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En 1826 Bolívar ya era calificado de “tirano y usurpador” por los peruanos más libertarios de esa época

El intercambio de correspondencia entre el patriota y jurista peruano Manuel Lorenzo Vidaurre con el mismo Bolívar y otros personajes de la independencia americana revelan aspectos desconocidos de un proceso que tuvo muchos cambios, ambiciones y sensibilidades. Descubren que el sobrino del Libertador había sido enviado como ministro plenipotenciario de Colombia al Congreso de Panamá

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMAN

PERÚ BICENTENARIO 18 / 03 / 2020

Ocupación y/o administración virreinal, o con algún otro eufemismo con el que se le quiera denominar, la colonización del Perú por una potencia europea por más de tres siglos dejó a los peruanos sensibles y quizás curados de la posible llegada o instauración de cualquier gobierno extranjero tras proclamar en 1821 su independencia y, en 1824, consolidarla para sí y los países vecinos venciendo ese año a la monarquía española en las batallas de Junín y Ayacucho, ello mientras el libertador Simón Bolívar se encontraba gobernando el territorio peruano (del cual en 1825 se creó un país con su apellido, que luego se llamó y se llama Bolivia).

Tres cartas posteriores a esas batallas de 1824 en territorio peruano, misivas fechadas en 1825 y 1826, dan cuenta que en cuanto a la figura de Bolívar esta ya generaba incertidumbre y rechazo en los digamos ‘nacionalistas’ peruanos, los cuales al conocer las intenciones dictatoriales de dicho libertador, nacido en Caracas, es decir de imponerse como presidente vitalicio del Perú, en complicidad con peruanos digamos ‘anti nacionalistas’, dejaron claro que este ahora histórico personaje de la independencia americana se debía y tenía que marchar del territorio peruano, tal como finalmente ocurrió en setiembre de 1826.

Una de las cartas, de 1825, fue dirigida por Bolívar a quien en ese entonces era Presidente de la Corte Suprema del Perú, el jurista Manuel Lorenzo Vidaurre. Desde el Alto Perú, donde se encontraba, en la misiva el libertador venezolano le expresó así a este patriota peruano:

“Señor Manuel Lorenzo Vidaurre: Mi estimado: En Potosí, la noche de San Simón, tuve el gusto de recibir la estimable carta de usted en que me pregunta si yo permaneceré en el Perú. Diré a usted francamente que mi intención es renunciar a todo el mando en el Perú, dejar a su Congreso general, que se instalará el 10 de febrero precisamente, en la más amplia libertad para sus deliberaciones. Plata, a 11 de noviembre de 1825. Simón Bolívar”.

De este modo, a través de dicha carta Bolívar aseguró “mi intención es renunciar a todo el mando en el Perú”, lo cual finalmente no ocurrió de propia iniciativa.

Desde Panamá

Otra de las cartas, de 1826, año en que del 22 de junio al 15 julio se desarrolló el Congreso de Panamá, a los que acudieron en representación diplomática funcionarios de diversos países para debatir si podían formar una institución que unificara los diversos intereses de los territorios americanos que se habían independizado del colonialismo español.

Por el Perú asistieron como ministros plenipotenciarios el patriota e ideólogo José María de Pando y el jurista Vidaurre, también reconocido ideólogo de la independencia peruana y ya conocido por sus libertarias obras “Cartas americanas” y “Plan del Perú”, documentos redactados en la década de 1810 y publicados en 1823, muy reconocidos por Bolívar y otros contrarios a las monarquías europeas.   

En dicho congreso en Panamá, convocado por Bolívar, no se logró que los países de América formen una confederación para asuntos de interés común, como la defensa ante potencias europeas y, en realidad, de cualquier parte del planeta. Los ideales de unión americanista se truncaron.

A ese congreso en Panamá, Vidaurre llegó seis meses antes de que este se inaugure, tiempo que utilizó para diseñar un plan de propuestas para los países asistentes, y en escribirle a Bolívar una misiva que ha pasado desapercibida en la historia nacional, pero que aquí la presentamos. La carta es de 1826, fechada el 27 de abril, y en ella dicho jurista peruano refirió lo siguiente:

“Panamá, abril 27. Excmo. Señor Simón Bolívar. Mi más respetado Señor: Se me escribe que sin disputa a nuestro Congreso, continuará en Vuestra Excelencia el mando. Si así fuese, ruego a usted que lo admita sujetándose a la Constitución. Nada de potestad sobre las leyes: nada señor… Consecuentemente a mis principios no puedo dar a usted el parabién de ser nueva y unánimemente elegido para la Presidencia de la República de Colombia. Quisiera a Vuestra Excelencia peruano y solo peruano. Recuerde usted que este fue el título con que quise distinguirlo en la historia. Manuel Lorenzo Vidaurre”.

En 1826 Vidaurre dejó así en claro que para él y otros peruanos Bolívar solo podía ser presidente de Perú o de Colombia, pero no de ambos países a la vez, pues si bien el caraqueño tenía el cargo de presidente de Colombia desde el 17 de diciembre de 1819 (el cual mantuvo hasta el 4 de mayo de 1830, año en que murió en la isla de Santa Marta), la presidencia de ese país la ejercía de manera interina el colombiano Francisco de Paula Santander (de octubre de 1819 a febrero de 1827), quien era favorable a dedicarse a arreglar los asuntos internos de su país y no al proyecto bolivariano, con el que discrepaba.

También a 1826 corresponde la siguiente carta de Viadurre, fechada el 23 de junio de ese año, es decir al día siguiente de inaugurado el Congreso de Panamá. La misiva se la dirigió a Francisca Rivera de Vidaurre, a quien le confesó sus preocupaciones de esta manera:  

 “Junio, 23. Señora doña Francisca Rivera de Vidaurre: amada amiga mía: ¡Qué terrible comprometimiento he tenido esta noche! Voy a tomar la cama, me parece que por última vez. Estoy con la fiebre y con los signos de mortal. Convenido de que Bolívar quiere esclavizarnos, repartí a los plenipotenciarios de las demás naciones el discurso que te incluyo. Se me ha insultado en el Congreso con una protesta amenazante. Gual y Briceño, agentes del tirano, no han podido sufrir un catecismo que destruye todos los proyectos de opresión. El segundo había tenido la osadía de hablarme sin embozo de la coronación de su tío político: está casado con sobrina de Bolívar”.

Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez asistieron al Congreso de Panamá como ministros plenipotenciarios de Colombia, Vidaurre al entrar en contacto con ellos pudo conocer información nueva y formarse una opinión de los planes que tenía Bolívar. A ellos los consideró “agentes del tirano”.

El sobrino desconocido

Según el testimonio que aparece en dicha carta de Vidaurre, Briceño era sobrino del Libertador, y fue él quien hablando de su tío Bolívar le replicó en una conversación que ambos sostenían: “Se engaña usted, todo lo sacrificará por un golpe que va a hacer feliz la América meridional: no hay un político más cauto”, le señaló.

Efectivamente, Bolívar era tío de Pedro Briceño Méndez, un general que se había casado con su sobrina Benigna Palacios Bolívar, en Caracas el 15 de octubre de 1825, es decir un año antes del Congreso de Panamá.

En 1826, unos cuatro meses después que terminó el Congreso de Panamá, Vidaurre en una carta fechada el 8 de noviembre que se encuentra en los archivos referidos a sus escritos, llama usurpador a Bolívar, quien en setiembre de ese año antes de marcharse del Perú para siempre había tomado decisiones vistas por los ‘nacionalistas’ peruanos como un atentado contra la seguridad nacional, prácticamente dejando el país indefenso ante el ataque de enemigos.

En el Callao, la fortaleza del Real Felipe hasta enero de ese año se había mantenido en poder de José Rodil, el brigadier español  que desde 1824 estuvo esperando la llegada de ayuda de España para retomar el control del Perú, pues no aceptaba la capitulación del ejército realista aun cuando este fue vencido ese año en la batalla de Ayacucho.

La carta de Vidaurre dice así:  

“Noviembre 8 de 1826. Amado señor mío. Desde el último correo, ¿cuánto se ha avanzado? ¿Con qué descaro el general Bolívar trató de dominar el Perú. Desarmó la fragata “Prueba”, y la puso en un estado que no podrá hacerse a la vela cuando se necesite, con menos gastos que de 80 mil pesos. Quitó toda la artillería de la plaza del Callao, y la principal la convirtió en aduana, para que insensiblemente se fuese destruyendo. Licenció el mayor número de tropas peruanas: retiró a los oficiales beneméritos que se habían distinguido en Junín y Ayacucho. En todo esto se sujetó a las reglas comunes de los usurpadores, todos enseñados por Machiavelo”, refirió el jurista Vidaurre.

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