbradas” y, asimismo, a 10 años de presidió en el África.

Que Felipe Gonzales Rimay  Cochachina también reciba la condena de “10 años de presidio en África”.

Que Sebastián Rojas pase 4 años de presidió en Valdivia (Chile) y Domingo Fernández 4 años de presidio en el Callao.

Que Manuela Marticorena, pareja de Felipe Velasco, pase 10 años de reclusión  en el beaterio “que diste 20 leguas de Lima”.

Jaula de hierro

El 7 de julio, se ejecutó la sentencia a Velasco y Ciriaco Flores. Ese día fueron sacados de la cárcel y “arrastrados a la cola de dos mulas de alabarda, se les condujo a la Plaza Mayor de Lima, donde se hallaba puesta una horca de tres palos”. Fueron descuartizados.

La cabeza de Felipe Velasco se puso en una jaula de hierro, y “se le mandó clavar en la puerta de las Maravillas, y los demás cuartos en todas las portadas de la ciudad”.

Su cuerpo fue llevado al “tajamar del Río Grande (Rímac) donde se había dispuesto una hoguera con mucha leña y se les quemó hasta que a fuerza del fuego se convirtió en cenizas, las que posteriormente se arrojaron a las corrientes de dicho río”.  

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