En 1853 en su mensaje de Fiestas Patrias el presidente Echenique denunció que las epidemias ya diezmaban a cientos de peruanos

En el mensaje de 28 de julio de 1853, en el Congreso de la República, el mandatario pidió ley para que los médicos vayan de Lima a las provincias a atender a los enfermos. La viruela castigaba a la población. Al año siguiente, por fiebre amarilla, se registraron más de 800 muertes

En 1854 el Gobierno ordenó: “Mayor limpieza y ventilación en las casas, así como prohibición de cocinar y hacer fuego en los mercados y almacenes de víveres. Mayor aseo en los camales y otros establecimientos, así como extraer los víveres de mala calidad. No mover por 5 años ningún cadáver del cementerio”

Investigación ÍTALO SIFUENTES ALEMÁN

PERÚ BICENTENARIO 31/05/2020

Óleo de Ignacio Merino.

Entre 1853 y 1854 las epidemias no dieron tregua a la naciente república peruana, y fueron tan graves que motivó que el entonces mandatario José Rufino Echenique, en plena celebraciones de las Fiestas Patrias, incluya en el tradicional mensaje presidencial al Congreso de la República un balance de la salud de los peruanos así como de la situación de la atención médica pública y la de los propios doctores al servicio de la patria.   

El mensaje, aquí recuperado para las nuevas generaciones, fue dirigido al pleno del Congreso el 28 de julio de 1853 y, a través de este, el presidente Echenique invocó a la representación nacional a tomar cartas en diversos asuntos, en particular respecto a las víctimas que ya se contaban por cientos a nivel nacional como consecuencia de la viruela.

Empezó Echenique ese día su alocución en los siguientes términos:

“Señores del Senado y de la Cámara de Diputados. Al presentarme ante vosotros en este augusto lugar, siento la más grata satisfacción, porque veo acercarse la hora en que vuestro patriotismo y sabiduría van a realizar las mejoras que los pueblos necesitan; y porque vuestra reunión, en este día clásico de la patria, prueba al mundo que el Perú sigue imperturbable, y bajo pacíficos auspicios, su marcha constitucional”.

Ese día el mandatario peruano prosiguió:

“Bien sabéis, señores, hasta qué punto alcanzan las defunciones en los pueblos, en que, a la falta de goces inocentes y de medios de comodidad, se une la de facultativos que conjuren con su ciencia y sus consejos las frecuentes epidemias, especialmente la viruela que diezma, en el cambio de estaciones, nuestra hermosa juventud”.

De este modo, el mandatario manifestó la preocupación del Gobierno por cuanto la gente se moría de viruela, una enfermedad aún indomable por los incipientes avances de la ciencia y las tecnologías, preocupación que también incluyó dar cuenta de la falta de “medios de comodidad”, es decir de infraestructura, así como de la falta de “facultativos que conjuren con su ciencia” los males que afectaban a la población.

Echenique en ese mensaje por Fiestas Patrias, continuó presentando el panorama diciendo que:

“También es de lamentarse que, habiendo un Colegio de Medicina, a cuyo fomento concurre, por distintos medios, la generalidad de los ciudadanos porque los costea el Estado y se hallan dotadas becas para todos los departamentos, falta una ley que obligue, a los que allí concluyen sus estudios, a ejercer su profesión por tiempo determinado en sus departamentos o provincias. Dictadla, señores, en obsequio a la humanidad, para que las epidemias, libres de vigilancia médica, no aumenten el número de sus víctimas”.

A través de este pedido, Echenique puso en evidencia la necesidad de una ley que determine el servicio rural y urbano en salud a cargo de los profesionales que culminaban su formación con el respaldo del Colegio de Medicina y, con ello, que las epidemias no estén “libres de vigilancia médica”. Urgía el desplazamiento de médicos para atender en las provincias.

Epidemia de fiebre amarilla

No solo la viruela sino también la fiebre amarilla asoló el Perú en sus primeros años de la independencia. En 1854 esta última enfermedad produjo una epidemia que quitó la vida a 810 personas (110 niños, 201 mujeres y 367 hombres). Procedente de Centroamérica, había ingresado por el puerto del Callao, pasó por Lima y llegó hasta Tacna.

Ello motivó que en dicho año se reúna la Junta Suprema de Sanidad del gobierno de Echenique, la cual dio las siguientes recomendaciones para enfrentar la fiebre amarilla:

Disposición de la Junta Suprema de Sanidad del Gobierno, 1854:

“Mayor limpieza y ventilación en las casas, así como prohibición de cocinar y hacer fuego en los mercados y almacenes de víveres. Igualmente, mayor aseo en los camales y otros establecimientos, así como extraer los víveres de mala calidad. Además, no mover por 5 años ningún cadáver del cementerio”

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