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810 muertes dejó la epidemia de 1854, la primera que ocurrió en el Perú independiente

La primera clarinada la dio en 1822 el Ministerio de Guerra del Perú, que alertó de la llegada a Lima de la temida fiebre amarilla, pero la junta del tribunal de médicos descartó esa posibilidad diciéndole al entonces gobernante Torre Tagle: «Ni tienen tendencia, ni hay por donde presumir puedan degenerar en ella. Por tanto, puede reposar tranquilo el ánimo del Excelentísimo Señor Supremo Delegado, cuyo celo y cuidado por la salud pública debe estar satisfecho y sereno con esta Acta del Tribunal encargado de ella”. En la epidemia de 1854 los muertos fueron 810 niños, mujeres y hombres

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 16 / 03 / 2020

El médico Miguel Tafur era el titular del protomedicato del Perú en 1822, esto es al año siguiente de haberse proclamado en Lima la independencia nacional y, supuestamente, con ello acabado todos los males. Sin embargo, era latente la preocupación por la salud pública peruana, la cual quedó a cargo de este protomedicato, institución estatal en funcionamiento muy parecido al de un Ministerio de Salud, en el que trabajan doctores de diversas especialidades, entre ellos epidemiólogos.

El protomédico Miguel Tafur, en reunión realizada en Lima el 9 de febrero de ese año, trató con otros médicos un tema de preocupación nacional: la aparición de la temida fiebre amarilla, y la posibilidad que se convierta en una epidemia de consecuencias lamentables para la población, el bien más preciado para la sobrevivencia de un país, y más aún en esos tiempos en que el Perú estaba naciendo como república y necesitaba de todos los peruanos para hacerse de un futuro.

En esa fecha, de la que han pasado unos dos siglos, los médicos integrantes del Tribunal del Protomedicato se reunieron con Tafur para atender el pedido que el Supremo Delegado de Gobierno, José Bernardo de Tagle, había realizado el día anterior por cuanto había que tomar medidas en caso se produjera una epidemia de fiebre amarilla, tal como por algunos casos detectados había alertado con antelación el Ministerio de Guerra a las autoridades peruanas.

Para cortar el avance

Por ser un tema de interés histórico nacional, aquí por primera vez damos a conocer el acta de dicha reunión del Tribunal del Protomedicato, la cual figura en un documento firmado por Gerónimo de Villafuerte, escribano de esta ya desaparecida institución, y que pertenece al Archivo Domingo Angulo.

“En la Ciudad de Lima, en nueve de febrero de mil ochocientos veinte y dos años y segundo de su independencia. Estado formado el Tribunal del Protomedicato y presentes todos los médicos que suscriben esta, dijo el Señor Proto Médico por cuanto el Excelentísimo Señor Supremo Delegado le había dicho ayer que sabiendo por el Ministerio de Guerra haber en Lima fiebre amarilla, era preciso tomar medidas para cortar el progreso de tan horroroso mal, los había convocado a todos para que según sus observaciones expusiesen si había tal fiebre, y si las que corren tiene algunos síntomas que puedan equivocarlas con aquella, o que hagan temer degenere en ella”.

La preocupación por la fiebre amarilla y la posibilidad que se convierta en una epidemia, tenía sus antecedentes próximos más inmediatos en el año 1818, cuando el virreinato del Perú tuvo que afrontar a esta enfermedad que, por sus manifestaciones, fue llamada ‘vómito negro’. Es producida  por la bacteria Leptospira icterodes, transmitida por la picadura del mosquito Stegomya fasciata, la cual genera fiebre, estreñimiento, vómitos, delirio y hasta la muerte, sino se cura a tiempo.

Uno de los médicos que escribió sobre esa terrible experiencia en la población fue José Gregorio Paredes, precisamente uno de los integrantes del Tribunal del Protomedicato que ese febrero de 1822 se pronunció sobre la advertencia dada por el Ministerio de Guerra del Perú.

El pronunciamiento de ese Tribunal fue en el siguiente sentido: “Todos unánimes contestaron que aunque en la anterior primavera hubo algunas fiebres acompañadas de síntomas malignos, ni entonces, ni en la presente estación, la hubo o hay otras hasta ahora que las biliosas remitentes o intermitentes propias de ella, sin síntoma ninguno de más de aquellos que las caracterizan, por los que ni son equivocables la fiebre amarilla, ni tienen tendencia, ni hay por donde presumir puedan degenerar en ella. Por tanto, puede reposar tranquilo el ánimo del Excelentísimo Señor Supremo Delegado, cuyo celo y cuidado por la salud pública, debe estar satisfecho y sereno con esta Acta del Tribunal encargado de ella”.

Dicha acta oficial fue firmada, en el siguiente orden, por los médicos: “Miguel Tafur, José Vergara, José Pezet, José Manuel Valdez, Manuel Rubín, José Gregorio Paredes, Esteban Navia, José Vicente Pastrana, Manuel Seguín, José María Dávila, Andrés Gómez, José Eugenio Eyzaguirre, Laureano Lara, Juan Vásquez de Velasco, Manuel Rosas. Ante mí, Gerónimo de Villafuerte, escribano del Tribunal del Proto Medicato”.

Desde varios continentes

El temor a la llegada de la fiebre amarilla, y la posibilidad que se convierta en una epidemia, se basaba en la experiencia de contagio de esta enfermedad en España vista desde el virreinato peruano, y que se propague a través de los puertos con la llegada de barcos procedentes de Europa, África y Asia.  

No obstante, la primera gran epidemia de fiebre amarilla en el Perú ocurrió 32 años después de la clarinada de 1822, es decir en 1854, ya en el gobierno del presidente José Rufino Echenique, quien para más señas en dicho cargo fue precedido y sucedido por Ramón Castilla, uno de los presidentes peruanos más recordados.

Quien en 1822 era el Supremo Delegado de Gobierno, José Bernardo de Tagle (recordado como Torre Tagle), se convirtió en presidente del Perú para el período agosto de 1823-febrero de 1824.

 810 muertos en 1854

El reconocido médico Hermilio Valdizán, investigador del tema, informó que los muertos en la epidemia de 1854 fueron 810 personas (110 niños, 201 mujeres y 367 hombres). La enfermedad, que entró por el Callao, pasó por Lima y llegó hasta Tacna, tuvo como procedencia Centroamérica.

Así como en 1822 se reunió el Tribunal del Protomedicato en Lima por el temor de la llegada internacional de la fiebre amarilla, en 1854 se reunió la Junta Suprema de Sanidad del gobierno de José Rufino Echenique, la cual dio las siguientes recomendaciones: Mayor limpieza y ventilación en las casas, así como prohibición de cocinar y hacer fuego en los mercados y almacenes de víveres. Igualmente, mayor aseo en los camales y otros establecimientos, así como extraer los víveres de mala calidad. Además, no mover por 5 años ningún cadáver del cementerio.

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