Los primeros congresistas enfermos, reporte de tres casos desconocidos de cuando falló la inmunidad

Este es un fragmento que ha pasado desapercibido en la historia nacional: los tres primeros diputados peruanos reportados mal de salud e impedidos de trabajar por diversos males

Hace dos siglos, en tres reuniones secretas, se vieron los casos de los congresistas Pastor, Paredes y Crespo, quienes formaron parte del Primer Congreso Constituyente del Perú que se instaló en 1822. Aquí puedes leer la transcripción de las actas con el reporte de sus dolencias

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 11/04/2020

Estas actas de tres sesiones secretas sostenidas por los primeros congresistas que tuvo el Perú muestran que desde 1822 los parlamentarios, naturalmente, no eran inmunes a las enfermedades sino que, al catalogar así dichas reuniones, evidenciaron su temor a la difusión de noticias que alarmaran a la población en caso este poder del Estado dejaba de funcionar justo cuando legislaba cómo debía regirse la vida de los peruanos en la naciente república peruana luego de tres siglos de régimen virreinal español.

Los primeros congresistas de la historia del Perú republicano fueron aquellos que integraron el Primer Congreso Constituyente del Perú, el cual se instaló el 20 de setiembre de 1822 con 79 diputados elegidos (38 suplentes). Su primer presidente fue el diputado Francisco Javier de Luna Pizarro Pacheco.

Estas tres actas corresponden a las sesiones secretas de dicho Congreso de los días 31 de mayo, 7 y 11 de junio de 1823, año en que el presidente del Perú era José Bernardo de Tagle (conocido en la historia como Torre Tagle).

Fiebre biliosa y ni para la curación

El primer diputado en reportarse enfermo fue Javier Pastor, quien informó “estar achacoso de fiebre biliosa” y, por lo tanto, pedía licencia laboral pues no existía la posibilidad de renuncia al cargo.

El segundo diputado fue Francisco Paredes, quien habiendo ya estado de licencia por mal estado de salud informó al Congreso que “padecía de una enfermedad que lo tenía postrado”, por lo que vaticinaba que necesitaría unos días más de descanso.

El tercero en reportarse enfermo fue el diputado Alejandro Crespo, quien informó que se encontraba en cama “atacado de una prolija enfermedad” por lo que los gastos para su curación no alcanzaban “de su corto sueldo de 80 pesos mensuales (que) había dejado en Trujillo para el pago de su casa”.

A continuación, presentamos en exclusiva la transcripción de estas tres actas para conocimiento del lector, las cuales se encuentran archivadas en publicaciones de la Biblioteca Nacional.

El acta número 1 dice:

La primera acta es de la sesión secreta del 31 de mayo, que a la letra dice: “Se concedió permiso al señor Arguedas para que pueda medicinarse de los actuales achaques de que adolece. Se leyó el dictamen de la Comisión de Poderes, sobre la representación del señor Pastor excusándose de continuar su asistencia al Congreso por su notoria falta de salud: opinaba, que declarándose por ahora no haber lugar a la admisión de la renuncia que hace del cargo de diputado, se le otorgue la licencia que necesita, si acaso aún se halla achacoso con las reliquias de la fiebre biliosa de que fue atacado. Fue aprobado”.

El acta número 2 dice:

La segunda acta corresponde a la sesión secreta del 7 de junio, en la cual se consignó lo siguiente: “Se leyó el oficio del Señor Francisco Paredes, dirigido al Soberano Congreso, en que expone que hallándose próximo a expirar el término de la licencia que le fue concedida, ha sido atacada su salud de una enfermedad que lo tiene postrado e incapaz de emprender su regreso, ni aun designar el tiempo que necesita para su restablecimiento, por lo cual esperaba de la benignidad de la Soberanía, no extrañarse su falta aunque exceda del término que le tenía prefijado. El Congreso quedó enterado”.

El acta número 3 dice:

La tercera acta es de la sesión secreta del 11 de junio, en la cual se manifestó el siguiente texto: “Se leyó el recurso del diputado Crespo, en que expone haberse hallado atacado de una prolija enfermedad que lo redujo a la cama, haciendo crecidos e inevitables gastos para su curación, que de su corto sueldo de 80 pesos mensuales había dejado en Trujillo para el pago de su casa y subsistencia de sus domésticos, y los restantes los destinaba para sostenerse en la Capital con la mayor escasez”.

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