A cambio de sacos de cacao España vendió 40 esclavos africanos al Perú usando fragata de EE.UU. en 1806

A través una Real Orden del 16 de abril de 1798 el rey Carlos IV autorizó al peruano José Antonio de Lavalle y Cortés a comercializar esclavos pagando no solo con cacao sino también con azúcar y algodón

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 2/06/2020

De la milenaria esclavitud y venta de la población negra africana a nivel intercontinental se ha informado casi de todo, pero a continuación veremos un caso de intercambio comercial o de trueque que grafica hasta qué punto llegó el racismo en el siglo XIX, así como el comportamiento de estadounidenses, portugueses, ingleses, españoles y sudamericanos, específicamente de Lima y Buenos Aires.      

El caso en mención fue registrado en un oficio que el virrey Gabriel de Avilés le envió, el 23 de junio de 1806, al ministro de Hacienda de la corte española, Nicolás Ambrosio de Garro, para que este, a su vez, le informe al rey Carlos IV las novedades llegadas al Callao desde Europa.

En ese documento el virrey Avilés señaló al ministro, el que manejaba las finanzas de la monarquía española con los recursos que recibía de los virreinatos en América, lo siguiente:  

“Con el mismo objeto participo también a Vuestra Excelencia, entre tanto remito testimonio del respectivo expediente, haber arribado al Callao la fragata angloamericana “Amelia”, procedente de los Estados Unidos, de donde salió en octubre último, hizo escala en los puertos de Inglaterra, después pasó a los de Lisboa, de donde salió en lastre el 31 de diciembre con el objeto de conducir parte de las cuarenta cargas de cacao que por cada negro bozal introducido en Buenos Aires concedió su Majestad al conde de Premio Real, en Real Orden de 16 de abril de 1798, cuya expedición se verifica a pesar de los reparos que me hizo concebir su contenido, según lo reconocerá Vuestra Excelencia a su tiempo por las providencias que he expedido que los interesados han allanado con exposiciones que aunque no satisfacen completamente mi ánimo me ha sido forzoso condescender con sus deseos porque el Fiscal de Real Hacienda a quien di vista, las halla fundadas y me resultarían cargos de daños y perjuicios de la mayor consideración en la residencia”.

El conde de Premio Real era nada menos que el comerciante peruano José Antonio de Lavalle y Cortés, uno de los mayores esclavistas en el virreinato del Perú en el siglo XIX, y según el documento del virrey Avilés fue este quien debía entregar cuarenta cargas de cacao por cada negro bozal que los traficantes enviaron a bordo de “Amelia”, la fragata angloamericana (estadounidense) que hizo su recorrido desde los Estados Unidos a Buenos Aires, pasando por Inglaterra y Lisboa (Portugal), territorios todos involucrados con la esclavitud de africanos.

Vale precisar que la carga de cacao era una medida variable, pues dependía de la cantidad de este fruto que un indígena podía cargar en sacos, y para este caso los traficantes establecieron que se pagara 40 cargas por cada persona convertida en esclava.

Premio por ayudar a vencer a Túpac Amaru

José Antonio de Lavalle y Cortés fue el primero en obtener el recién creado título nobiliario de conde de Premio Real, el mismo que el 14 de enero de 1782 le fue concedido por el rey Carlos III por haber colaborado con recursos económicos para el sofoco de la sublevación que, dos años antes, había iniciado en el Cusco José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II.

Este peruano, que nació en Trujillo en 1734, en 1779 había sido alcalde de Lima, y en 1797, es decir un año antes del trueque de africanos por cacao, introdujo al Perú 240 negros a bordo de su fragata “La Rosa”, previa combinación con su socio en Buenos Aires, Bruno Pereira.

Para comercializar esclavos, Lavalle y Cortés contaba con una licencia que se le otorgó en Cádiz (España). De 1795 a 1817, al igual que otros peruanos y españoles, estuvo autorizado a pagar con azúcar, cacao y algodón, entre otros productos agrícolas, así como comprar y revender esclavos intercambiando telas de raso.

Desde el Virreinato de La Plata al Virreinato del Perú, la mayoría de los historiadores calcula un tráfico de cerca de cien mil hombres y mujeres traídos al Nuevo Continente en las condiciones más infrahumanas imaginadas.

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