Los virreyes del Perú también piden aumento de sueldo y exoneración de impuestos, el caso de O’Higgins en 1800

Histórico documento de más de dos siglos permite conocer los privilegios de quienes ejercieron la más alta autoridad en el Perú, incluso en época de crisis y guerra. Aquí lo presentamos en exclusiva

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 30/05/2020

O'Higgins.

Hasta donde ahora se puede conocer, fueron cuatro los virreyes del Perú que tuvieron el privilegio que la monarquía española los exonere del impuesto denominado ‘media annata’ para, así, aumentarles el sueldo y mantenerlos ocupando el cargo y operativos desde Lima, la capital del virreinato.

Bernardo O’Higgins, quien ocupó el cargo de virrey de 1796 a 1801, conoció los antecedentes de los hechos y consideró que a él también le correspondía dicha exoneración y, como pasaron tres años y desde España no le decían nada, envió un pliego de reclamos al ministro de Hacienda de la corte, Nicolás Ambrosio de Garro, para que este, a su vez, tramite su solicitud ante el rey Carlos IV.

Los argumentos esgrimidos por el virrey O’Higgins el 23 de abril de 1800, en su solicitud fechada en Lima, fueron los siguientes:

“Advirtiendo que en este miserable estado de mis sueldos influía esencialmente el descuento de la media annata que yo ignoraba, creí que no me quedaba otro recurso que implorar a su Majestad la gracia de ella, que los propios ministros me aseguraron haber obtenido mis antecesores don Manuel Guirior, Agustín de Jáuregui, el caballero de Croix y don Francisco Gil por reales ordenes de 14 de febrero de 1777, 23 de mayo de 1783, 19 de setiembre de 1783, y 23 de marzo de 1789”.

Sin dudas ni reparos, el virrey que postuló para ser el quinto exonerado de dicho impuesto, continuó fundamentando: “Por todo esto me parece que teniendo Vuestra Excelencia la bondad de instruir el real ánimo del rey de todas estas ocurrencias, debo esperar se sirva mandar que se me haga el abono de sueldo de Virrey sin el descuento enunciado de la media annata. Yo agradecería esto sobre todo a Su Majestad porque así también me excusaría el menos aire que sería para mí no hacerme extensiva una gracia que han merecido sin excepción mis inmediatos antecesores”.

De este modo, O’Higgins solicitó la exoneración de dicho impuesto, con el cual se gravaba los cargos públicos o de confianza designados por los miembros de la corona, es decir el funcionario estaba obligado a pagar la mitad de los emolumentos correspondientes al primer año y, en este caso, el virrey llevaba tres años en el Perú y le seguían descontando.

Tenía una familia que mantener

Otros argumentos presentados estuvieron relacionados a lo caro que resultaba vivir en Lima por la crisis de la guerra entre España e Inglaterra, a lo que O’Higgins se refirió de esta manera:  

“Apenas habían pasado tres meses después de mi arribo a este destino, que se declaró la guerra a los ingleses y se alteró aquí el precio a todas las cosas hasta el punto que se ha expresado con motivo de otras ocurrencias, y me empeñé en los gastos de que necesitaba una pobre y dilatada familia que venía de Chile y era forzoso se presentase aquí (en Lima) con más decencia… El precio de las cosas ha crecido hasta doscientos por cien y han significado y han significado otro tanto menos los sueldos del virrey”.  

O’Higgins, marqués de Osorno, le recordó al ministro de Hacienda español que él procedía de haber trabajado en Chile para dicha corona europea y que, a diferencia de los virreyes que lo antecedieron, que llegaron a Lima desde Madrid u otros puntos de América, “yo no sé si alguno podrá compararse con el casi interrumpido que yo hice en Chile los ocho años que serví aquella capitanía general, y desde donde pasé inmediatamente a este Virreinato”.

Preocupado por su situación, O’Higgins advirtió al rey que estaba a punto de vivir prestado, o empeñado, que fue como lo expresó. Así está puesto en su documento:

“Lo barato de aquel país (Chile) me facilitó sostenerme en el él sin hacer un considerable empeño que pagado aquí ya, pero en el Perú ni me sería esto posible en las actuales circunstancias, ni creo que dejaría de ser sensible a Su Majestad que se viera por la primera vez un Virrey empeñado”.

Manifestó O’Higgins cómo se enteró de la precariedad de su economía en suelo peruano:

“Mi mayordomo me manifestó, pocos días ha, el ajuste que por sus recibos había hecho de mis sueldos en esta Tesorería (de Lima), y por él me instruí del escaso o ninguno haber que resultaba a favor de estos después de tres años y diez meses que ha sirvo este empleo, y que por todo yo me encuentro tan pobre como entré en él porque los gastos de esta casa habían absorbido todo el líquido que los ministros de Hacienda reconocían en mi favor. Su cuenta era exacta y yo no tenía de quién quejarme, sino era de mí mismo, por cuya orden se había gastado”.

Lima, 23 de abril de 1800. El Marqués de Osorno”.

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