martes, septiembre 21, 2021
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Vidas y vuelos, del cielo suben y bajan corazones y otros órganos de reemplazo

En lo que va del año, en Argentina ya se efectuaron 885 procesos de donación que permitieron que 1.640 personas en lista de espera recibieran un corazón, un pulmón u otras piezas vitales del cuerpo

Los órganos se mantienen con vida entre cuatro o cinco horas. Foto: Difusión Royal Class vía RT.

Noticias RT en Español.-

PERÚ BICENTENARIO

El celular de Carlos Palacios, piloto de avión desde hace 36 años, está a punto de sonar, aunque él aún no lo sabe: son las tres de la mañana de un martes y duerme profundamente junto a su esposa en su casa de Ituzaingó, provincia de Buenos Aires (Argentina). La parsimonia del hogar se acopla con la tranquilidad de afuera: no hay autos que circulen con ruidos estrambóticos, ni barullos de adolescentes con insomnio. Es una noche apacible de octubre en la zona oeste del Conurbano bonaerense.  

Pero cuando el dispositivo móvil suene desde una mesita a la par de la cama, e ilumine la frente amplia de Carlos, el piloto ya sabrá de quién se trata. Descartará de inmediato números equivocados o familiares en apuros. Atenderá el llamado con voz ronca y confirmará, con el mismo tenor, que irá “en camino” al aeropuerto. Se colocará prolijamente su uniforme de aviación negro e intentará, sin éxito alguno, no despertar a su esposa, que adivinará lo que ocurre desde la cama y con gestos adormecidos le dirá lo de siempre —”suerte”— y le exigirá un beso de despedida en el mismo momento.

El aviador, a esa altura, sabe que por delante no tendrá un vuelo más; que la continuidad de una vida depende del operativo aeronáutico que realice esta noche y que, al finalizar la hazaña, y si es que tuvo éxito, volverá a su casa con el pecho inflado de orgullo. Entonces, a las tres de la mañana, en medio de la oscuridad y el silencio, su celular se ilumina con una llamada: “Carlos, hay que llevar un corazón a la provincia de Córdoba para un trasplante urgente. Tenemos 4 horas”, le ordenan del otro lado.

La tasa más alta

En Argentina, la donación y el traslado de órganos con el fin de realizar trasplantes en diferentes puntos del país está gestionado por el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), que depende de la Secretaría de Salud. El organismo es el máximo responsable de regular la actividad y garantizar su correcto funcionamiento en cada centro médico. 

En lo que va del año, ya se efectuaron 885 procesos de donación que permitieron que 1.640 personas en lista de espera recibieran un corazón, un pulmón u otras piezas vitales del cuerpo. Además, según los propios números del organismo, Argentina alcanzó la tasa de 20 donantes por millón de habitantes, la más alta de la historia del país hasta el momento. Esta cifra, se acerca por primera vez a la del promedio anual de donantes de países pertenecientes a la Unión Europea y también a la de Australia, regiones líderes en este tipo de operaciones médicas.

Pero los envíos, o búsquedas, de órganos urgentes desde un punto a otro del país se llevan a cabo —en su mayoría—, a través de gestiones comerciales con aerolíneas privadas, que no dependen exclusivamente del ente estatal. De esta manera, comandados por pilotos ajenos al sistema de salud público, aunque con gran experiencia en la aviación profesional, los vuelos son coordinados por el INCUCAI y ejecutados por diversas compañías aéreas.

Los vuelos en primera persona

“Saber que le estás llevando vida a otra persona te hace sentir especial”, admite Carlos Palacios, gerente de operaciones de la compañía de vuelos privados Royal Class. La empresa, ubicada en el aeropuerto ‘Jorge Newbery’ de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta con una flota de naves cuyo modelo se asocia a jets privados, que, por su tamaño, suelen alcanzar mayores velocidades que los aviones convencionales. Allí, entre asientos revestidos con un cuero elegante, y con un mini-bar (sin alcohol) en su interior, los órganos son trasladados junto a un equipo médico especializado.

Palacios es el máximo responsable de la seguridad operacional de la empresa y, a su vez, también continúa volando. Por lo general, el servicio es utilizado por ejecutivos de grandes compañías, apresurados por cerrar tratos millonarios. Pero por las noches, los finos portafolios se transforman en pequeñas incubadoras con pulmones, corazones e incluso córneas para los ojos. 

“La carga emotiva es muy alta”, retoma el piloto, “hay una familia que te está esperando a que llegues en la otra punta del país lo más pronto posible. La adrenalina de esa responsabilidad, y lo que se vive en la nave junto a los médicos, hace que cada viaje sea diferente para un piloto”, admite Palacios.

A los 61 años, y con 36 de servicio, el aviador recuerda la primera vez que llevó un órgano del INCUCAI. Era el año 2003 y le tocó trasladar el elemento más sensible del cuerpo humano: el corazón. “Hablaba todo el tiempo con mi copiloto y le decía ‘mirá lo que estamos haciendo. Esto es único'”, rememora el conductor. Y agrega: “Son imágenes que te quedan para toda la vida”.

Pero también, hay postales que Carlos preferiría olvidar: hace unos años, tras recibir un llamado por un traslado urgente, y mientras llegaba con su auto desde su hogar al aeropuerto, su vehículo fue demorado por manifestantes que bloqueaban una calle. Les exigió a los gritos que lo dejaran pasar porque “había una vida en juego”. Pero no hubo caso. “Esa noche no llegué”, cuenta Carlos. 

‘No llegar’, significa que la donación no se llevó a cabo y que el órgano, finalmente, quedó sin destinatario posible. Cada pieza vital, luego de que se extrae del cuerpo, posee solo unas horas de vida útil. El corazón, por ejemplo, tiene cuatro horas para llegar al donante. Los pulmones, como las corneas de ojo, cinco. Con este escenario, la logística cumple un rol central para efectuar con éxito la operación.

“Hay factores externos que pueden ocurrir y superan a todos los equipos que participan en esto”, explica el piloto. “Por suerte, no ocurren con frecuencia y todos los vuelos cumplen su misión”, agrega. Pero hay una escena que a Palacios le gustaría vivir antes de su retiro: compartir un momento con la persona a la que le llevó el trasplante. “No sabemos quiénes son los donantes o los receptores. Tampoco lo preguntamos, pero sería lindo el encuentro”, admite.

“Estos traslados hacen que la muerte tenga sentido”

Miguel Levi, piloto y dueño la empresa Royal Class, ostenta un récord particular: en 2018 realizó el vuelo de INCUCAI más largo de la historia. “Fueron 14 horas, con paradas en el medio. Lo máximo permitido para un conductor”, aclara. Ese vuelo requirió de la participación de equipos médicos especiales que se encontraban en distintas provincias del país, por lo que Levi debió recogerlos primero, antes de buscar el órgano y llevarlos luego hacia el hospital donde se encontraba el donante.

“Cuando te estas aproximando, y venís dentro de las nubes, deseas con un interés particular alcanzar a ver la pista de aterrizaje”, admite el empresario. “La muerte cobra sentido cuando ves a la ambulancia llevarse la incubadora con los médicos desde la pista”, refuerza.

Si eventualmente hay mucho tránsito de aviones al momento de un traslado, una sola palabra le vasta a los controladores aéreos para darle prioridad a las naves de la compañía: INCUCAI. “Se genera una sensación mística. Las miradas son distintas. Todo pasa a ser distinto”, resume Levi.

El piloto afirma que todos los equipos que participan del operativo sienten que no es un vuelo más: “Desde el coordinador que recibe la llamada del INCUCAI pidiendo un traslado, hasta los que preparan la nave en el hangar para el piloto y los médicos, todos ellos lo toman con una responsabilidad diferente”.


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