miércoles, octubre 20, 2021
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La escuela de la élite peruana, su moral y su ley. Hace dos siglos (casi) nada quedaba impune

Foto: Freepik.

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO

Cuatro años antes que la independencia del Perú fuera proclamada en 1821 desde Lima, ya había cerrado sus puertas el ahora controversial Real Convictorio de San Carlos, uno de los colegios que el imperio español tuvo en Lima. Ello fue en octubre de 1817, y durante los 47 años que estuvo en funcionamiento acogió en calidad de internados a los hijos de las familias aristocráticas así como, excepcionalmente, a los de condición humilde de la capital y de provincias que lograban ser becados.

El colegio carolino había sido habilitado para funcionar el 15 de junio de 1770 a partir del decreto que diera el virrey Manuel Amat y Junient. Antes de esa fecha, sirvió de residencia a los estudiantes de la Universidad Mayor de San Marcos. En 1822 las autoridades republicanas dispusieron su reapertura debido a su gran infraestructura, la cual se aprecia en el centro de Lima, cerca al Parque Universitario.

No obstante, para apreciar y conocer cómo funcionaba este colegio carolino aquí presentamos un histórico documento que da cuenta de las duras reglas generales y específicas que los jóvenes debían cumplir para no ser castigados o hasta expulsados de la institución, lo cual dependía de la gravedad con que las autoridades calificaban las faltas. Su primer rector fue José Lasso y Mogrovejo, y el último, el precursor de la independencia, Toribio Rodríguez de Mendoza, con quien se da el cierre de este convictorio clave en la historia de la educación impartida a los peruanos mientras la colonia se resistía a dar paso al nacimiento de la república. En él se impartían los cursos Teología, Física, Matemáticas, Leyes, Filosofía y Latín.

El estricto reglamento está fechado el 8 de marzo de 1816 y firmado por el vicerrector y secretario Manuel José del Solar. Cuenta con el visto de José Herrera y Senmanat, escribano mayor de Gobierno durante la gestión del virrey Joaquín de la Pezuela. Es este funcionario el que da conformidad con su firma a este documento en cuanto informa que su normatividad se ciñe a los ideales fundacionales del colegio contenidos en el Libro de Creación, suscrito en 1771, es decir al año siguiente en que el virrey Amat y Junient decretó su funcionamiento.

El reglamento contiene 23 capítulos, 8 de los cuales están referidos a las sanciones y castigos que deben aplicarse a los alumnos por sus malas conductas, vicios, faltas y otros comportamientos estipulados como inadecuados.

En este orden, los 4 primeros están referidos a castigar la injuria (incluye reclusión por sátira y por ejercicio profesional de ser deslenguado), la falta de honestidad (considerado un vicio que merece pena de deshonra, expulsión y cárcel), el juego (los incorregibles en dados y cartas debían abandonar el colegio), y el consumo de cigarro (la penitencia quedaba a discreción del rector).

Los otros 4 capítulos se refieren al hurto (penitencia y despido según gravedad), a la burla (de rodillas y sin comida), al tratamiento de los criados (queda prohibido golpearlos, pero…), y  entrada a las celdas (prohibido que dos alumnos estén solos en el mismo lugar).

Cada capítulo contiene reveladoras situaciones que detectadas, debían ser corregidas según mandaba el reglamento. A continuación, los presentamos para que el lector juzgue

De las palabras injuriosas

“El trato injurioso de palabras es grave delito muy perjudicial en las comunidades, y aún en las repúblicas, no hay cosa más odiosa que un hombre verboso, dicaz y que hace profesión de deslenguado. Este vicio se contrae de ordinario en las escuelas, en las aulas, en los colegios, y en los demás congresos de jóvenes, en los cuales se toma con donaire la sátira, por valentía el con vicio impropio, por ejercicio propio de grandes caballeros al hablar frecuentemente de linajes rebajando a sus prójimos o descubriéndoles los que tiene ocultos el tiempo o borrados de la memoria común, el olvido; por eso una de las principales atenciones de esta casa, debe ser que en ellas se formen unos republicanos, en quienes no haya vestigios de estos vicios, para que haciéndose amables al común de las gentes, que de contrario resulta a la sociedad, y la ruina de las almas que de los que hacen aviso y naturaleza la procacidad y deseando de proveer de oportuno remedio a daño tan pernicioso, mando que se excusen aun en privados congresos conversaciones de familia, y comparaciones de linajes descubriéndose defectos unos a otros en inteligencia, que el que fuere comprendido en esta falta será castigado con severidad a arbitrio del superior que se la justificará. Ninguno osará denostar a otro o decirle en su cara algún dicterio difamatorio apodo o mal nombre que le cause pesadumbre, estando cierto que el que cometiese tan grave demanda se le corregirá con los dos días de reclusión y cosas aflictivas penitencias que el rector tuviere por bastante hasta expulsarle de este real colegio si s ele probare incorregibilidad o despecho”.

De la Honestidad

“Nadie osará decir palabras impuras, ni hacer acción alguna contra la honestidad, vicio tan abominable en esta real casa, que no se permitirá parvedad de materia, la más leve falta será corregida sin distinción de personas, grados, clases ni edades. No se señalan penas porque no habrá alguna que se excuse con proporción a la gravedad del delito, que tanto se desea en esta casa destinada para la educación de algunos jóvenes ilustres a quienes el propio honor debe ser el más poderoso estímulo para evitar tan feas notas, y puede llegar el caso de que se le despida de este Real Convictorio, con la ignominiosa ceremonia de despojarle de traje en la presencia de todos los de la comunidad por mano de un sirviente en la portería, el cual será entregado el que así delinquiese al juez, que su excelencia destinará, a quien antes se le habrá dado cuenta prolija del caso para que la proporcione en alguno de los presidios del reino, mayor castigo, quedando severamente advertidos de que serán penados severamente a arbitrio del rector, los que supieren u oyeren, entendieran alguno de estos defectos y no los denunciaren para que se proceda contra los culpables, sin que teman los denunciantes ser descubiertos, porque desde luego se les ofrece con toda seriedad guardarles secreto natural, y mirarles en lo posible secreto natural, y mirarles en lo posible y justo con especial protección y distinción”.

Del juego

“El juego de dados, cartas y otro cualquiera de suerte, y envite es también un grave delito, y cualquiera que incurriera en el será castigado la primera vez con ocho días de reclusión en alguno de los cuartos de penitencia donde se le alcanzará los alimentos a arbitrio del superior, y por segunda vez se le duplicará el término de la reclusión quedando privado de salir de este Real Convictorio de seis meses lo cual sino bastare a la enmienda y se verificare, tercera relajación será triplicado el castigo, pero sino obstante se mantuviese incorregible despedirá del Real Colegio, aunque no con la ignominia que está prevenido en el capítulos antecedente, porque esta solo es reservada para las culpas graves y abominables contra la virtud de la pureza”.

Del cigarro

“Ninguno fumará cigarro de tabaco ni en los ángulos ni en el propio aposento, ni ajeno ni en otro lugar público o privado, so pena que el que fuere convencido de esta falta será condignamente castigado con las penitencias que el rector arbitrase, no entendiéndose prohibido el uso del tabaco en polvo, porque este no desdice de una buena crianza, ni es ajeno de las personas de distinción”.

Del hurto

“No parece necesario tratar del hurto, porque hasta aquí con mucho consuelo de los superiores se ha advertido en toda la comunidad, y en cada uno de los individuos tanto honor, y generosidad de ánimo que parece que debería designar para un delito, que no es moralmente posible entre los presentes, pero como podría ser que en lo sucesivo viniere alguno, que olvidado de sí y de las obligaciones que deben tener, los que son admitidos en esta real casa se tuviese con tal negro borrón es preciso prevenir este caso aunque sea difícil. Cualquiera que tomare cosa ajena aunque sea de corto valor, contra la voluntad de su dueño será severamente castigado por la primera vez, sin publicar su defecto con estrecha reclusión, ayunos de pan y agua, moderación de salida y otras graves penitencias que tasara y señalara el rector, con arbitrio, con respeto y consideración a la edad, calidad y circunstancias del sujeto, y del caso. Por la segunda, guardándosele también secreto, por consultar caritativamente a su honor, y que en adelante no le sirva de infamia tan denigrante conducta en su niñez, de que siempre queda memoria entre los coetáneos y se esparce en el público, se les duplicará la penitencia no estando exentos de la mayor. Si el suceso fuera tan grave que parezca hacer esta demostración. Por la tercera vez, se hará públicamente el castigo y lo será también la causa o motivo para él, quedando por el mismo caso despedido del colegio, entregándoseles a sus padres si lo tuviere, o a cualquiera otra persona bajo cuya tutela estuviere especialmente si fuere forastero”.

De las burlas

“Era frecuente abuso en el extinguido colegio Martiniano maltratar a los que nuevamente en él, haciendo burlas muy pesadas con que hacían temible el ingreso, y era necesario para evitar este daño que luego que uno se declaraba pretendiente de la beca asegurase la protección de alguno de aquellos que promovían esta hostilidad y por lo regular eran lo más rudos, holgazanes y despreciables, algunos de aquellos cuya índole se ignora en este Real Convictorio, ignorándolo el Rector infundían su grosera propensión, contra todas las leyes de la urbanidad y buena crianza, y aunque con algunas moderadas penitencias era reparado este mal; sin embargo, para que sepan en lo sucesivo las penas en que incurren los que así delinquiesen, serán las siguientes: tres días de reclusión en algunos de los aposentos de penitencia en donde solo se les servirá una vianda al medio día y no más, y en los ocho siguientes se mantendrán de rodillas durante la primera mesa y se les negará la licencia de salir a la calle por todos los meses que el Rector arbitrase, teniendo todos entendido que los que supiesen de estas burlas aunque no concurran a ellas, si no las denunciaren serán también corregidos aunque con más moderadas penitencias”.

Del tratamiento de los criados

“Ninguno podrá maltratar de obra o de palabra a los criados, y sirvientes de esta Real casa, cuyo servicio se haría intolerable, si se permitiese este abuso de cualquier falta notable que dichos sirvientes cometan deberán dar parte al superior para que si fuere muy grave le despida y si no le corrija según su mérito y el que contraviniere a esta orden será castigado al arbitrio del rector”.

De la entrada a las celdas

“Ninguno entrará en las celdas de otro en las horas de vacación y descanso, porque deberán tenerlas o en sus aposentos o en sus ángulos mucho menos tiempo de estudio o a deshoras, después de que se haya hecho señal con la campana para el silencio, y estén apagadas las luces so pena que el que contraviniese, por la primera vez será puesto en la golilla por cuatro horas, y recluso en los cuartos de penitencia por un día natural en donde no se le servirá otro alimento que pan y agua y por segunda y tercera vez se le duplicará o triplicará esta pena aplicándole otras al arbitrio del rector con proporción a las circunstancias de mayor o menor malicia”.

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