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Un nativo gigante peruano se exhibió en la Plaza de Acho en 1792, Basilio Huaylas y el morbo del público limeño

“Acaba de ser conducido a esta ciudad para servir de espectáculo a sus moradores el martes 1 de mayo en la plaza de Acho”, se anunció en el periódico “El Mercurio Peruano”

Nativo de Castrovirreina, en los andes de Huancavelica, entonces medía más de dos metros de altura, tenía 24 años de edad y pesaba casi 160 kilos

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 24/ 02 / 2020

Ilustración del gigante Pedro Cano. Imagen referencial.

¿Siempre hay placer en lo maravilloso? La respuesta a ello es algo estrictamente personal, la que sí fue multitudinaria es la convocatoria realizada para el 29 de abril de 1792 a fin de que el público, carente de entretenimiento, asista a un espectáculo a la limeña Plaza de Acho. ¿Para qué?

Para la presentación pública de Basilio Huaylas, el gigante de Castrovirreyna, poblado de la región de Huancavelica ubicado a unos 540 kilómetros de distancia de la capital peruana, distancia que actualmente se recorre en casi nueve horas en automóvil (hay que calcular lo que debe haber tomado hacerlo a pie o en carreta y, más aun, para este gigante).

Basilio Huaylas, entonces tenía 24 años de edad, medía más de dos metros de altura y pesaba casi 160 kilos, esto según la convocatoria publicada ese día en “El Mercurio Peruano”. Dicho llamado refleja los criterios de la época para convertir en espectáculo los cambios genéticos y las deformaciones humanas.

Su exhibición estaba programada para dos días después, es decir para el 1 de mayo, en una plaza cuya capacidad de espectadores superaba las diez mil personas (el coso había sido inaugurado el 30 de enero de 1766), la cual aparte de corridas taurinas ahora vemos también servía como recinto para otra clase de ‘espectáculos’.

Ese 1 de mayo de 1792 el Perú era gobernado por el virrey  Francisco Gil de Taboada (1790-1796). Un año antes, en 1791, se había llevado a cabo el censo general del virreinato, dando por resultado a Lima con 52 mil habitantes. Los pobladores de la capital peruana andaban siempre en busca de novedades, y los empresarios lo sabían.

Vale señalar que dicho virrey auspiciaba “El Mercurio Peruano”, publicación que precisamente tuvo su aparición entre 1791 y 1795, es decir durante los años de gestión de este primer funcionario. La publicación era de aparición bisemanal y en ella escribieron grandes intelectuales, hoy personajes históricos como el médico y científico Hipólito Unanue.

Para no defraudar

La información de Basilio Huaylas apareció en el número 138 de dicho impreso, y en ella se lee que “por no defraudar al público del placer de lo maravilloso, le adelantamos al número 135 la noticia de Pedro Cano, y por la misma razón vamos a describirla en el presente a Basilio Huaylas, de enorme corporatura, que acaba de ser conducido a esta ciudad, para servir de espectáculo a sus moradores el martes 1 de mayo en la plaza de Acho”.

Pedro Cano era un gigante nacido en Colombia que fue enviado a España para que lo contemplara el rey Carlos IV, quien luego de ello decidió asignarle una pensión vitalicia hasta que este muriera. Su estatura era de siete pies, cinco pulgadas y tres líneas de Burgos (2,072 metros).

La noticia del hallazgo del gigante Pedro Cano fue también dada a conocer en las páginas de “El Mercurio Peruano”, cuya circulación traspasaba las fronteras peruanas e, incluso, americanas. El gigante colombiano había sido enviado a España por José Manuel de Ezpeleta, virrey de Nueva Granada.

El peruano Basilio Huaylas medía de largo 7 pies castellanos, 2 pulgadas y algunas líneas (más de 2 metros) y, según informó dicha publicación peruana, “la distribución de sus miembros no está proporcionada. De la cintura para arriba son monstruosos. Tiene cerca de una tercia de cara, cinco sesmas en el ancho de la espalda, y tan largos los brazos que, estando de pie derecho, las puntas de los dedos de las manos tocan a las rodillas”.

Las medidas de longitud que aquí citan llamándolas pies de Burgos, y pies castellanos, se utilizaban en el mundo hispano, y son un poco más pequeñas que la medida conocida simplemente como pie, tal como la conocemos ahora. La conversión a la medida de metro permite conocer que la talla de ambos sudamericanos y contemporáneos superaba los dos metros de altura. Del gigante colombiano, sí existen ilustraciones con las que se ha buscado representarlo, y que aquí presentamos.

Dicho todo esto, vale recalcar que esta es una información de más de dos siglos, pues por primera vez apareció publicada en Lima en el número 138 de dicho periódico, fechado el 29 de abril de 1792, y que se encuentra en diversos archivos impresos y digitales.

El artículo descriptivo fue realizado por el médico Hipólito Unanue, quien señaló que, según el conocimiento de los naturalistas del siglo XVIII, eran consideradas de estatura extraordinaria las personas que medían más de cinco pies y algunas pulgadas.

Lea aquí este informe de más de dos siglos de antigüedad.

“Basilio Huaylas, indio natural de la provincia de Castrovirreyna, de 24 años de edad, es casi de la propia estatura que el gigante Pedro Cano. Tiene de largo 7 pies castellanos, 2 pulgadas y algunas líneas. La distribución de sus miembros no está proporcionada. De la cintura para arriba son monstruosos. Tiene cerca de una tercia de cara, cinco sesmas en el ancho de la espalda, y tan largos los brazos que, estando de pie derecho, las puntas de los dedos de las manos tocan a las rodillas.

De la cintura para abajo, se halla un poco desmedrado. La Pierna derecha tiene una pulgada menos de longitud que la izquierda. Cuenta que en su niñez sufrió un golpe en la primera, y que de allí le proviene este defecto. En los gigantes, por lo común, los huesos de las piernas engruesan a proporción; así no pudiendo sostener la grave mole de la caja del cuerpo, se encorvan y debilitan. Por esto, el gigante Macgrat, según testifica Alberto Haller, era estevado y flojo, y el nuestro no tiene cara de ser valiente. No obstante, lo delgado de sus piernas, sus pies pueden apostar con los de Pedro Cano. El peso total de su cuerpo es de 14 ½ arrobas.

Una de las causas porque se duda de la existencia de naciones agigantadas, es porque no bastarían los vegetales a mantenerlas. Para cada individuo una manzana sería una guinda, y un melón, una manzana; así necesitaban tener las rentas del emperador Maximino, cuya comida ordinaria era de 40 libras de carne y 36 azumbres de vino; o que el resto de los pobladores de la Tierra se ocupase en echar guindas a la tarasca, como lo hacían los paisanos de un cierto glotón llamado Albin, que comía sin descansar cien melocotones, diez melones, quinientos higos, y doce docenas y media de ostras.

Huaylas no es de esta clase. Come regularmente y menos que la mayor parte de la infinidad de golosos que habitan esta capital. Es cierto que es indio, y que esta es la gente más parca del universo, cuando se mantiene a su costa. No sabemos lo que será, si se acostumbra a ejecutarlo a la ajena; porque entonces, el indio más pigmeo, suele comer como un gigante.

Hasta ahora no se ha determinado a qué grado de altura debe aplicarse este nombre; pero como por lo común los naturalistas reputan por hombres de gran estatura a los que tienen cinco pies y algunas pulgadas, bien podrá Basilio Huaylas aumentar el número de los gigantes, sin que sea necesario tenga la estatura de Tifón, hijo de Juno, que tocaba con la cabeza en el cielo, con la una mano en el Oriente y con la otra en el Occidente, y de fuerza tan desmedidas, que para oprimirlo, fue necesario le echasen encima todos los promontorios de Sicilia, como lo cantó Ovidio”.

Lima, 29 de abril de 1792.

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