Adiós al confort, la primera «normalidad» la cambió el Perú hace dos siglos para conseguir su libertad

Mientras debatían y redactaban la primera Constitución del Perú, hace 200 años los primeros diputados de nuestra historia dieron de baja a través de sus decisiones tres comportamientos que afectaban a la naciente república peruana y, por tanto, a la sociedad en su conjunto. Fueron autoridades de criterio y política liberal que gobernaron el país luego de la guerra por la independencia nacional

 Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 13/04/2020

De motu propio o por mandato legal, cada cierta cantidad de años las sociedades en pro de sobrevivir modifican su «normalidad». En el Perú sobre mutación social hay varios ejemplos, y aquí informamos algunos de hace 200 años, es decir de cuando este país empezó a nacer como república y tuvo que extirpar, al cabo de tres siglos de colonización, costumbres anacrónicas heredadas de la monarquía española y, sobre la base de prueba-error de los gobiernos, corrigió sus primeras decisiones o actuaciones equivocadas. Nada vuelve a ser igual para los ciudadanos.

A continuación, presentamos casos de comportamientos que ya no existen, que fueron desapareciendo desde que en 1823 las autoridades de entonces resolvieron que cada cual, evitando arbitrariedades, ya no tenían lugar en la sociedad peruana por resultar perniciosas. Cambios sociológicos, culturales, que la historia ahora no resiente.

¿Qué hacer cuando por ley o por la fuerza de la costumbre se obliga a un municipio a pagar a una persona para que acompañe a una mujer de su casa a la iglesia, la espere y luego la acompañe a su casa? ¿Quién empezó con esa costumbre? Es caprichosa.

¿Qué decisión tomar cuando una persona solicita para sí una vivienda en los monasterios de Lima, y, además, que se le asigne una pensión vitalicia con que poder subsistir alegando servicios patrióticos? ¿Había que darles a todos los miles de patriotas? Es no tener vergüenza.

¿Qué hacer cuando una persona solicita que se le “retorne su esclavo” pese a que por la moral o por la ley, la esclavitud debió y debe estar prohibida? Eso es inhumano.

Resistencia a perder el confort

Los tres casos de cambios sociales que detallamos a continuación están registrados en las actas de sesiones del Primer Congreso Constituyente del Perú, el cual se instaló el 20 de setiembre de 1822 para darle una carta magna de deberes y derechos a todas las personas naturales y jurídicas que vivían en territorio peruano. Unos 200 años han transcurrido desde entonces, y la sociedad se adaptó a esa y a otras Constituciones y no paró de funcionar.

El Primer Congreso Constituyente del Perú, aun cuando promulgó el 12 de noviembre de 1823 la Primera Constitución peruana, terminó sus funciones el 10 de marzo de 1825, fecha en que quedó en receso.  

Los primeros diputados de ese Congreso, los fundadores de la patria, no le colocaron la lápida a ciertas costumbres «normales» porque estas no mueren en base a leyes, sino que ellos atinaron a extenderles sus partidas de defunción al constatar que no era bueno que situaciones así se repitan por afectar la salud de la nación. En adelante, la adaptación al cambio social quedó en manos de cada peruano.

La historia nacional está plagada de estas enseñanzas, en que la adaptación a los cambios fue o de motu propio o en base a normas que los gobiernos de turno se vieron obligados a dictar, casi siempre a favor de cautelar los recursos económicos, evitando los gastos superfluos tanto en el sector público como privado.

Estos cambios conducen a ir dejando en el camino privilegios de instituciones y personas que, al perder su confort, al principio oponen resistencia y dilatan el cambio de comportamiento que la sociedad requiere para actualizar su noción de bienestar en base a pilares básicos como el trabajo, la educación y la salud.

A continuación, informamos del caso que se vio en la sesión parlamentaria del día 15 de octubre de 1823:

“Se aprobó el informe de la Comisión de Memoriales sobre la representación de la municipalidad del pueblo de Magdalena, suburbio de esta capital, relativa a que se le eximiese de la pensión de acompañar de su casa a la Iglesia y en su regreso a doña María Trinidad Hidalgo, poseedora por falta de varón de cacicazgo de ese pueblo, y en cuya prerrogativa la continuó la Alta Cámara de Justicia, donde se siguió expediente sobre esta regalía, y en que opina la Comisión que dicho recurso debe reservarse hasta que se sancione la Constitución, y extirpen estos abusos”.

Informamos la decisión tomada en la sesión de los diputados del 16 de enero de 1824

“Se vio el dictamen de la Comisión de Premios en el expediente de doña Francisca Caballero que pretende se le dé por la representación nacional una vivienda en los monasterios de esta ciudad, y se le asigne una pensión con que poder subsistir en remuneración de los servicios patrióticos que refiere. La Comisión opinó: “que se ordene al Poder Ejecutivo le proporcione una habitación en cualquiera de los monasterios de esta ciudad, o en la casa de los pobres para que viva en ella; y que respecto a que el estado actual de sus rentas y del Tesoro Público no permite que aquellas ni este le alimenten, se le señale la pensión de 25 pesos mensuales después de concluida la guerra”.

Ese día los diputados, según se puede leer en la transcripción del acta, informaron que “previo un ligero debate, se le asignó a un beaterio y la segunda parte le fue desechada”.  Se levantó la sesión, y firmó el acta el diputado J. Arrese, que en esa fecha estaba de Secretario de la Mesa Directiva del Primer Congreso Constituyente del Perú.

Esta la decisión que los diputados tomaron en la sesión del 30 de enero 1824:

“Se dio cuenta del oficio del Ministro de Guerra con el que acompañó el expediente de Doña Rosalía Acuña, promovido al intento de que se le devuelva un esclavo enrolado en el Batallón Número 3 para que el Congreso pronuncie una declaratoria general que sirva de norte al Gobierno en los casos de igual naturaleza. Se mandó pasar a la Comisión de Justicia”.

A la luz de los hechos, se reconoce que la clave para que la humanidad, y no solo para los peruanos, haya sobrevivido a toda clase de desastres naturales y a las que el mismo hombre ocasionó, fue su capacidad de abandonar su «normalidad», de corregirla y construirse una nueva con menos capacidad de dañar a la sociedad y al individuo, al menos hasta un nuevo cambio.

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