martes, octubre 19, 2021
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Hacerse el sueco en el Perú, el barón de Nordenflicht y su trabajo en la agonía virreinal

Nacido en Suecia, este ingeniero fue enviado por España para mejorar el rendimiento de las minas en Perú y el Alto Perú y así obtener mayores ingresos para sostener su imperio. Este personaje, que no cumplió sus objetivos según la expectativa de la monarquía, acusó a los realistas de explotar a los indígenas. Sufrió por la falta de pago, fue procesado por la Inquisición por su credo protestante y, ya en los albores de la Independencia, su familia se marchó a Chile, donde la pasó peor

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 27 / 02 / 2020

Son famosas las indistintas visitas de científicos y viajeros de diversos países a lo largo de la historia peruana, quienes a través de sus memorias, informes y libros dejaron testimonio del Perú que conocieron; sin embargo, hay poco registro de la estadía de un personaje llamado a convertirse en el gran reformador de la minería peruana, y que como tal la historia no solo no lo reconoce sino que lo ha registrado como el que envió al retraso a este importante sector productivo, motivando diversas sospechas.

Hablamos del barón de Nordenflicht, Thaddeus von Nordenflicht, ingeniero de minas sueco formado en la Escuela de Minería de Freiberg, quien llegó con otras 13 personas enviadas por Alemania para mejorar la producción minera en esta parte del mundo, previo contrato por diez años con la corona española, la cual buscaba optimizar sus ingresos económicos para seguir sosteniendo financieramente su imperio. Llegó en 1788 por Buenos Aires y permaneció en el Perú y el Alto Perú (hoy Bolivia) hasta finales de 1811, logrando culminar su contrato pero no los objetivos encomendados.

Lo que sí consiguió este personaje fue atravesar diversas peripecias económicas por falta de pago y, por su confesión cristiana protestante, ser procesado en Lima luego que se le encontraron libros prohibidos por la Santa Inquisición, siempre a la caza también de luteranos y judíos en territorio peruano por cuanto estaban a favor de la independencia americana, a veces no solo por motivo de libertad de culto sino también por libertad de comercio.

A dicho barón se le requisaron sus libros de minería en sueco y alemán que le encontraron en su casa de Huancavelica, ello luego que informó que en Charcas los indígenas mineros laboraban en pésimas condiciones y casi en esclavitud, y que ese trato afectaba la capacidad de producción en las minas. Como parte de sus inspecciones, también el sueco visitó las minas de Cajatambo, Cerro de Pasco y Hualgayoc, así como la de azogue en Huancavelica.

En 1789 este minero cristiano protestante estaba ya inspeccionando Potosí, donde se acuñaban miles de monedas de plata, en esa época ya dicha mina estaba bajo la administración del virreinato del Río de la Plata luego que, hasta 1776, había pertenecido al virreinato peruano.

Testigo de excepción

Thaddeus von Nordenflicht fue testigo de la rebeldía indígena y el abuso virreinal, por lo que le tocó vivir los primeros años del movimiento independentista que se gestaba en el Alto Perú y en Lima, donde estaba en contacto con personajes como el jurista, economista y escritor de “El Mercurio Peruano”, José Baquíjano y Carrillo, conde de Vistaflorida.

En 1812 al confirmarse su nombramiento como consejero de Estado, por el Consejo de Regencia de España, y luego de ocupar el cargo de oidor de la Audiencia de Lima, José Baquíjano y Carrillo recibió diversos homenajes y fiestas en su nombre, en las cuales además de entretenerse al ritmo de las orquestas los asistentes recitaron poesías y escucharon las odas y sonetos de diversas personas.

En Lima, el 4 de noviembre de 1796, el barón de Nordenflicht se había casado con María Josefa Cortés de Azúa, con quien tuvo cinco hijos: Pedro, José Dionisio, Francisca, Ludomilia y María Constanza.

Convertida en baronesa por el título de su esposo, María Josefa Cortés de Azúa, quien en Lima vivía también con su prima María Rita de Azúa y Marín de Poveda, empezó a ser llamada la baronesa de Nordenflicht.

En una de las fiestas de despedida a Baquíjano y Carrillo, conocido como el conde de Vistaflorida, fue hecho público este soneto firmado por la baronesa de Nordenflicht, quien según se puede observar fue escrito utilizando el más puro sarcasmo. Aquí lo presentamos:  

“Aunque el averno todo pretendiera / Tu mérito ofuscar, Vista Florida,

La turba de sus mounstruos reunida / Jamás su vana empresa consiguiera;

Aunque ti gran modestia verdadera / Desdeñe la alabanza merecida,

Dejará en todas partes esculpida / Tu memoria la fama vocinglera:

Y mientras los mortales, sus pasiones / Sofoquen al juzgar al hombre fuerte,

Tu nombre llenarán de bendiciones; / Pasando a mil edades de esta suerte

El sublime esplendor de tus acciones / Sobre el imperio mismo de la suerte”.

Una copia de este soneto del siglo XIX se encuentra en los archivos de la Biblioteca Nacional del Perú, mientras los detalles de parte de la presencia de von Nordenflicht se encuentran en los escritos de Anton Helms, minero y fundador que lo acompañó a Sudamérica, al igual que los especialistas alemanes Federico Mothes y Juan Webert.

El trabajo de von Nordenflicht debía consistir en mejorar la explotación y refinamiento de la plata y promover un mejor uso de la amalgama; sin embargo, sus resultados no convencieron a los mineros que financiaron sus investigaciones y estadía así como tampoco al virrey Francisco Gil y Lemos (1790-1796), quien lo había recibido en Lima. Este ingeniero sueco nunca aceptó ser responsable del fracaso del sistema que trajo para modernizar la minería.

El no reconocimiento de Gil y Lemos figura en la memoria de gobierno de este virrey, en la que aun aceptando los grandes conocimientos en minería que poseía el barón sueco, dejó para la posteridad su siguiente conclusión: “el sistema que es útil a la Sajonia no es adaptable al reino del Perú”.

En 1815 la baronesa Nordenflicht enviudó estando en Madrid con su esposo, el ingeniero sueco que trabajó para los reyes de España en representación de los alemanes. En 1818 su hija María Constanza se fue a vivir a Chile, y según los historiadores chilenos se convirtió en amante de un político de ese país, Diego Portales. Detrás de la minería y de la época de la independencia se encuentran estas y otras historias que grafican esa época de cambios.

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