viernes, noviembre 26, 2021
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El último virrey del Perú aseguró que por ingenuidad perdió la batalla de Junín

Representación de la batalla de Junín.

Presentamos la transcripción de un documento escrito y firmado el 30 de agosto de 1824 por este funcionario colonial

Investigación: Ítalo Sifuentes Alemán

PERÚ BICENTENARIO

Esta es quizás la excusa más increíble que un mandatario pudo dar y dejar por escrito tras perder una batalla clave para su vida y el país que gobernó. Se trata de José de la Serna, el último virrey del Perú, cuyas tropas fueron vencidas el 6 de agosto de 1824 en la batalla de Junín, la penúltima confrontación bélica antes de que se pasara a consolidar la independencia nacional y de América el 9 de diciembre de ese año tras la victoria patriota en la batalla de Ayacucho.

El mensaje que dejó por escrito la Serna forma parte del archivo del historiador cusqueño Horacio Villanueva Urteaga, carta ubicada entre los documentos referidos al gobierno virreinal instalado en el Cusco bajo el mando de este virrey que se trasladó a esa ciudad luego que el libertador José de San Martín tomara Lima tras declarar la independencia el 28 de julio de 1821. Desde ahí los españoles gobernaron parte del sur andino peruano para intentar recuperar el virreinato.

El documento del virrey la Serna fue firmado en Limatambo, el 30 de agosto de 1824. Se ubica en la provincia de Anta, en el Cusco. 

En su carta el virrey afirma que los españoles, los defensores de la monarquía, perdieron en la pampa de Junín por un incidente de esos que suelen pasar en las guerras, es decir por una picardía de los patriotas peruanos, colombianos y chilenos que luchando en esa batalla se les ocurrió, para que el enemigo se confiara, decir a viva voz ¡Viva el Rey!, con lo que consiguieron que la caballería realista se distraiga y por crédulos abrieran paso y dejaran reagruparse a los independentistas que, finalmente, vencieron y se quedaron dueños del campo provocando la retirada de los imperialistas.

En su mensaje publicado después de la batalla de Junín, la Serna cita el testimonio del jefe del Ejército del Norte, el general español José Canterac, responsable directo de las tropas monárquicas en esa confrontación en Junín donde en parte se definiría si Perú seguiría siendo libre o empezaba a perder lo logrado y caía nuevamente en poder de España.

Gobernaba el Perú el libertador Simón Bolívar, responsable directo de consolidar la independencia del virreinato español al mando del Ejército Unido Libertador del Perú. Canterac estaba a cargo del Ejército Real del Perú, contando con toda la confianza de la Serna. De un lado, se contaba con 1,000 jinetes, y del otro con 1,300 jinetes, número por el que los españoles se daban por ganadores. El jefe del Estado Mayor del Ejército Unido Libertador era el general Andrés de Santa Cruz.

En su carta, la Serna, dirigiéndose a los peruanos, declara que “bien sabéis que mi divisa ha sido siempre la ingenuidad y la verdad”; tal vez por ello dio por cierto el reporte de sus subalternos según el cual en Junín habían muerto “la Mar, Necochea, Placencia, Soler y otros jefes”. Como se sabe, la Mar llegó a ser presidente del Perú y murió en 1829, mientras que Mariano Necochea murió en abril de 1849.

Los partes oficiales de ambos bandos coinciden en señalar que en dicha batalla 148 soldados murieron del lado patriota, y de los realistas las bajas sumaron 254, todo sin contar heridos y prisioneros.

Leamos por primera vez el mensaje íntegro que la Serna dejó para la posteridad:

“Peruanos: Un incidente imprevisto, de los que suelen ofrecerse en la guerra, ha sido la causa de que el Ejército del Norte haya dejado sus posiciones: habiendo el general en jefe de este ejército encontrado la caballería enemiga en la Pampa de Reyes el 6 del presente, ordenó que la nuestra la cargase, como lo ejecutó con decisión; pero (son expresiones del mismo general) “las voces de Viva el Rey y pasados de que generalmente usaron los enemigos al recibir la carga, ocasionó un pequeño contraste por nuestra parte; pues que demasiado crédulos nuestros soldados, no se sirvieron sus armas contra hombres que creyeron pasados o rendidos: yo aseguro a V. E. que a no ser así, no se hubiera rehecho el enemigo; y aunque este quedó dueño del campo, su pérdida no fue inferior a la nuestra, y me aseguran soldados y oficiales que después de prisioneros se han escapado, que entre los muertos se encuentra la Mar, Necochea, Placencia, Soler y otros jefes”.

Peruanos: he aquí el incidente imprevisto: en consecuencia el ejército se ha replegado en orden; os lo anuncio, porque nada os he ocultado en ningún tiempo, porque nada os he ocultado en ningún tiempo, y porque cualquiera que sea el aparato que los malvados dieren al movimiento retrógrado del ejército, debéis estar seguros, producirán su efecto las medidas que he tomado, así tened presente que el único medio de precaver los males es la unión, y que no se obtienen grandes resultados sin emplear grandes medios.

En fin, peruanos, bien sabéis que mi divisa ha sido siempre la ingenuidad y la verdad, por lo tanto, solo os aconsejo, que recordéis el término que tuvieron los enemigos, que al mando de Santa Cruz y Gamarra se internaron hasta Oruro en agosto del año anterior, porque el tiempo os hará conocer lo demás, pues siendo vosotros como habéis sido modelo de orden público, y protegiendo la Divina Providencia la causa que defendemos, cuento con que el suceso corresponda a mis medidas y deseos. Limatambo, 30 de agosto de 1824. José de la Serna”.

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